Thursday, July 17, 2008 2:09 PM
Sergi López-Egea
Atrapado en el tiempo
Queridos internautas de nuevo estoy con vosotros después de haber desatendido el blog del Tour durante un par de días. Cuando empiezo a escribir estas líneas faltan muy pocos minutos para las 3 de la tarde. Me encuentro, acabo de llegar, en la sala de prensa de Narbona, a escasos metros de la línea de meta de una etapa que, la verdad, en estos momentos no está mirando mucha gente. Los teletipos ya han inundado todas las páginas webs. El Saunier Duval ya no corre el Tour. Moisés Dueñas acaba de abandonar las instalaciones judiciales de Tarbes y en una comisaría de Foix Riccardo Riccò está declarando ante los gendarmes.
Parece como el sueño de la marmota, como si nos hubiésemos rejuvenecido 10 años y estuviéramos en la localidad pirenaica de Tarascón con todo el pelotón haciendo una sentada para protestar –ahora con el paso del tiempo todavía no se comprende— no se sabe bien de qué. Da la sensación de que todavía no me haya despertado en la jornada de descanso de hace un año en Pau. Parece tantas cosas…
Acabo de hablar con mi compañero y amigo José Carlos Sorribes. Él siempre defiende la teoría de que el ciclismo, para la bueno y lo malo, debe asumir que tiene que convivir con el dopaje, como el fútbol con las patadas y las expulsiones. Sin embargo, lamentablemente, queda mucho peor ante la opinión pública la imagen de Riccò, positivo, positivo, que no la de Zidane dando un cabezado en la final del Mundial. ¿Alguien se atreve a decir que el futbolista francés arruinó el fin de su carrera por la expulsión de hace dos años en Berlín? En cambio, Riccò, un corredor que se había ganado la antipatía de la mayoría del público italiano por su carácter protestón durante el Giro, acababa de recuperar las audiencias en su país gracias a sus exhibiciones en el Tour. ¿Y de qué le vale tanta exhibición?
Yo no acabo de comprender a los ciclistas. Hay que ser muy pero que muy burro, con orejas largas y cola, para seguir dopándose. Arruinan el Tour, apartan a la gente de las cunetas y ellos son los principales culpables de que mucha gente les eche mal de ojo.
Cuando crees que ya se ha acabado todo, vuelve a comenzar. No hay otra competición de la solera y tradición del Tour donde se esté tan y tan pendiente del dopaje, ni siquiera en los Juegos Olímpicos. Hay especialistas de ciclismo que parecen auténticos expertos en farmacología de tanto y tanto tener que leer prospectos.
Acabo de hablar por teléfono con Víctor Cordero, el director general de la Vuelta. Que hay que verlo todo por el lado positivo, sin realizar juegos de palabras, porque se demuestra, cada vez más, que los tramposos no tienen cabida en el pelotón. Cierto. Si la pifias, te pillan y cada vez resulta más difícil escapar de la eficacia de los controles. Los tramposos no tienen cabida en el pelotón. Estoy totalmente de acuerdo con Cordero, pero, realmente, ¿cuántos tramposos hay?