domingo, 27 de enero de 2008 3:07
Joan Cañete Bayle
Obama se impone a 'Billary'
Si había alguna duda de que la carrera de los demócratas hacia la Casa Blanca se ha convertido en un duelo entre Barack Obama y Billary Clinton, el ritual de los discursos de la victoria y la derrota de anoche en Carolina de Sur las desvaneció. Mientras el senador por Illinois pronunciaba uno de esas intervenciones marca de la casa que tan bien resuenan en la psique estadounidense, Hillary Clinton volaba a un acto en Nashville y dejaba que fuera su marido, el expresidente Bill, quien reconociera la derrota. La candidata, eso sí, llamó por teléfono a su adversario para felicitarle por la victoria pero en Nashville se dedicó a hablar del futuro, del supermartes, casi como si Carolina del Sur no hubiera sucedido.
Fue una decisión coherente --aunque un pelín descortés-- la de la senadora por Nueva York, ya que en la última semana de campaña en Carolina del Sur el mensaje ha sido, más que nunca, Bill. La recta final de la campaña en este estado en realidad la ha protagonizado él casi en solitario, y ha sido su figura, y sus controvertidas críticas a Obama, las que han centrado la información, el debate y la controversia política. Como escribe en un artículo de opinión en The New York Times Caroline Kennedy, la hija de J.F.K., en una campaña en la que los programas y los objetivos de los candidatos son tan similares, "las características de liderazgo, carácter y juicio juegan un papel más importante de lo habitual". El peor lado del carácter político de los Clinton ha relucido en Carolina del Sur.
En el duelo entre Obama y Billary, pues, Carolina del Sur ha optado abrumadoramente por Obama. Hace apenas un mes, Clinton (Hillary) aventajaba a su adversario por unos 20 puntos en las encuestas. Clinton (Bill) ha jugado fuerte no solo en sus críticas al senador por Illinois, sino recordando su gran predicamento entre la comunidad negra, que le valió la categoría de ser el primer presidente negro de EEUU. Pues bien, entre la primera dama del primer presidente negro y el candidato del que aspira a ser el primer presidente negro, sin cursivas, el electorado demócrata de Carolina del Sur (formado en más de su mitad por negros) ha elegido al segundo. Y no hay menosprecio para Hillary en esta apreciación: el grueso de la campaña en su nombre la ha llevado su marido, casi siempre hablando de él mismo y de por qué él apoya de forma tan furibunda la candidatura de su mujer.
Bill ha jugado fuerte, y ha perdido. Su imagen ha quedado dañada no solo entre los círculos conservadores --allí no hay nada que hacer--, sino en el propio Partido Demócrata, que se pregunta si ese es el papel que debe ejercer un expresidente que ha vuelto a fajarse como en sus mejores tiempos. Pero esta vez no mordió a un fiscal conservador ni un presidente ultra de la Cámara de Representantes, sino a un candidato demócrata que, si gana, necesitará el esfuerzo de todo el partido para imponerse al contricante republicano, sea quien sea. Carolina del Sur no solo ha dado su opinión respecto a qué candidato prefiere, sino que ha votado por el cambio en contra de la estrategia Billary, que es como una canción que se te mete en la cabeza y de la que no hay manera de recordar el título, pero que suena mucho. Tal vez demasiado.
Quedan nueve días para el supermartes. Será interesante ver las estrategias de ambas campañas cara a esas primarias casi nacionales. El primer paso, ese viaje a Nashville, no parece indicar que vaya a haber propósito de enmienda en el mundo de Billary.
PD: The New York Times le da hoy a Obama lo que le quitó esta semana al apoyar oficialmente, en su editorial, la candidatura de Hillary Clinton. El artículo de Caroline Kennedy se titula Un presidente como mi padre, y es una lista de motivos para apoyar al senador por Illinois. "No es que los otros candidatos no tengan experiencia o no tengan suficientes conocimientos. Pero este año, eso puede no ser suficiente. Necesitamos un cambio de liderazgo en este país, tal y como hicimos en 1960". Viniendo de la hija de J.F.K., eso son palabras mayores.