Al margen de la genética, la probabilidad sigue siendo del 50%, igual que con su primer hijo. Es la misma probabilidad que hay de sacar cara o cruz al lanzar una moneda al aire, por mucho que hayan salido antes cinco caras seguidas. Es lo que se conoce como “la falacia del jugador: no reconocer la independencia de sucesos independientes”, señala el matemático Martin Gardner en el libro ¡Ajá! Paradojas que hacen pensar.