sábado, 23 de agosto de 2008 4:22
Joan Cañete Bayle
Insensatez e histeria periodística
Preparo las maletas para viajar a Denver con cierto desasosiego interno. Después de ver el despliegue mediático de hoy (aún viernes por la noche para mí) para informar del no-anuncio del número dos de Barack Obama en el tíquet presidencial me temo lo peor en la convención que debe coronar al Elegido. ¿Habrá suficientes delegados para hablar con todos los periodistas que estaremos allí o habrá que practicar la caza mayor de algún oscuro representante de Kentucky? ¿Quedará algún rincón de Denver virgen de prensa? ¿Encontraré a algún latino, negro, mujer, joven, lactante, blue o white collar, minoría, mayoría o hasta extraterrestre al que algún reportero no le haya preguntado antes que yo su opinión sobre el Hombre? ¿Tendrá el bar suficiente comida y bebida para todos? ¿Y los lavabos? ¿Qué pasará con los lavabos?
Lo de hoy merece pasar a la historia de la insensatez periodística al mismo nivel que aquel día en que las cadenas de televisión estadounidenses se pasaron horas mostrando en directo la casa de Paris Hilton a la espera de que la celebrity por antonomasia se dignara a acudir a prisión a cumplir una corta condena (y no pretendo, como John McCain, comparar a Obama con la grácil heredera). Es que no ha sido una casa, sino cuatro, helicópteros, unidades móviles y conexiones en directo incluidas, las que se han cubierto a lo largo de todo el día. Eran los hogares de cuatro de los candidatos a ser el Elegido del Elegido para acompañarlo en el tíquet presidencial.
Con un cartelito en que se leía todas las variaciones posibles de la frase "Inminente anuncio del vicepresidente de Obama", se han llenado horas y horas de televisión desde las seis de la mañana hasta la madrugada para decir que el anuncio del número dos de Obama era inminente. Sabemos que a Joe Biden le gustan las pizzas (la alucinada chica que la entregó a domicilio ha tenido sus segundos de fama). También conocemos la marca del yogur que come el gobernador de Virginia. Hemos descubierto hasta qué punto el periodismo puede ser ridículo y bochornoso el día en que el ministerio del Interior de Afganistán acusaba a EEUU de haber matado a 76 civiles en un bombardeo. ¿76 qué? ¿Afganisqué? ¿Es un nuevo candidato a vicepresidente de Obama?
Me siento tentado de escribir que Obama no es responsable de esta histeria mediática fuera de toda lógica. Que si los medios de comunicación consideran que no tienen nada mejor en qué gastar su tiempo y su dinero que esperar ante la casa de Biden es problema de los medios, no del candidato. Pero no es cierto. Obama ha alimentado esta histeria con sus declaraciones a medias, con su iniciativa de anunciar el vicepresidente mediante un SMS y un e-mail a sus seguidores (una gran forma de crear una lista de correo a la que pedir donaciones), con su entrevista del jueves por la noche en la que dijo que ya había tomado la decisión pero que aún no era el momento de hacerla pública.
Un vicepresidente no gana las elecciones. La decisión de Obama servirá para intuir qué tipo de gestor de personal es y ver cuál es su prioridad cara a la recta final y decisiva de la campaña (electoralismo, formar un equipo sólido, cuáles considera que son sus puntos débiles...). Nada más y nada menos que eso. La cobertura hay que hacerla después del nombramiento del número dos, no antes. Acepto que las quinielas tienen su lógica periodista y que pueden ser divertidas. Pero 18 horas de televisión en directo para cubrir un anuncio inminente que nunca llega es demasiado.
¿Por qué los medios hacen (hacemos) estas cosas? Porque lo de Obama ya se ha ido de las manos. El candidato demócrata se ha convertido en un fenómeno más allá del indiscutible interés político y periodístico que tienen su figura y estas elecciones en EEUU. Y los fenómenos lo son porque tienen audiencia. Ante esta tesitura, los medios no pueden correr el riesgo de perder audiencia por no informar de algo importante que hace, dice o le sucede al fenómeno. Este es un proceso circular que se auto-alimenta: cuanto más se informa de él, más grande se hace el fenómeno y más se tiene que informar de él. Ejemplos no políticos tenemos a manos llenas: desde Amy Winehouse al último libro de Harry Potter. Estoy seguro de que muchos de los que han tomado la decisión de efectuar este tipo de cobertura lo han hecho a regañadientes. Pero como todo el mundo lo hacía... Cómo, cuándo y por qué (y qué papel tienen los medios) en la creación del fenómeno es un tema demasiado complejo para tratarlo en esta entrada y sobre el que hay múltiples opiniones y enfoques.
La única información periodística que el viernes tenía sentido es que alguien lograra el scoop de averiguar el candidato a vicepresidente. Nadie lo logró, así que todo lo demás fue paja y una pérdida de tiempo, dinero y prestigio periodístico.
PD 1: Por cierto, el anuncio debería producirse el sábado al mediodía o a primera hora de la tarde hora española. Estaremos atentos.
PD 2: La frase: "La hierba del jardín está muy bien, gracias". Un jardinero cuya identidad se desconoce contesta a una pregunta de un periodista de guardia a las puertas de la casa del senador Joe Biden