Debate Clinton-ObamaAnoche, Barack Obama y Hillary Clinton celebraron el último debate de los candidatos demócratas a la presidencia estadounidense antes del supermartes. El de California fue el vigésimo segundo coloquio de los aspirantes demócratas en las primarias. El Partido Republicano, por su parte, ha celebrado 16. El primero de los demócratas fue el 10 de abril, 18 meses antes de las elecciones presidenciales. El primero de los republicanos, el 11 de mayo. Si el supermartes no zanja la carrera, habrá más.

Y ya los ha habido de todo tipo. Organizados por grandes canales (ABC, CNN, NBC, Fox...) y los minoritarios, pero excelentes, medios públicos (PBS y NPR); cuestionarios enviados por periódicos, en directo en la radio, de temática gay, traducidos al español (los demócratas, emitido por Univisión); el novedoso formato de vídeo-preguntas colgadas en Youtube... A ello hay que añadirle las largas entrevistas dominicales de los programas televisivos de los domingos (Meet the Press, Face the Nation, This Week, Late Edition, Fox News Sunday...).

El de Obama y Clinton fue el primer cara a cara. Por el camino de ambos partidos se han quedado candidatos con discursos sólidos, que merecían mejor suerte, y otros que nadie sabe por qué se presentaron, si no es para darse a conocer. Ha habido educación, ironía, golpes bajos, errores de bulto (como cuando John Edwards criticó una chaqueta de Hillary Clinton) y moderadores más afortunados que otros. Pero lo que ningún candidato puede decir es que no ha podido transmitir su mensaje. Y ningún votante puede decir que no haya tenido medios para escucharlo. Aún no tenemos candidatos, pero ya tenemos fechas para tres debates entre los aspirantes finales a la presidencia y uno para los candidatos a vicepresidente en septiembre y octubre, pasadas las convenciones. Una organización vinculada con ambos partidos es la responsable de un proceso que empezó el 2 de enero del pasado año con la presentación de las solicitudes de las sedes.

Para los medios, organizar un debate implica audiencia, pero también prestigio. Para un candidato, saltarse los debates u oponerse a su celebración es un error catastrófico. Algo tendrá que ocultar, al margen de demostrar un enorme desprecio a la más elemental etiqueta democrática. Pueden poner condiciones, marear la perdiz con las normas, o con los moderadores, o con el público, o con las sillas. Pero no negarse en redondo a celebrar el debate, convertido en un foro para el lucimiento o para el fracaso, pero también para ser juzgados por el electorado en una comparación directa. Los candidatos republicanos a punto estuvieron de cometer el error de no celebrar el debate de Youtube tras ver las preguntas a las que tuvieron que enfrentarse sus colegas demócratas. Con buen juicio, rectificaron. Los debates, aunque acaban siendo repetitivos y agotadores --sobre todo en la primera parte, con profusión de candidatos que aún no habían caído en esta carrera eliminatoria-- son parte inseparable del trabajo de un político en campaña.

No hace falta que nos pongamos a comparar, ¿no?

P. D: La ovación más cerrada del debate de anoche entre Obama y Clinton en el teatro Kodak de Los Ángeles se produjo cuando el moderador preguntó si sería posible un tíquet Obama-Clinton o Clinton-Obama en las presidenciales. Ambos escurrieron el bulto como buenamente pudieron, sobre todo Obama, que fue al que le tocó responder primero. Si hay ahora mismo un dream team político, sin duda es ese, simbolizado en el hecho de que anoche no hubo ningún hombre blanco bajo los focos.