Al hilo de las últimas entradas sobre la crisis de liderazgo demostrada en Washington durante la crisis financiera (que el voto a favor del plan de rescate bancario del Senado no oculta) varios de vosotros habéis criticado en vuestros comentarios a George Bush. Udoniano, por ejemplo, lo califica de "el peor presidente de todos los que han pasado por la Casa Blanca", y Josep lo compara, salvando todas las distancias, con el expresidente del Barça Joan Gaspart, un símil que los culés entendemos muy bien. Mikke, sin embargo, lo defiende, elogia su amor al país y se pregunta qué habría hecho un demócrata en su lugar tras el 11-S.
Legado es una de las palabras que se están repitiendo estos días en Washington entre los más reflexivos. Después de dos mandatos en los que la economía era una de las pocas cosas que le iban bien a Bush (a lomos de la burbuja inmobiliaria), al final de su presidencia sucede lo que está sucediendo. David Letterman ha emitido su sarcástico veredicto en un video en que compara las promesas de Bush y sus resultados ocho años después (suspenso, entre otros temas, en: "construir un mundo más seguro y una América más esperanzada"; "cambiar el tono de Washington para que sea más educado"; "haremos nuestro país menos dependiente de fuentes energéticas extranjeras"; "cuando América use su fuerza en el mundo, la causa debe ser justa, el objetivo debe ser claro, y la victoria debe ser aplastante"; "los talibanes son historia"...)
Bush dejará un país en dos guerras (Irak y Afganistán) en las que lo más generoso que puede decirse es que no se sabe qué se considera una victoria; con un sistema financiero que deberá reformarse; con déficit en las cuentas públicas (Bill Clinton le dejó superávit); con una situación económica en declive; con una reputación muy maltrecha en el resto del mundo (nadie puede decir que el mundo sea ahora más seguro, ni que EEUU sea respetado y/o admirado de forma mayoritaria); con un debate entre libertades y seguridad en el que la segunda ha ganado a la primera con situaciones vergonzosas como Guantánamo o los programas domésticos de escuchas ilegales; con niveles de popularidad históricamente bajos; con agencias básicas para el estado de bienestar (Seguridad Social, Medicare, Medicaid) camino de la bancarrota si no lo están ya; con 14 millones de inmigrantes sin papeles; con un sistema sanitario impropio de un país del primer mundo...
No todos estos problemas los ha creado Bush (aunque algunos muy graves, sí). Algunos colean desde hace tiempo, otros no ha querido o sabido arreglarlos o bien los ha empeorado y hay también aquellos que sí ha afrontado pero no ha logrado nada en claro (en casos como la cuestión de la emigración, por culpa de su propio partido). Un presidente necesita al Congreso para sacar adelante sus políticas, y en algunos de estos temas reseñados Bush lo intentó y perdió (hay que admitir que mucho de ello tiene que ver su tendencia a dividir más que a unir). En una columna publicada el miércoles en The New York Times, Thomas Friedman afirma: "Siempre he creído que el Gobierno de América era un sistema político único, diseñado por genios para que pudiera ser gestionado por idiotas. Estaba equivocado. Ningún sistema es lo suficientemente bueno para sobrevivir a este nivel de incompetencia de la gente encargada de gestionarlo". De la lista de desastres de Bush hay que atribuir muchos de ellos como mínimo por igual al Congreso, a los medios y a lo que se da en llamar "Washington", un sistema de políticos, lobis y periodistas en los que, como dice Al Gore, la razón --entendida como afrontar los problemas desde el punto de vista de encontrar los medios más sensatos para solucionarlos a partir de la ideología de cada uno-- ha sido sustituida por la campaña electoral permanente; los razonamientos, por las frases reducidas a un titular; la legítima ideología, por la propaganda torticera, y el debate, por la bronca continua. Como hemos visto estos días, el principal objetivo de un cargo electo en cuanto es elegido es ser reelegido.
Pero, en cualquier caso, nadie se acuerda de qué Congreso tenía Roosevelt, y sí de su liderazgo. Quiero decir que el problema Washington existe, es muy grave y está en la base de muchos de estos desafíos que tiene EEUU ahora encima de la mesa, pero que el presidente es la cabeza visible por algún motivo. Así que Bush acabará su presidencia con todos estos temas en su debe, les guste a él y a sus acólitos o no.
Bush suele decir que no le preocupa qué se diga ahora de él, y que la historia se encargará de juzgarlo con propiedad. Una de las cosas que apuntaba en su comentario Mikke es una de las claves: el 11-S. Los atentados y la guerra de Irak son dos hechos sin duda históricos que marcan su presidencia. De que se le valore por lo uno o por lo otro dependerá en gran medida su legado. Tras el 11-S, EEUU estaba convencido de que ese ataque era sólo el primero. Sin embargo, no se ha vuelto a producir otro atentado en territorio estadounidense. Tan sólo por esto muchos estadounidenses consideran incluso hoy, y muchos más lo considerarán en el futuro, que los dos mandatos no han sido tan malos. Todo lo demás se justifica por este hecho, por muy inconcebible que parezca visto desde Europa.
Pero más allá del dictamen de la historia, a veces pienso que Bush no es tanto la causa de los graves problemas que aquejan a EEUU sino el síntoma --o la cara visible-- de una enfermedad mucho más profunda y grave.
Y para terminar: el auténtico legado de Bush, o uno de los más importantes, es el giro hacia el ultra conservadurismo que ha dado al Tribunal Supremo con su elección de jueces. Esto perdurará más allá de sus mandatos.
PD1. El voto del Senado sobre el plan de rescate bancario. Es como si el hermano mayor le dice al pequeño, en este caso la Cámara de Representantes: vamos, pórtate bien. La ley, con sus retoques, regresa a los dominios de Nancy Pelosi. Ya veremos si esta vez la cosa está realmente bien atada o vuelven a sorprendernos.
PD2: Y hoy es el gran día de Sarah Palin, y también el de Joe Biden, que debaten en Saint Louis. No me gustaría estar en la piel de ninguno de los dos. Medio país espera que Palin supere a su propia caricatura en el Saturday Night Live. El otro medio analizará cualquier palabra de Biden en busca de paternalismo, machismo o menosprecio a una "americana como cualquier otra". Un debate lleno de morbo en el que, una vez más, lo que digan o dejen de decir los candidatos sobre tantos temas importantes en momentos tan convulsos parece ser lo de menos. Vamos, lo que decía antes de Bush como síntoma de la enfermedad.