viernes, 07 de noviembre de 2008 4:51
Joan Cañete Bayle
Escépticos y esperanzados
Los numerosos comentarios del hilo anterior son un reflejo de dos emociones encontradas que ha desatado la elección de Barack Obama. A un lado están los esperanzados, aquellos ilusionados por su elección, que creen que un líder como él es necesario para intentar, al menos intentar, hacer las cosas diferentes y mejorar tantas y tantas cosas que van mal no sólo en EEUU sino en el resto del mundo. Al otro se alinean los escépticos, los que o bien no se creen a Obama, o bien consideran que el margen de acción de un líder, aunque sea presidente de EEUU, está limitado por la realidad y todos los agentes que la construyen, o bien piensan que la magnitud de los problemas (internos y externos) a los que se enfrentará el nuevo presidente es tal que nadie sería capaz de solucionarlos. Incluso aceptando que Obama parece un tipo inteligente y preparado.
Los escépticos, como dice el tópico, se consideran optimistas bien informados. Los esperanzados responden que hasta el momento Obama les ha dado la razón: ganó las primarias a Hillary Clinton y le ha ganado la presidencia a John McCain. Los escépticos dudaban de que EEUU eligiera a un negro, de la participación de los jóvenes, de la habilidad de Obama para convencer a los hispanos, de su capacidad para resistir una campaña republicana con gente en su armario como el reverendo Jeremiah Wright... (quien, por cierto, hoy ha abandonado su retiro para culpar a la prensa de su amistad rota con el ya presidente). Los esperanzados van ganando por el momento 2-0, y por eso piden tiempo para que Obama demuestre lo que es capaz de hacer antes de empezar a criticarlo.
Los famosos 100 días de gracia, vamos. Es una petición razonable. Pero esto no significa que cualquier cosa que haga desde ahora hasta que se cumplan esos 100 días deba aceptarse como palabra revelada. Por ejemplo: hoy su campaña ha hecho pública la lista de los nombres que forman parte de su consejo asesor en economía. Muchos de ellos (no todos, uno de los asesores es el billonario Warren Buffett), incluidos algunos de los nombres que suenan para ocupar el departamento del Tesoro, son veteranos de la época de Bill Clinton (como también lo es Rahm Emanuel, su nuevo jefe de Gabinete, conocido por su agresividad partidista y primer gran nombramiento oficial a la espera de que, tal vez hoy, sepamos la identidad del secretario del Tesoro). Tirar de soldados de las guerras de Clinton, como Emanuel, no parece cambiar demasiadas cosas. Estoy seguro de que habrá otras caras, y creo que probablemente algún republicano estará en el equipo de Obama. Pero tanto clintonista --que es lo que tenemos por ahora-- suena a política partidista de toda la vida. Si fuera Hillary la presidenta, estaríamos hablando de seguimiento de su marido y preguntándonos si tiene personalidad propia.
Se le pueden dar 100 días a Obama, pero no creo que sea conveniente dar cartas blancas a ningún político y menos a un presidente de EEUU, aunque aún sea electo. Ilusión y esperanza son encomiables sentimientos, pero no pienso que emociones y política casen bien. A un cargo electo se le tiene que juzgar por la vara de medir que va de lo que ha prometido/propuesto para llegar a ese cargo a sus hechos una vez lo ha logrado. No hay nada malo en contar con clintonistas. Y menos en economía, al fin y al cabo esa fue una buena época. Además, es difícil encontrar figuras en el Partido Demócrata que no estén vinculados con esos ocho años y Obama no tiene ninguna obligación de contar con el Partido Republicano o con conservadores o con independientes... salvo porque así dijo que iba a hacerlo. Por eso este primer paso, admito que casi insignificante, es el que es. En este tema, y en todos los demás, las exigencias son tan altas porque él mismo las ha planteado de esta forma. Por eso cuando miembros de su equipo dicen que hay que dar tiempo al cambio, como si fuera un invitado que llega tarde a cenar, dan la sensación de que se están poniendo la venda antes de la herida.
En este caso, además, Obama está jugando con un material muy sensible: la ilusión de millones de personas en todo el mundo. Y precisamente por eso hay que mantenerse extremadamente alerta. Si Obama fracasa, los ahora esperanzados pueden convertirse en unos cínicos del sistema político, y al final el remedio habrá sido mucho peor que la enfermedad. Sólo por eso hay que desearle lo mejor. Pero no a ciegas. Así que vale, de acuerdo, 100 días. En el ejemplo de los clintonistas, valoraremos en serio su voluntad de ser un presidente bipartidista cuando sepamos la composición completa de su Gobierno y, sobre todo, cuando conozcamos su estilo de gobernar, no ahora. Pero hasta que podamos hacer balances de algún tipo, no está de más estar alerta. Hasta ahora el listón lo ha puesto él. Ahora toca que se lo pongan a él los ciudadanos (los que lo votaron y los que no), los miembros de ambos partidos y la prensa. Es sano que sea así.
PD1. Uno de los colectivos al que Obama parece emperrado en privar de sus ansias de tener esperanza es a los defensores de los derechos de los palestinos. Si su primer discurso tras ganar las primarias fue en el lobi israelí AIPAC para decir que Jerusalén es la capital unida e indivisible de Israel, su primer nombramiento ha sido el de Emanuel. Su nuevo jefe de gabinete es hijo de un miembro del Irgun, fue voluntario del Ejército israelí durante la guerra del Golfo de 1991, es uno de los congresistas de línea más dura a favor de Israel (lo cual ya es mucho decir en el Congreso de EEUU) y en el 2003 envió una carta a George Bush en la que le reprochaba no apoyar lo suficiente al Estado hebreo. Sí, a George Bush.
PD2. La cadena Fox, que no es sospechosa precisamente de ser desafecta a la causa, ha informado, citando fuentes anónimas de la campaña de McCain, que Sarah Palin pensaba que África es un país y no un continente y que no sabía qué tres países forman el tratado de libre comercio de América del Norte (a pesar de que Alaska forma parte de uno de ellos y tiene frontera con el otro). Este artículo de The New York Times explica más trapos sucios contra Palin filtrados por sus compañeros de campaña. Es evidente que en la guerra ideológica en ciernes dentro del Partido Republicano, hay quienes ya han elegido a Palin como cabeza de turco del desastre.
PD3: Como comentaba Jose Fernandez en el hilo anterior, los homosexuales en varios estados como California no tienen mucho que celebrar, ya que el mismo día de las elecciones varios referéndums bloquearon de diferentes formas los matrimonios entre personas del mismo sexo. Sólo añadir a la justificada indignación de Jose la postura de Obama al respecto: está a favor de dotar de derechos a las parejas de homosexuales (por ejemplo en el régimen de visitas sólo permitidas a familiares en hospitales o en herencias) pero no de darles el estatus de matrimonio. Hoy Karl Rove, algo provocativamente, decía que Obama ha ganado con un programa de centro derecha...
PD4. Aquí y aquí podéis ver cómo los vecinos de South Park celebraron la victoria de Obama.