Por fin, un buen debate. En medio del fango en que la guerra sucia ha convertido la campaña estos últimos días y de la tormenta que nos ha caído encima en Nashville, ha florecido un buen debate, un cara a cara duro --como debe ser cuando está en juego la presidencia de EEUU-- y jugado al máximo de sus posibilidades por ambas partes, que se pegaron lo justo y de forma leal, como en un buen partido de rugby. No hubo golpes bajos y sí estocadas ideológicas, propiciadas por un brillante formato tanto en lo sustancial como en lo formal (perfectos esos planos en los que un candidato hablaba en primer plano mientras su adversario lo escuchaba en segundo). Un debate que evidencia que los estadounidenses tienen dos opciones muy claras ante sí el 4 de noviembre.
Las primeras encuestas afirman que ha ganado Barack Obama. Esta vez coincido con ellas. El demócrata ha estado tranquilo pero no parecía que tuviera sangre de horchata, duro en la crítica y constructivo en las propuestas, presidencial en la formas y alejado de su habitual estilo barroco en los debates. No ha sido conciso, eso es imposible tratándose de Obama, pero sí ha estado incluso pedagógico. McCain ha dado un nuevo viraje a su campaña. Cuando se esperaba un candidato agresivo, ha aparecido un McCain con nuevas propuestas (como la de que el estado compre las hipotecas para que los propietarios las renegocien acorde con el nuevo valor de las casas, una iniciativa que a falta de ser detallada podría ser más importante que el recientemente aprobado plan de rescate bancario) e intentando, sin éxito la mayoría de las veces, presentarse como una alternativa (o, por lo menos, no como la continuación de George Bush) en cuestiones del bolsillo. Pero, comparado con su adversario, McCain ha parecido rígido en el lenguaje corporal, incómodo, sin encontrar la forma adecuada de sentarse en la silla. La diferencia de edad entre los dos ha sido esta noche más evidente que nunca.
McCain no ha logrado en este debate el cambio de dinámica en la campaña que pretendía. Si acaso, ha dadp la imagen de que su estrategia es confusa, ya que él va por un lado (propuestas) y el resto de su equipo va por otro (ataques personales). Obama ha respondido muy bien a algunos ataques, sobre todo en política fiscal y exterior, y ha construido con cimientos muy sólidos su discurso de defensa de la clase media. La vieja receta conservadora de menos gasto y menos impuestos (¿cómo se financiará entonces ese plan de comprar las hipotecas?) ha sonado a eso, a vieja.
Mis momentos destacados del debate:
1. La sanidad. Para mí el mejor momento del cara a cara ha sido cuando se les ha preguntado si la sanidad es un derecho, un privilegio o una responsabilidad. McCain ha dicho que es una responsabilidad de cada uno; Obama ha dicho que debería ser un derecho. Estas respuestas simbolizan a la perfección las dos visiones de EEUU y del mundo que representan ambos, y que se aplica casi a todos los temas, desde la economía a la política exterior.
2. El momento Warren Buffet. Los dos han coincidido en que el multimillonario sería un buen secretario del Tesoro. Sólo en EEUU las líneas entre empresa y Gobierno (Henry Paulson era el jefe de Goldman Sachs cuando Bush lo fichó) es tan fina.
3. Guerras humanitarias. Otro momento definitorio: Obama cree que hay un componente moral que obliga a EEUU a usar su fuerza militar cuando se comete genocidio, al estilo de Ruanda o Darfur. McCain, si la seguridad de EEUU no está amenazada, no lo ve igual.
4. El momento más desagradable de un debate muy educado ha sido cuando McCain se ha referido a Obama como "ese". En la MSNBC, obamista sin complejos, lo calificaron de un momento de abuelete.
5. Chistes fallidos. Ha habido pocos momentos de humor, no está el horno para bollos, y los pocos que ha habido han corrido a cuenta de McCain, con muy escaso éxito.
6. El golpe más duro de Obama: (McCain) "dice que estoy verde (...) y que él es responsable (...). Pero el senador McCain es el tipo que cantó "Bombardear, bombardear Irán", que pidió la aniquilación de Corea del Norte (...) y el que dijo cuando aún no habíamos acabado en Afganistán: ‘Lo próximo, Bagdad'".
7. El golpe más duro de McCain: "Si eres un padre y estás luchando para que tus hijos tengan seguro médico, el senador Obama te pondrá una multa (en referencia a que Obama quiere que tener un seguro médico sea obligatorio, incluso con penalizaciones, al estilo del seguro del coche)
8. El peor momento de Obama: No ha tenido respuesta a la propuesta de comprar hipotecas de McCain y ha acabado diciendo que estaba de acuerdo con él.
9. El peor momento de McCain: Cuando le ha dicho al moderador (por cierto, muy bien Tom Brokaw), sin que viniera a cuento, que no cuenta con él como secretario del Tesoro. De hecho, McCain ha tenido una relación tirante con Brokaw toda la noche. Si era un chiste, le ha salido fatal.
10. Sarah Palin. No, la gobernadora de Alaska no ha debatido. Pero ha seguido el debate, en tejanos, en una pequeña pizzería de Carolina del Norte ante el pasmo de los parroquianos. La hockey mom no perdona ni una.
Conclusión: Aún falta un mes, y eso es mucho tiempo y cualquier cosa puede ocurrir, pero creo que Obama está después de esta noche un poco más cerca de la presidencia y McCain, un poco más lejos, aunque sólo sea porque el republicano ha perdido una de las mejores oportunidades que le quedaban para cambiar la dinámica de la carrera. El tiempo va en contra del republicano, y ya sólo queda un debate.