Más de 43 trillones. O, lo que es lo mismo, 20 dígitos de posibilidades: exactamente 43.252.003.274.489.956.000. Es decir, que si algún paciente cubadicto quisiera pasar por todas las configuraciones posibles, al ritmo de un segundo por giro tardaría 1.400 billones de años. Una eternidad billonaria, a la escala de sus ventas. El Cubo Mágico –su nombre original– es el best seller de los juguetes: en sus 35 años de vida –desde que lo ideó el húngaro Erno Rubik– se han vendido 400 millones de cubos de colores.

Fue el juguete de moda de los 80. El puzzle de bolsillo llegó a España en 1981 y en el 84, uno de cada tres hogares ya tenía uno. Con los años, la nostalgia ochentera ha desembocado en adicción social: su uso compulsivo ha dado nombre a dos diagnósticos: pulgar de cubista y muñeca de Rubik. Hay una asociación para ayudar a los cubadictos (Cubahólicos Anónimos) y se celebran más de 50 competiciones oficiales al año (el próximo campeonato del mundo será el viernes, en Düsseldorf). El universo Rubik se ha convertido en carne de Guinness y de caprichos millonarios: el cubo más caro del mundo (34 quilates de rubís y 34 de esmeraldas) cuesta 1 millón de euros. El El cubacólito más rápido es Erik Akkersdijk: consiguió instalar los seis colores en sus respectivas caras en 7,08 segundos. Aunque en la cubomanía aún se busca el más-difícil-todavía: con los ojos vendados (lo hizo Haiyan Zhuang en 35,96 s.), con una mano (Gunnar Krig, 13,80), con los pies (Chang Jee-Hoon, 36,94).

El cubo de Rubik –el mismo que se vendía en los 80– no se ha movido de las jugueterías. Aunque le ha salido competencia dentro de casa (hay una versión electrónica y otra esférica), en España se han vendido en los últimos cinco años 350.000 cubos de los de toda la vida. En Navidad, dará el salto al formato de moda. Rubik Touch tendrá seis caras táctiles, a lo iPhone, y precio de coleccionista: 150 euros.