Pensaba titular la primera entrada dedicada a la convención republicana Y ahora por fin hablamos de McCain, en referencia a que el interés que despierta el fenómeno Barack Obama hace que el candidato republicano esté fuera del foco mediático. Pero los elementos, y nunca mejor dicho, parecen haberse aliado contra John McCain, y cuando toda la atención debería estar centrada en la convención que debería empezar en unas horas en Saint Paul lo cierto es que todos estamos hablando del huracán Gustav, que cuando escribo esto se encuentra a las puertas de Nueva Orleans.

Los republicanos, por expresa indicación de McCain, han decidido alterar el desarrollo de la convención a causa del Gustav. El primer día será simplemente técnico (inscripción de delegados y poca cosa más), y se han suspendido los actos políticos planeados. Previamente tanto George Bush como Dick Cheney habían anunciado que no viajarían a Saint Paul. Se han cancelado las fiestas de las delegaciones, los actos de recaudación de fondos se dedican a las potenciales víctimas y daños del huracán, y el resto de la agenda pende de un hilo: las decisiones se tomarán día a día, dependiendo de las noticias que lleguen de Nueva Orleans. No es momento, argumentan los republicanos, de desviar la atención del país de lo que ocurre en Nueva Orleans. Aunque sea a costa de renunciar a una exposición mediática de la que gozaron los demócratas y que los republicanos, sobre todo su sorprendente número dos, Sarah Palin, necesitan con urgencia.

McCain pretende demostrar con esta decisión que su lema, El país primero, es algo más que un eslogan. Tampoco se olvida el candidato de que en su momento criticó la forma con la que la administración Bush gestionó el Katrina. Y lo último que quiere McCain es una imagen de fiesta política en Saint Paul, confeti, globos y demás mientras Nueva Orleans sufre otro huracán. Su decisión, muy presidencial, puede tener sus réditos electorales.

Por supuesto, en la mente de todo el mundo está la factura que le pasó a Bush el despropósito del Katrina. Se acuerda de ello la Casa Blanca y los gobiernos federal, estatal y municipal, que han organizado un dispositivo ante el Gustav --copiosamente publicitado en los medios-- que brilló por su ausencia con el Katrina. Se acuerda McCain, que no quiere cometer en plena campaña un error similar al de Bush, que en los primeros días del Katrina estaba de vacaciones y se limitó a contemplar el desastre desde el aire a bordo del Air Force One en una de las fotos (por cierto, idea de Karl Rove, lo que prueba que no es infalible) que marcan para mal su presidencia. Y se acuerdan los medios, que se han volcado en la cobertura del Gustav hasta convertirlo en un huracán televisado en directo.

Es de esperar (cruzo los dedos) que esta vez todas las partes hayan hecho sus deberes, que el huracán no se cobre vidas, que los diques aguanten, que las predicciones de los políticos ("Es la tormenta del siglo", dijo el alcalde Ray Nagin cuando ordenó la evacuación de la ciudad) se prueben exageradas y que la hermosa Nueva Orleans no sufra un segundo golpe que podría ser mortal. Sería imperdonable que se repitiera lo sucedido con el Katrina.

Y es deseable que los republicanos inicien su convención en Saint Paul lo antes posible y que McCain y Palin copen toda la información de la semana. Será síntoma de que el Gustav no pasará a la historia de Nueva Orleans.

PD: La frase. "Quiero agradecer a mis compañeros republicanos el gesto se quitarnos nuestros sombreros republicanos y ponernos los sombreros americanos y decir: ‘América, estamos contigo. América, vamos a cuidar de esa gente en su momento de necesidad y vamos a demostrarlo de todas las formas posibles como los americanos siempre hemos hecho y siempre haremos". John McCain, al anunciar el rediseño de la convención republicana en Saint Paul.