miércoles, 13 de febrero de 2008 3:51
Joan Cañete Bayle
A la caza de los 'obamacanos'
En sus mítines en Maryland, Virginia y Washington DC Barack Obama ha explicado la misma historia. "Se me acercan muchos republicanos y me dicen, en voz baja, suspirando: yo te apoyo". El público ríe la imitación del suspiro y Obama culmina la historia, en el mismo tono de voz secretista, clandestino, susurrante: "Y yo les digo. Muchas gracias". "A ellos también me dirijo", levanta de nuevo la voz el senador por Illinois. "A los que yo llamo obamacanos". En el mitin del lunes en la Universidad de Maryland, un hombre obeso, barbudo, tocado con un sombrero de cow boy, se levantó en mitad de la grada y gritó: "Yo soy uno de esos". Se llevó una de las mejores ovaciones del mitin.
No es la primera vez que Obama usa el término obamacanos. Aclarando esas declaraciones sobre la trascendencia de la presidencia de Ronald Reagan que tanto disgustaron a Billary Clinton, el senador explicó: "Lo que dije fue que Ronald Reagan, en los 80, fue capaz de explotar el descontento del pueblo americano. Hubo demócratas reaganianos. A lo que me refería es a que necesitamos explotar el descontento de los republicanos. Quiero republicanos de Obama. Quiero obamacanos". A juzgar por el estudio de las votaciones celebradas, son ya bastantes los republicanos han visto la luz obamaniana, sobre todo en los caucuses y en estados como Iowa y Colorado.
¿Qué pueden ver los republicanos en el tipo al que los medios de comunicación conservadores acusan de ser un progresista radical? (por supuesto, los candidatos a obamacanos son republicanos moderados, no neocones a lo Cheney). Hay tres posibles motivos: su carisma y su capacidad (que en puridad aún está por ver que sea algo más que retórica, aunque va en camino de ello) de superar las barreras ideológicas, raciales y de género en la pugna política; su discurso positivo, que incide en el trabajo duro, la esperanza y la unidad de todo el país bajo un proyecto común; y, lo cual no es poca cosa, la animadversión casi irracional que muchos republicanos tienen a todo lo que suene a Clinton.
Teniendo en cuenta las normas de las primarias, no es ninguna tontería el cortejo de los obamacanos. En muchas de las primarias pueden votar electores registrados como independientes, que no militan en el Partido Demócrata. Hasta el supermartes, los independientes se repartieron entre Obama y John McCain. A partir del 5 de febrero, una vez quedó claro que McCain es el líder indiscutible de la carrera republicana, esos republicanos pueden ser muy importantes para Obama a la hora de decantar a su favor la carrera demócrata.
Y luego está la teoría de la conspiración. No son pocos los demócratas (seguidores de Hillary Clinton) que afirman que los republicanos desean fervorosamente que Obama gane la candidatura demócrata porque entonces será presa fácil (joven, inexperto, sobre todo en seguridad nacional y política exterior, negro, aunque esto último lo dicen con la boca pequeña) de McCain y la maquinaria conservadora. Esta teoría no tiene en cuenta algunas encuestas que afirman que Obama ganaría a McCain en el cara a cara y que Clinton perdería.
Lo que resulta curioso es que sea Obama el que mejor apela a los republicanos moderados. Desde que dejó la Casa Blanca Clinton endureció su perfil, sobre todo en materia de seguridad nacional y política exterior tras el 11-S. De ahí su voto en el Senado a favor de la guerra de Irak, por ejemplo. Y, sin embargo, el candidato que se supone que es un izquierdista (el senador más progresista del 2007, según un estudio del National Journal ) resulta que es atractivo para los conservadores moderados... Conclusiones: lo de izquierda y derecha, al menos en términos europeos, no sirve. Antes de etiquetar hay que escuchar a los etiquetados. Y una de las claves del fenómeno Obama es que tiene un discurso muy, pero que muy, estadounidense.
PD: Decíamos en la entrada inmediatamente posterior al supermartes que había que hacer el esfuerzo de mirar la carrera demócrata en su conjunto, como proceso, y que vista así podía identificarse una tendencia: Obama no había dejado de crecer desde que el juego empezó en Iowa mientras que Clinton no había dejado de menguar. Los resultados de ayer en Washington DC, Maryland y Virginia, unido a los cinco estados ganados el pasado fin de semana, confirman esta tendencia. Obama ya va en cabeza, se miren las cuentas como se miren.