Pocas cosas le sientan mejor a una cadena de noticias 24 horas que unas elecciones de EEUU que duran más de un año, tiene varios candidatos que pueden hacer historia y un desenlace que se antoja incierto. Bueno, una guerra en directo tampoco está mal, pero ese es otro tema. Las cadenas por cable de EEUU (CNN, Fox News, MSNBC) dedican grandes recursos y mucho tiempo a informar de las primarias del Partido Demócrata y el Partido Republicano. El resultado es que cada votación es el final del mundo; cada encuesta, un complejo tratado oracular; cada frase pronunciada por los candidatos, palabra revelada que genera una cascada de verborrea.

Traten de imaginarse los números. Un equipo que sigue a cada candidato (tres entre los demócratas, cinco entre los republicanos) a cualquier sitio donde van. Un par de presentadores estrellas, como mínimo. Un equipo numeroso de comentaristas, analistas, tertulianos, especialistas en encuestas, especialistas en primarias, especialistas en los estados donde se vota... Encuestas propias con las que generar una noticia que después será desmenuzada hasta la extenuación. Equipos para conexiones con especialistas externos, asesores de candidatos, satélites para los continuos directos, editores, técnicos, productores, camiones, coches, hoteles, billetes de avión...

 

Con tamaño despliegue, ¿importa que en Iowa estuvieran en juego, en el caso de los demócratas, 57 delegados y en Nuevo Hampshire, 30? Para hacerse una idea, solo en California el 5 de febrero habrá en juego 441 delegados. En total, el 5 de febrero, el famoso supermartes, se disputarán 2.075 delegados del Partido Demócrata.

Y aun así, parece que en EEUU se acabe el mundo político cada cinco días. Iowa porque era el primer caucus. Nuevo Hampshire porque era la primera primaria. Michigan porque era la última oportunidad de Mitt Romney. Nevada por la alta presencia de hispanos. Carolina del Sur porque es el primer estado sureño en votar... Hillary Clinton ha muerto y resucitado ya una vez, al igual que John McCain. Barack Obama ha pasado de bola de nieve a derretirse a causa del cambio climático clintoniano. Rudy Giuliani es el gran estratega o el tipo que quiere pasarse de listo. La estrategia política lo es todo. El momentum es la clave.

Es el periodismo espectáculo, el que la noche electoral de Nuevo Hampshire le dio a la CNN 3,29 millones de espectadores, a Fox News, 3,06 y a MSNBC, 1,64 millones. Con todo este esfuerzo, con toda esta inversión, con esta pléyade de expertos hablando y opinando durante horas y horas, ¿quién es el valiente que sale diciendo que en Iowa no se gana la candidatura de ninguno de los dos partidos? No vale con que el proceso sea importante, interesante, hasta trascendente y apasionante. Tiene que ser vital. Tiene que ser histórico. Tiene que ser a vida o muerte, a cara o cruz, ahora o nunca. Si no lo es, ¿a qué viene tanta cobertura? ¿A qué viene tanta cháchara? ¿A qué viene tanta inversión?

Y luego llegan los errores, como enterrar a Hillary Clinton antes de hora. Ahora toca dudar de Obama. La pantalla se convierte en una bola de cristal, los periodistas en una mezcla de futurólogos, sociólogos y politólogos que analizan lo que va a ocurrir una vez se ha explicado desde todos los ángulos lo que ha sucedido y aún quedan tres horas de programa. "Las conversaciones que solían mantenerse de noche en el bar, al final de un día de cobertura, sobre quién iba a ganar o perder ahora se sostienen en directo porque hay mucho tiempo que llenar", ha opinado Tom Brokaw, el mítico expresentador de las noticias de la NBC.

La campaña es lo suficientemente interesante, sobre todo el duelo Obama-Clinton, como para que haya necesidad de magnificarla. Pero, claro, nadie invierte lo que invierte para decir que hay que esperar, como mínimo, al 5 de febrero, para empezar a tener las cosas claras. ¿Quién quiere hablar de prudencia cuando puede hacerlo del momentum? Sea lo que sea eso.