miércoles, 09 de enero de 2008 5:14
Joan Cañete Bayle
Pero ¿no iba a ganar Obama?
Este es uno de esos momentos en los que en la blogosfera se critica, se caricaturiza y se censura a los medios tradicionales. Y con razón. ¿Pero no habíamos quedado en que Barack Obama iba a arrasar en Nuevo Hampshire? ¿Pero no hemos escrito que tenía el apoyo de los jóvenes, de los independientes, la bendición mediática y el espacio ya reservado en los libros de historia? ¿No estaba claro que la obamamanía era una oleada imparable, que el momentum del candidato era incontestable? Pues no. O sí. Tal vez.
Escribo esta entrada poco después del discurso de la victoria de Hillary Clinton. A esta hora, el polvo ya ha empezado a aposentarse. El zapeo por los canales de noticias estadounidenses ha deparado una curiosa evolución. La noche empezó con estupor al ver los números victoriosos de Hillary. Después se pasó a la prudencia desesperada ("las ciudades universitarias aún no han sido recontadas, y allí Obama es muy fuerte"), para finalmente aceptar que Hillary había ganado y pasar a afirmar sin rubor que era lógico (sic) que haya sido así. Por lo visto, a Obama le abandonó a última hora el momentum y él fue el último en enterarse. Y nadie con acceso a un micrófono se atrevió a decírselo.
Citábamos en la anterior entrada a Perogrullo y su fastidiosa máxima de que en democracia las votaciones no se ganan hasta que se cuentan los votos. Una vez más, Perogrullo ha demostrado que es infalible. Y los votos han arrojado un resultado del todo inesperado. Los primeros análisis de urgencia hablan de que las mujeres acudieron a votar en masa por Hillary. Unos dicen que la explicación radica en la bien formada cultura política de Nuevo Hampshire, que eligió a la candidata demócrata con mejor currículo. Hay quien cita el papel de Bill Clinton. Otros sostienen que uno de los motivos del espectacular giro fue el arrebato que sufrió la senadora el pasado lunes, cuando rompió a llorar ante las cámaras. Esas lágrimas, dicen, la humanizaron, la acercaron al electorado. Esas lágrimas amenazan con convertirse, al menos hasta que se vote en Nevada, en las protagonistas de la campaña. ¿Fueron sinceras o un gesto hacia la galería? ¿De verdad unas lágrimas y una voz rota pueden darle la vuelta a diez puntos de desventaja en 24 horas?
"Querido amigo, tú y yo hemos sorprendido a mucha gente esta noche", empieza el e-mail que la campaña de Hillary envió a los subscriptores de su página web poco después de su victoria. Para ella, la victoria también ha sido una sorpresa. Ahora las encuestas nacionales probablemente volverán a darle ventaja en la carrera. Y Obama empezará a recibir las críticas que en los cinco días que han separado Iowa de Nuevo Hampshire se ha llevado casi en exclusiva Hillary.
Pero el caso es que ni antes Obama era una mezcla de Kennedy y Martin Luther King ni ahora es flor de un día, a pesar de que presentarlo así es una fuerte tentación a la hora de titular noticias igual que antes lo fue caracterizar a Hillary casi como un cadáver político. El resultado de Obama en Nuevo Hampshire está lejos de ser catastrófico, y combinado con el de Iowa da lugar a un candidato fenomenal. Carolina del Sur, con mayoría de población negra, se antoja una cita clave en el calendario de las primarias. Hillary, de repente, no vuelve a tener la carrera ganada. Al contrario. La única verdad irrefutable que surge de Nuevo Hampshire es que la nominación demócrata está muy igualada, mucho más de lo que se preveía hace apenas una semana cuando la exprimera dama era el único e incontestable caballo ganador. Quedan muchas lágrimas (y sonrisas) por delante.