Se contagia: en cuanto una mujer ve a otra fémina sonreír a un hombre, el atractivo masculino se dispara. Un grupo de investigadores ingleses ha puesto base científica al extendido truco de belleza de discoteca. “Aunque solemos pensar en la atracción como un reflejo de las preferencias personales, nuestros hallazgos muestran que el aprendizaje social influye en las preferencias femeninas por los hombres”, explicó Ben Jones, de la Universidad de Aberdeen, al diario Telegraph. Las participantes del estudio tenían que puntuar el atractivo de un grupo de caras masculinas. Les obligaban a repetir el test tras un pase de diapositivas donde se veía a mujeres mirando a los mismos hombres, sonriendo o con una expresión neutra. Conclusión: las mujeres aumentaron su atracción por los hombres a los que sonreía otra fémina. Es decir: “Sólo 30 segundos de interés de otra mujer es suficiente para que un hombre parezca más deseable”.
 El fax. Apareció casi un siglo antes. Se le ocurrió a un mecánico escocés, Alexander Bain, en 1843, recoge el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en su web. Casi 100 años después, en 1937, se inventó la xerografía. Las primeras fotocopiadoras no aparecieron hasta los años 50.
. Se llama Elysia chlorotica. Es una babosa marina con forma de hoja verde. Científicos de la Universidad de South Florida han descubierto que es capaz de realizar la fotosíntesis. “Ha robado suficientes cloroplastos [a las algas de las que se alimenta] como para hacer el proceso metabólico de una planta dentro del cuerpo de un animal”, explicó Sidney K. Pierce a la revista ScienceNews.

La taquillera luna alienígena de James Cameron ha traspasado el formato 3D. Ya se intuye en la cuarta dimensión: desconocida pero no descartable. Porque Pandora, según la ciencia de no-ficción, podría ser real. Es la conclusión categórica de la astrónoma Lisa Kaltenegger, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics. “Lunas alienígenas orbitando planetas gaseosos gigantes podrían tener más probabilidades de ser habitables que planetas del tamaño de la Tierra”. Previsión científica a corto plazo: “Si Pandora existiera, podríamos detectarla y estudiar su atmósfera en la próxima década”. De hecho, el hogar-ecológico-hogar de los azulados Na’vi, según el guión de Avatar, está instalado en un sistema nada ficticio: Alfa Centauri A, a 4,4 años luz de la Tierra. Un “excelente objetivo” –apunta la astrónoma– para buscar exoplanetas (planetas extrasolares) habitables.

Hace años que se buscan. Los científicos abrieron oficialmente la caja de Pandora en 1994, cuando se descubrió el primer exoplaneta. Hoy se conocen más de 350. El 3D de las galaxias de la ciencia real vendría a ser el telescopio Kepler, el observatorio espacial que la NASA lanzó el año pasado. Para hacerse una idea de la sensibilidad de sus detectores: “Si el observatorio fuera dirigido hacia un pequeño pueblo en la Tierra, desde el espacio y de noche, podría detectar cómo un porche se oscurece cuando alguien pasa frente a la luz”, señala la BBC. El Kepler acaba de descubrir sus cinco primeros exoplanetas. Todos con temperaturas entre 1.200 y 1.650º (es decir, más calientes que la lava fundida). Los científicos de la NASA prevén que tardará al menos tres años en localizar un planeta del tamaño de la Tierra.

No. De hecho, es bastante improbable que la sangre llegue al plato. “En el matadero, tras sedar al animal, se le extrae toda la sangre a excepción de la que queda atrapada en el corazón y los pulmones”, explica Robert L. Wolke, profesor emérito de química de la Universidad de Pittsburg (EE UU), en el libro Lo que Einstein no sabía. La carne que llega a la mesa “es tejido muscular, no órganos del sistema circulatorio –continúa Wolke–. El color rojo de los músculos es consecuencia directa de un compuesto químico llamado mioglobina, una proteína que almacena oxígeno en los músculos”. El tono rojo-sangre  que fluye por los menús se debe a que la mioglobina es una proteína muy similar a la hemoglobina (la culpable del color de la sangre).

[La pregunta del lector: Judit Palau]

Es posible, si el objetivo de los besos es un calamar o una jibia. A simple vista, el acto sexual de estos moluscos se limita a besarse (durante semanas en el caso de las sepias, que fallecen de puro agotamiento tras la maratoniana sesión de sexo). Lo cierto es que los machos “usan su cuarto brazo como órgano copulador para transferir los espermatozoides”, explica Francisco José Purroy Iraizoz, catedrático de biología animal de la Universidad de León. Así que los preliminares consisten en nadar cabeza con cabeza, hasta que el macho introduce el brazo con los espermatozoides en la cavidad paleal de su pareja, una apertura que está muy cerca de la boca. Los pulpos también practican sexo a besos, “aunque el apareamiento es más salvaje –añade el catedrático–y la euforia del abrazo de la cópula puede originar heridas e incluso uno de ellos puede estrangular al otro”.

Unos 88.000, enumera El libro de los cuántos.

Existe el doble de probabilidades de que un consumidor agraviado perdone a una compañía incompetente tras un “lo siento”. El descubrimiento no es gratuito: lo firma la Nottingham School of Economics, tras analizar las reclamaciones de una compañía responsable de 10.000 ventas mensuales en eBay. El 45% de los consumidores retiraron la reclamación tras una disculpa; el 23% lo hizo a cambio de una compensación económica. “Las compañías suelen contratar a excusadores profesionales, cuyo trabajo consiste en disculparse ante los clientes agraviados –señala Johannes Abeler, coautor del estudio–. Los clientes no parecen darse cuenta de que están tratando con expertos y no con personas que de verdad se sienten avergonzadas”. Un posible porqué: “Puede que decir ‘lo siento’ provoque en el consumidor el instinto de perdonar”.

Visto en NeoFronteras

Pensando en voz alta. “Los estudiantes que piensan en voz alta mientras resuelven un problema matemático lo logran más rápidamente y tienen más posibilidades de hallar la solución correcta que aquellos que no lo hacen”. Lo corroboran los profesores José Luis Villegas Castellanos (Universidad de los Andes, Venezuela) y Enrique Castro Martínez y José Gutiérrez (Universidad de Granada). También ayuda –dicen– dibujar o realizar una representación pictórica sobre el contenido del problema.

LE LLAMAN EL DIOS DE LOS MAGOS. “SERÁ POR LA BELLEZA OMNIPRESENTE”, SE JUSTIFICA ÉL. LLEVA 40 AÑOS DEMOSTRANDO QUE DE ILUSIÓN TAMBIÉN SE VIVE. “SIN ILUSIÓN NO HAY MANERA DE VIVIR”, CORRIGE. HASTA EL 7 DE FEBRERO, HA APARCADO SU VIOLÍN EN BARCELONA

Leer más

Hay más de 50 distintas. Las ha diferenciado Paul Ekman, el psicólogo inspirador de la serie Miénteme. La sonrisa, dice, es una de las expresiones faciales más frecuentes. “Basta con mover un solo músculo, mientras que las restantes emociones requieren la acción concertada de tres a cinco músculos”, explica en el libro Cómo detectar mentiras. Es la expresión más reconocible. La que se puede ver a mayor distancia (casi 100 metros) y con menor tiempo de exposición. Y es difícil no devolver una sonrisa. “La gente lo hace incluso ante los rostros sonrientes de una foto”. Hay sonrisas de desdén, amortiguadas, tristes, de acatamiento, de temor. Paradójicamente, el músculo que genera las sonrisas de terror se llama risorio. Confusión lógica: “A veces, al actuar el risorio, las comisuras se elevan y el aspecto es el de una sonrisa algo magnificada”. Chaplin tiene su propia sonrisa: “Producida por obra de un músculo que la mayoría no puede mover de forma deliberada”. A excepción del cómico. Resultado: los labios se elevan en un ángulo más pronunciado. Queda una sonrisa “insolente que se sonríe del propio sonreír”.

En la otra punta del ranking está la sonrisa falsa, “la única sonrisa mentirosa”. Ekman da indicios para pillar a un embustero risueño: las sonrisas falsas son más asimétricas y nunca están acompañadas de la acción de los músculos orbiculares de los párpados. Es decir, no hay rastro de patas de gallo, ni del leve descenso de las cejas. Si la mueca falsa es pronunciada, el indicio “sutil pero decisivo” se destapará a través de las cejas. Aunque puedan llegar a aparecer patas de gallo, las cejas nunca descenderán. Si éstas aparecen levantadas y se aproximan entre sí, es signo de temor e inquietud. “Esta combinación de acciones es extremadamente difícil de realizar de forma deliberada: menos del 10% de nuestros examinados pudieron hacerlo”.

No. Si de un volumen se sacan sólidos, líquidos, gases y todas las partículas que se pueda, ese supuesto vacío seguirá ocupado por materia, “aunque con una densidad bajísima”, apunta Javier Fernández en el libro ¿Por qué la nieve es blanca? “Por eso se habla de alto vacío, ultra alto vacío –añade el físico–, indicando que se ha hecho un esfuerzo mayor por disminuir la densidad de materia en ese lugar”. Incluso en el espacio hay una densidad de materia no nula, señala Fernández. Conclusión nada paranormal: “Podríamos vernos en una situación en la que, de la aparente nada, surgiera materia”.
Siete parejas, si se hace caso literal al Génesis 7,2. Dios le dijo exactamente a Noé: “De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja”. Así que si Noé  siguió bien las instrucciones (cuando cayó el diluvio tenía 600 años), metió en el arca a siete parejas de cabras, animales “puros”, al igual que las ovejas, el ganado bovino o los antílopes. Es decir, eran animales que podían comer los judíos, señala El pequeño gran libro de la ignorancia. Los no puros, por tanto, eran “todas las criaturas cuyo consumo tenían (y tienen) prohibido”. Por ejemplo: cerdos, camellos, tejones, camaleones, anguilas, caracoles, hurones, lagartos, buitres, murciélagos, cuervos, cisnes y topos. Queda una incógnita a la que han dado vueltas buena parte de los descendientes de Noé: “Los rabinos medievales –añade el libro– invirtieron mucho tiempo en debatir si los peces habrían sido abandonados a su suerte en el diluvio o si Noé los llevó a bordo del arca en una pecera”.

[La pregunta del lector: Ana Fernández]

La realidad, en este caso, desmiente a la ficción. Los criminalistas de 32 pulgadas (los que enseñan palmito forense en CSI, Navy, Crossin Jordan, Bones) se preocupan más por ajustarse al guión que por seguir los dictados de la ciencia. Dan fe Robert Shaler, director del programa de ciencia forense de la Penn State University (EE UU), y su currículo de 40 años en el laboratorio. “Yo he sido un tipo de laboratorio criminalístico, pero nunca he sido la persona retratada en televisión”. Su dictamen preliminar: “Esa persona realmente no existe”. El ejemplo más visible: la csi Catherine Willows (foto) y sus tacones de aguja resonando en las escenas del crimen. A los csi del mundo real no se les ocurriría llevar tacones a una escena. Segunda inexactitud más extendida en televisión: “Hacer que la ciencia haga algo que no puede”. Según la ciencia del prime time, los rastros de sangre aparecen con un simple fogonazo de luz ultravioleta. “Bueno, sí hay una manera de hacer la sangre fluorescente –explica Shaler–, pero tienes que rociarla primero con sustancias químicas”. Los análisis de laboratorio tampoco tardan unas pocas horas en estar listos. Tras las cámaras, hay que esperar días e incluso semanas.

Un 72%. Es decir, siete de cada diez optarían por ver los goles de su equipo antes que arriesgarse a un penalti en propia puerta. Seis de cada diez planifican su vida alrededor de los partidos. Las estadísticas fuera de campo las suscribe el Centro de Investigación de Asuntos Sociales (SIRC), que ha testeado las pasiones futboleras de aficionados de 17 países europeos. Una afición sentida: dos de cada tres confesaron haber llorado durante un partido.
Más envíos Página siguiente >