lunes, 25 de agosto de 2008 4:39
Joan Cañete Bayle
Una guía de Denver
No es porque uno quiera meter el dedo en el ojo (Dios me libre), pero entre las banderas, chapas, pins, pegatinas, pósters, camisetas y demás parafernalia que han convertido a Denver en un gran parque temático del Partido Demócrata echo de menos los carteles de Obama-Biden, que al fin y al cabo es el tíquet presidencial que debe salir coronado tras los cuatro días de convención en Colorado. Es lo que tiene haber esperado hasta el último momento para anunciar al número dos, que no ha habido tiempo de preparar el merchandising. Es de esperar que a partir de hoy lunes la eficaz campaña de Obama haya solucionado este pequeño inconveniente.
No es el mayor de los retos que tienen los demócratas ante sí en Denver. Cuando empezó el ciclo electoral, esto debería haber sido la fiesta de Hillary Clinton, no la de Barack Obama. En un año que parece demócrata, el partido elegirá a un candidato que hace dos años sólo era conocido en Illinois y por los enfermos de la política que disfrutaron de sus 17 minutos de estupendo discurso en la convención del 2004. Es joven, inexperto en grandes lides políticas y es el primer candidato negro en la historia de uno de los dos grandes partidos. Al optar por él, han rechazado la fiabilidad del apellido Clinton. Y, encima, llegan a la recta final y decisiva de la campaña con las encuestas mostrando cierta fatiga de su candidato, como si la obamamanía en la que ha cabalgado el senador desde que ganara el caucus de Iowa estuviera volviéndose en su contra.
Estos son los temas a seguir en la convención que empieza hoy:
1. Un candidato sólido. En EEUU, un progresista radical no gana elecciones. Una celebrity no gana elecciones. Un novato naíf no gana elecciones. Las palabras bonitas sin contenido no ganan elecciones. Un elitista no gana elecciones. Obama debe sacarse de encima estas impresiones que, algunas veces de forma justa y otras no tanto, sobrevuelan alrededor de su figura. De Denver debe salir un candidato sólido, de una pieza según los estándares estadounidenses. En este sentido, la decisión de pronunciar el discurso final en un gran estadio es un arma de doble filo. La imagen de poderío será espectacular, pero el riesgo de parecer una estrella de rock (lo que está empezando a ser su talón de Aquiles) puede volverse en su contra.
2. Biden debe empezar a trabajar. Ha sido nombrado en el último momento, pero Joe Biden no tiene mucho tiempo para prepararse. Debe morder a John McCain, centrar a su número uno y compensar su inexperiencia. Su simple elección demuestra que la inexperiencia preocupa, y mucho, en la campaña de Obama.
3. Clinton debe estar a la altura de las circunstancias. Hillary se colará de rondón en la fiesta de Obama. Las encuestas que muestran que casi un tercio de sus seguidores votarán a McCain generan escalofríos en los demócratas. Sus fieles están muy enfadados por el resultado de las primarias, por el apoyo del partido a Obama y porque el candidato no se planteó seriamente formar dúo con ella. La senadora ha prometido esforzarse para lograr la unidad del partido y curar las cicatrices de las primarias. Pero es difícil olvidar lo que le dijo al gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, sobre Obama no hace tanto: "No puede ganar, Bill, no puede ganar". Los demócratas deben encontrar la escenografía justa entre honrar a Clinton, respetar a su marido, aclamar a Obama y alistar a todo el mundo en la misma batalla. No es fácil
4. Atacar a McCain. A Obama se le ha acusado durante el verano de no ser lo bastante duro con su adversario republicano. La campaña entra en sus dos últimos meses, y el margen de maniobra será cada vez más pequeño. Si Obama, al margen de hablar de cambio y esperanza, quiere ganar en noviembre, debe empezar a morder de verdad a McCain donde más le puede doler: su vinculación con las políticas de George Bush y la situación económica. Hace tiempo que estas elecciones dejaron de ir sobre Irak. Ni siquiera van sobre Obama. Estas elecciones van, si los demócratas quieren ganarlas, sobre los ocho años de Bush.
PD: La frase: "La verdad duele, y a Obama no le gusta". El narrador del nuevo vídeo de la campaña de McCain, en el que acusa a Obama de haber "pasado" de Hillary Clinton con la sana intención de meter cizaña entre los demócratas.