Es como una de esas películas en que siempre muere primero la pareja de adolescentes que se besuquea a medio desnudar en el bosque. Por mucho que parezca que Jason o Freddie están muertos, reaparecen para recordarte lo que hiciste en el último verano. Hillary V, Regreso a los Francotiradores de Sarajevo ya está en los carteles cara al fin de semana de Acción de Gracias, con la ABC y otros medios informando de que el acuerdo entre Barack Obama y Hillary Clinton está muy cercano para que la senadora por Nueva York se convierta en la nueva secretaria de Estado, sustituyendo a Condoleezza Rice.

Los cuatro actos de la saga Hillary (si nos olvidamos de las precuelas que tanto éxito tuvieron en los 90 y que la llevaron a la fama mundial) se han sucedido a lo largo del año. Hillary I. La candidata inevitable (o no) nos contó la historia de una senadora que, contra todo pronóstico, perdió virtualmente entre enero y marzo la candidatura demócrata a la presidencia de EEUU. Hillary II. Dura de roer narraba cómo la tozuda exprimera dama combatió hasta la última votación del último estado negándose a aceptar que el juego ya había acabado. Hillary III. Los 18 millones de grietas en el tejado de cristal se desarrolló en Washington, arrancaba con un emocionante discurso y acababa con la historia de la vicepresidencia que nunca fue. Hillary IV. La reina de Denver tuvo un argumento casi minimalista, y se centró únicamente en Denver, donde se convirtió en la protagonista de tres de los cuatro días de convención demócrata con una gran actuación el día de la votación de las delegaciones. Y ahora llega a nuestros carteles, en un momento en que muchos pensaban que la saga ya había agotado su capacidad de sorpresa, Hillary V.

Por mucho que le doy vueltas, no acabo de entender por qué el equipo de Obama le ha dado una vuelta de tuerca más al personaje de Hillary y ha pensado en ella como secretaria de Estado. Conozco los argumentos a favor: experiencia, una cara conocida en todo el mundo, el recuerdo (edulcorado por lo que vino después) de los ocho años de su marido, la ventaja de formar equipo contando con enemigos... También sé los argumentos en contra: los potenciales conflictos de intereses con las actividades de Bill; que votó a favor de la guerra de Irak; que difícilmente tanto Clinton (y más Clinton que Hillary sólo existe Bill, porque Chelsea no está aún disponible) en el equipo de Obama desmiente su discurso de cambio; que una personalidad tan fuerte en el Gobierno sólo puede causar problemas; que a Bill no lo controla ni su mujer, como se vio en las primarias...

Puesto todo en una balanza, Hillary puede salir ganando. Su capacidad es obvia. Su carácter político, también. Pero hay mucha gente válida que puede ser secretario de Estado. Obama no tenía ninguna necesidad de contar con ella. No sirve en esta ocasión eso de que mejor tenerla dentro que fuera. En el Senado Hillary se hubiera buscado la vida en su carrera política, y eso ahora significa estar con Obama. Insisto: no veo qué gana el presidente electo incorporándola en su equipo. A no ser que Hillary sea el tipo de política exterior que Obama quiere llevar a cabo.

Hablemos, pues de política exterior, dejando de lado si Obama gana o pierde. Hillary es una halcón sobrevenida del Partido Demócrata. En los 90, ella (y no su marido) era la gran bicha de los conservadores, a causa de su plan de sanidad. Fue ella la que habló de la conspiración conservadora contra Bill. Cuando decidió dar el salto a la política por sí misma, eligió Nueva York y se compró una casa allí para tener unas raíces en el estado. Ganó, empezando a centrar sus posiciones políticas. Pero el gran giro llegó con el 11-S. Consciente de que en política interior podía centrarse pero tampoco mucho, la política exterior le brindó una gran oportunidad. Se convirtió aún en más pro-israelí de lo que ya de por sí era, como tantos otros se alineó con la administración Bush, defendió políticas como la Patriot Act (a favor de la cual votó) con el argumento de la seguridad, y todo ello la llevó como consecuencia lógica a votar a favor de la guerra de Irak. Entre el 2000 y el 2004, ningún político con ambiciones (y Hillary lo era) podía hacer otra cosa. A partir del 2004, la cosa cambió. Y ningún político con ambiciones (y Hillary lo era) podía seguir votando con George Bush ni siquiera en nombre del patriotismo. Y empezó a virar, y se acabó poniendo a la guerra, aunque nunca pidió disculpas, como sí hizo John Edwards, por votar a favor en su momento. En noviembre del 2007, durante un debate de las primarias demócratas, dijo que la seguridad nacional está por encima de los derechos humanos. En las primarias ridiculizó la postura de Obama de negociar con Irán. Henry Kissinger ha dicho que sería una gran secretaria de Estado.

El otro gran candidato a secretario de Estado se dice que es Bill Richardson, el gobernador de Nuevo México. Richardson, de origen hispano, trabajó con Bill Clinton entre otros cargos como embajador ante la ONU. Su amistad con el expresidente se rompió durante las primarias, cuando dio públicamente su apoyo a Obama en un momento especialmente caliente ante la indisimulada ira del matrimonio Clinton. El mismo Richardson ha admitido que su relación con Bill (cuyo antiguo gurú electoral llamó a Richardson "Judas") ya no ha vuelto a ser la misma. En política exterior, Richardson se ha mostrado partidario de la diplomacia, del papel de la ONU y fue el más contundente de sus colegas en las primarias (incluido Obama) al decir que él no dejaría ni una sola tropa en Irak. Y ante la misma pregunta en ese debate de noviembre del 2007, contestó que los derechos humanos están por delante de la seguridad nacional.

Es muy llamativo (y preocupante) que Obama valore a dos perfiles tan diferentes para llevar a cabo la misma política exterior que se supone que el presidente electo tiene en mente.

Por cierto, a la pregunta de los derechos humanos y la seguridad nacional en ese debate de hace ahora un año, Obama respondió: "Tanto la seguridad nacional como los derechos humanos pueden ser protegidos".

PD. Si al final Richardson no es secretario de Estado porque lo es Hillary, podríamos tener una nueva película en cartel. Richardson: Roma no paga a traidores. Sería muy significativo respecto Obama...