Hacer senderismo en los Apalaches. Este es el eufemismo que la prensa estadounidense ha inventado de manera jocosa para describir unas relaciones extramaritales. La invención es fruto de la escapada secreta del gobernador de Carolina del Sur, Mark Sandford, a Argentina para encontrarse con su amante. Para esconder su desaparición pública dijo que iba a hacer senderismo a los muy norteamericanos montes Apalaches.

El descubrimiento del affaire de Sandford con una argentina y la aparición pública del interfecto ante una batería de micrófonos para confesar el asunto y pedir perdón a la familia, a los electores y a sus gobernados en general, fue la repetición de un ritual al que los estadounidenses empiezan a estar muy acostumbrados. El gobernador es el número 29 de una larga lista de políticos de primera fila, entre los que se encuentra el presidente Bill Clinton, a los que el sexo fuera del matrimonio se les ha cruzado en su carrera, casi siempre con nefastas consecuencias políticas, en los últimos 20 años.

Las relaciones sexuales de los políticos no deberían salir del ámbito privado o al menos no interferir en su vida política. Siempre se hace la distinción entre la actitud opuesta que hay sobre los asuntos de alcoba entre los políticos en EEUU y en Europa. Mientras al otro lado del Atlántico un simple desliz puede acabar con una carrera política en menos de lo que canta un gallo, en el viejo continente las relaciones extramaritales o las tendencias sexuales de quienes gobiernan o aspiran a hacerlo, no salen del ámbito privado aunque tantas veces sean secretos a voces.

Aparte de un sentido distinto de la moral sexual, en los escándalos de este tipo en EEUU normalmente aparecen elementos, que llevan el caso a la esfera pública. Sandford, por ejemplo, hizo dejación de sus obligaciones cuando desapareció sin poner en marcha el mecanismo de traspaso de la autoridad a su segundo durante su ausencia; también hizo algo imperdonable en EEUU que es mentir cuando dijo lo del senderismo en los Apalaches, y el pasado año organizó con dinero público una misión comercial a Argentina cuyo objetivo era ver a su amante.

Sin embargo, lo realmente escandaloso de esta actitud estadounidense de los políticos ante el sexo es la gran hipocresía que todo ello encierra. En 1998, el republicano Sandford, por ejemplo, pedía la dimisión de Clinton cuando se debatía la destitución del entonces presidente por su affaire con Monica Lewinsky. Consideró "reprensible" aquella conducta y votó en contra del presidente citando la necesidad de una "legitimidad moral". Debe ser la misma legitimidad que le falta, o le sobra, al gobernador de Carolina del Sur.