Seguro que George Bush no lo sabe, pero en algo coincide con el vicepresidente del Gobierno español, Pedro Solbes: uno no se sienta a tomar café y refunda el sistema capitalista. Tanto se está esforzando la Casa Blanca en restar expectativas a la cumbre de este sábado en Washington que luego pasa lo que pasa: que en el briefing de background que hoy se ha celebrado, muchas de las preguntas fueron sobre cuál será el papel del equipo de Barack Obama en la cumbre y no sobre la cumbre de por sí.

La cumbre se está presentando como un pulso entre unos países europeos y emergentes deseosos de adaptar las reglas del juego financiero a las nuevas realidades (entre otras, que los tiempos en que el dólar marcaba el camino a seguir se han acabado) y un EEUU que habla de reforma y no de revolución. En ese briefing al que me refería, la administración Bush ha marcado su lista de objetivos: acordar los puntos en común para nuevas reglas y los principios en común para la reforma; ponerse de acuerdo en los motivos por los que se ha llegado a la crisis, ver qué pasos inmediatos pueden tomarse y, sobre todo, reafirmar el compromiso con los principios del libre mercado, libre comercio y liberalización, al margen de comprometerse a evitar el proteccionismo y el subsidio de sectores económicos (algo más fácil de decir que de hacer, como la política agraria de la UE demuestra). Por eso, entre otras cosas, Bush se opone a salvar de la bancarrota con dinero público a los Tres Grandes de Detroit (General Motors, Chrysler y Ford). Reforma (tranquila), no refundación. Ese es el mensaje de la Casa Blanca.

Igual que en los tiempos mozos de esta administración se negaban razones perversas en la construcción del casus belli contra Irak, ahora se sostiene que no es cierta la imagen de que EEUU quiere maquillar, pero no cambiar substancialmente, el sistema financiero tal y como lo conocemos. Con menos vehemencia, es cierto, porque la deuda pública es la que es; la consolidación del euro como moneda internacional es la que es; el crecimiento de China (y su condición de acreedor de gran parte de esa deuda) es el que es.... Así que sí, en voz alta se defiende que EEUU ha dado ejemplos de estar dispuesto a una reforma, y en voz baja se lamentan y se critican las expectativas desatadas desde París, se abomina de la etiqueta de nuevo Bretton Woods, se niega la viabilidad de un gran órgano internacional regulador y se descarta con media sonrisa la idea de que EEUU supedite su política monetaria a una organización internacional. La Reserva Federal, se recuerda, es independiente incluso del propio Departamento del Tesoro. Una cosa es coordinarse con otros bancos centrales en momentos puntuales. Otra cosa es depender de un banco central-ONU.

Todo el mundo sabe que Bush se va. Casi todo el mundo lo culpa a él del fiasco. Pero es engañoso pensar que por ello la posición de EEUU está debilitada. Este no es un país en el que las cosas trascendentales den giros de 180º por un cambio de inquilino en la Casa Blanca. Y se me ocurren pocos asuntos más trascendentales que este  (Kyoto no me vale, porque entonces no se consideraba el cambio climático un asunto trascendental). Es significativo el silencio de Obama en este asunto. O más que silencio (su equipo, según la Casa Blanca, está en permanente coordinación con la actual administración en lo que a preparativos de la cumbre se refiere y estará presente en la reunión), su decisión de no aparecer en la foto. Hay algo de respeto institucional en esta decisión (sí, eso de que EEUU sólo tiene un presidente al mismo tiempo) pero también una voluntad premeditada de no mojarse en exceso. De Obama sabemos que discrepa de Bush en casi todo. Y, sin embargo, más allá de sus discrepancias en qué hacer con los fabricantes de coches y la necesidad de un paquete urgente de estímulo económico (sobre todo fiscal), no se le conoce al demócrata una crítica a la forma con la que Bush está gestionando la crisis (sí a la hora de culparlo a él y su partido de ella).

Y es que hay algunas cosas que en EEUU no gustan. No gusta que se le señale como único responsable de la crisis; no gusta que se critique su decisión de no salvar Lehman Brothers; no gusta que se diga que se está yendo a remolque de las decisiones tomadas en Europa, sobre todo de Gordon Brown (aunque hoy mismo Henry Paulson ha dicho que ya no se va a comprar deuda tóxica...).

Y, sobre todo, no gusta la sensación de que países europeos y emergentes se han tomado esta cumbre y, en general, el proceso de reforma de las reglas del juego financieras como una oportunidad para minar la condición de EEUU como única superpotencia. Al fin y al cabo, Bretton Woods fue una piedra angular de la eclosión de EEUU como superpotencia tras la segunda guerra mundial. Un segundo Bretton Woods, por definición, serviría para revocar esa condición en el ámbito económico. Y no es algo que EEUU, con Bush o con Obama, vaya a aceptar fácilmente.

Obama, no lo olvidemos, es el que habló de un "nuevo amanecer de liderazgo americano". Es el que quiere recuperar su propia economía porque un país que no tiene un bolsillo fuerte no puede aspirar a liderar nada. Así que su no presencia en la cumbre puede interpretarse como su primer acto presidencial. La postura estadounidense que salga de ella no será sólo la postura de Bush, sino la de EEUU, y así lo entiende Obama. Así que más allá de los principios de los que habla la Casa Blanca, difícilmente puede esperarse mucho más del encuentro de Washington. Este es un camino mucho más largo que este sábado tan sólo empieza. Hoy se trata con Bush; mañana con Obama; siempre con EEUU. "¿No es esta una cumbre muy arriesgada en la que, si las cosas no van bien, tanto Bush como Obama pueden ser vistos como perdedores?" ha sido la primera pregunta de los periodistas en el briefing de la Casa Blanca.

Sí, uno no refunda el capitalismo tomándose un café, ya sea su interlocutor Bush u Obama.