McCain y su mujer, durante la rueda de prensa.El artículo publicado por The New York Times acerca de una posible relación amorosa entre John McCain y una lobista y la influencia que esa hipotética relación pudo tener en algunas decisiones tomadas por McCain como presidente de la comisión de comercio del Senado ha dado lugar a una de esos fascinantes debates sobre los límites, los objetivos y las rutinas de los medios de comunicación que de tanto en tanto se dan en EEUU.

Para quien no haya leído la noticia, un resumen: citando básicamente fuentes anónimas y un antiguo asesor, el Times publicó ayer que, en el año 2000, el equipo de McCain maniobró para que una lobista se alejara del entorno del senador. Los asesores temían que McCain y la mujer mantuvieran "una relación amorosa" que levantara sospechas de tráfico de influencias del senador para beneficiar a los clientes de la lobista y que dinamitara su campaña presidencial de aquel año.

La tormenta estaba servida. McCain negó las acusaciones en una rueda de prensa y acusó al diario de mentir, y pronto la historia derivó hacia otro lado: la rigurosidad con la que el Times elaboró y publicó un artículo que tiene algunos puntos débiles, y no solo el de las fuentes. El diario publicó el artículo, firmado por cuatro personas, primero en su página web el miércoles por la noche, una peculiar forma de promocionar una exclusiva incluso en estos tiempos on-line. El motivo, según la campaña de McCain, es que la publicación The New Republic tenía listo un artículo sobre el controvertido making off de la investigación del Times. Esta publicación colgó este artículo en su web el jueves, cuando la edición impresa del diario ya estaba en circulación.

Según The New Republic, la historia llevaba tres meses en la redacción del Times, sin que el director se decidiera a darle la luz verde. A causa de la frustración de ver que su trabajo no se publicaba, uno de los reporteros abandonó --o al menos se vio más motivado a ello-- el diario. Y, al final, el artículo tiene graves problemas: las fuentes anónimas, la insinuación (sin llegar a afirmarlo porque no hay pruebas de ello) de que McCain mantuvo una relación extramatrimonial, la vinculación (circunstancial, sin pruebas) entre esta relación y algunas de las acciones de McCain al frente del comité del Senado. Y la pregunta del millón: ¿por qué publicarlo ahora cuando hace tres meses que se podría haber hecho público? Entonces, las votaciones ni siquiera habían empezado. Ahora, McCain es el virtual candidato republicano. Curiosamente, la primersa reacción ha sido positiva para él: los comentaristas conservadores que tanto dudaban (y dudan) de su pedigrí derechista se unieron ayer en su favor contra la nueva "estratagema progresista" del Times.

En un comunicado, el director del Times afirmó que han publicado el artículo cuando lo han considerado pertinente desde un punto de vista periodístico. Aun así, el Times está en el ojo del huracán, y lo sabe. Y su reacción no se ha hecho esperar: tras recibir más de 2.000 comentarios en su web a la noticia, "la mayoría negativos", el periódico ha creado un correo electrónico (askthetimes@nytimes.com) para que los lectores envíen preguntas sobre el artículo que responderán los autores y los responsables del diario implicados en su elaboración y publicación.

Transparencia, se llama esto, algo que los periodistas solemos exigir pero que no siempre practicamos.

PD. Escribo este post cuando Clinton y Obama han acaban de finalizar su segundo cara a cara. Ambos han estado bien en términos generales. Clinton ha sido menos agresiva de lo que se esperaba y los dos han vuelto a dar la impresión de que son más las cosas que los unen que las que los separan (proyecto de reforma del sistema sanitario al margen). En estos términos, las personalidades de los candidatos marcan la diferencia, y ahí la senadora va por detrás. Las últimas encuestas en Tejas ya hablan de un empate técnico.