martes, 08 de septiembre de 2009 12:12
Rosa Massagué
Chávez, superstar
Allí donde va, es la estrella. Ahora lo es de la Mostra cinematográfica de Venecia, como lo es siempre de toda cumbre internacional en la que participa o en la televisión de su propio país donde semanalmente se dirige a los venezolanos con su programa Alo, presidente. Hugo Chávez es un político mediático como pocos. Es también uno de los más denostados fuera de su país, pero esto mismo atrae grandes defensores, no necesariamente populistas o autócratas como Vladimir Putin, Mahmud Ahmadineyad o los hermanos Castro. Es capaz de encandilar a cineastas como Oliver Stone que le ha hecho a su medida el documental South of the border presentado ahora en el festival veneciano.
Con la cinta, Stone quiere contrarrestar las mentiras de la administración estadounidense sobre la Venezuela de Chávez y demás gobiernos de izquierda que hay ahora en América Latina. Desfacer entuertos es siempre de agradecer, pero deshacerlos a base de crear otros, no vale.
Es cierto que, como dijo Stone en Venecia, Hugo Chávez ha ganado numerosas elecciones en su país. Pero también es cierto que en su biografía hay un episodio golpista cuando en 1992 se puso al frente de un grupo de militares para derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez, elegido democráticamente. Y también lo es que a base de modificaciones ha conseguido el amparo constitucional para algo tan poco democrático como es perpetuarse en el poder.
Desde su primera elección en 1998 Chávez ha ido erosionando y depurando todas las instituciones para poder controlarlas, desde el propio Ejército a los poderes judicial y legislativo, los sindicatos y la industria petrolera, la mayor fuente de ingresos con que cuenta el país.
En esta escalada hacia el control y la eliminación de toda oposición, el pasado mes de agosto le tocó el turno a la educación y los medios de comunicación. Una nueva ley, aprobada sin apenas discusión, obliga a una enseñanza basada en el ideario chavista, ahoga el sistema educativo privado, recorta la autonomía universitaria y otorga el carácter de "agentes de la educación" a los consejos comunales, unas organizaciones creadas a imagen y semejanza de los comités cubanos de defensa de la revolución.
Esta misma ley de educación contempla el cierre de medios de comunicación ya que "se prohíbe la publicación y divulgación de impresos y otras formas de comunicación social que produzcan terror en los niños, inciten al odio, a la agresividad, la indisciplina, deformen el lenguaje y atenten contra los sanos valores del pueblo venezolano, la moral y las buenas costumbres, la salud mental y física de la población". Es decir, todo es susceptible de ser delictivo porque la vara de medir la salud mental y física de un pueblo, si es que existe, puede ser o muy rígida o muy flexible.
De momento, quienes han protestado por esta ley y por el cierre de varias emisoras de radio, han sido agredidos por grupos de militantes chavistas.
Los palos y puños de unos y los moratones de otros no eran ninguna mentira.