miércoles, 04 de junio de 2008 4:25
Joan Cañete Bayle
La cara y la cruz
Empecemos hablando de la cara protagonista de la obra. Barack Obama ha hecho historia. El goteo de superdelegados que se produjo durante la tarde de ayer junto al botín que logró en Dakota del Sur (donde perdió) y en Montana (donde ganó) le permitió superar la cifra de 2.118 representantes que necesitaba. Es el primer negro en ganar la candidatura de uno de los dos grandes partidos. Lo ha hecho a lo grande, tras una larga y disputada campaña contra un animal político con los recursos y los medios de Hillary Clinton. No sé si ganará a John McCain. Sí sé que muy pocos pensaban que pudiera vencer a Clinton. Y lo ha hecho. Por eso, los escépticos (aunque sean realistas bien informados) deberían al menos concederle el beneficio de la duda de aquí a noviembre.
La segunda protagonista del drama demócrata es Hillary Clinton. "No voy a tomar decisiones esta noche", dijo en su discurso en Nueva York. No admitió su derrota, no anunció su retirada de la carrera, dejó todas las opciones abiertas. "¡Denver, Denver!" coreó en un momento de su discurso su apasionada audiencia.
Técnicamente, Denver (pelear hasta la convención para que los superdelegados cambien de opinión el último día como las reglas les permiten hacer) sigue siendo una opción. Por eso Obama es el presumptive nominee, el candidato virtual, in pectore, de los demócratas a la Casa Blanca. Mientras ella no lo deje, no será al candidato (dejando al margen la formalidad de que los candidatos no lo son hasta que la convención los elige).
¿Qué va a hacer Hillary? Explícitamente en su discurso dijo pocas cosas. Pidió a sus 18 millones de votantes que escriban en su web su opinión. Dijo que consultaría con los líderes de su partido, con los superdelegados que la apoyan. En realidad había hablado antes: dijo estar dispuesta a ser vicepresidenta si Obama se lo ofrece. Estas palabras (sólo el candidato ofrece a alguien ser candidato a la vicepresidencia) y la coreografía, los gestos, los rostros en el discurso de Nueva York indican que lo de "Denver, Denver" no tiene muchos visos de ser una opción realista. A Obama, pues, no le toca otra que negociar con ella en los términos que ella decida. Ya ha perdido, así que salvo su imagen política y la unidad del partido no tiene mucho que perder si amenaza con ir a Denver para lograr su objetivo. Ahora bien, ¿cuál es ese objetivo?
La primera especulación, por supuesto, es la del tíquet Obama-Clinton. Para muchos es un dúo soñado. Esta gente suma uno más uno, los votos que han logrado cada uno de ellos, y ve una pareja imparable en noviembre. Otros, como Nancy Pelosi, no están de acuerdo. Dos no es igual que uno más uno, que canta Sabina, y tener a Hillary emulando a Dick Cheney con un expresidente como marido parece, a priori, una situación complicada de lidiar para un joven presidente. Hay otras consideraciones políticas. Podría ser un dúo demasiado radical, se argumenta, Obama necesita a un hombre blanco veterano, dicen otros, y su mensaje de cambio perdería fuerza si va del brazo de alguien que representa mejor que nadie la vieja forma de hacer política en Washington contra la que clama el senador.
Hillary, por usar las palabras del pundit Chris Matthews, tiene un ejército de 18 millones de votantes, de mujeres, blancos de clase media-baja y latinos a sus espaldas. Los utilizará para lograr su objetivo. Sea la vicepresidencia, sea esa super-secretaría de Salud para volver a intentar reformar el sistema sanitario de la que se está hablando, sea para guardárselos y esperar a que Obama se estrelle en noviembre. Sea para lo que sea.
Sí, Obama ha hecho historia, pero el juego seguirá girando los próximos días alrededor de Hillary. La senadora parece su cruz. ¿Cuatro años con ella como vicepresidenta?