Hace un año, la operación Plomo fundido llevada a cabo por el Ejército israelí contra Hamás en la Franja de Gaza dejó 1.400 muertos palestinos y a miles de familias sin casa ni escuela para sus niños. Tres meses más tarde, una conferencia internacional de donantes comprometió casi 4,5 millones de dólares para ayudar a paliar los efectos provocados por aquella operación militar. Sin embargo, esas ayudas no han podido materializarse durante todo este tiempo por el bloqueo comercial y energético que mantiene Israel sobre la franja de Gaza y Cisjordania. "Un año después, las infraestructuras más básicas siguen aún destruidas", asegura la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA, en sus siglas en inglés).

         A la inexistente reconstrucción se suma ahora el cierre hermético de la frontera con Egipto, por el sur, con un muro de acero que bloquearía los túneles por los que fluía el contrabando que hasta ahora era la única vía de aprovisionamiento para el millón y medio de palestinos encerrados en este superpoblado territorio. El bloqueo israelí y el cierre de estos pasos fronterizos por el sur han empujado a 16 oenegés internacionales a denunciar la situación en el documento Fallando a Gaza: no hay reconstrucción, no hay recuperación, no hay más excusas.

         Según el documento, Israel viola la legislación internacional humanitaria al no permitir la entrada de vehículos -solo 41 camiones han podido entrar en estos nueve meses- con materiales para la reconstrucción, castigando así a toda la población. Pero no solo el gobierno de Tel Aviv recibe el palo de las organizaciones. También la comunidad internacional merece las recriminaciones por haber traicionado a la población civil al no exigir que sus donaciones alcancen efectivamente a la población.

"La llegada de las lluvias y el frío ha empeorado las condiciones de vida de las familias cuyos hogares fueron dañados o destruidos por la ofensiva militar", denuncia la agencia de las Naciones Unidas.  Según datos de la organización internacional, el número de familias que están sufriendo esta situación supera las 60.000, de modo que unas 325.000 personas tienen problemas para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Todavía hay decenas de familias que viven en tiendas de campaña junto a las ruinas de sus casas destruidas durante la operación militar israelí.

         "La prohibición israelí de importar cristales, entre otros materiales, ha empeorado la situación al no poder repararse las ventanas de las casas y de las escuelas que fueron destruidas por el efecto de las bombas y por cuyos huecos entran el frío y el agua", asegura la UNRWA que, a este panorama de dejación, añade la falta de energía para calentar los hogares palestinos, la imposible construcción de paneles solares o los cortes de gas. Además, los cortes en el fluido eléctrico afectan desde el suministro de agua y el funcionamiento de los servicios de saneamiento, hasta la educación, con escuelas sin luz ni energía para calentarse.

         A las imposiciones de Hamás sobre los habitantes de la Franja, a los bloqueos israelí y egipcio, y al inmovilismo internacional se suma ahora la llegada del invierno con frío y lluvias. La esperanza de un mejor futuro no cabe en Gaza.