Más de 250 sustancias que incendian literalmente el cerebro”, responde Eduardo Punset en su libro Por qué somos como somos. Así que en los enamoramientos es el cerebro, y no el corazón, el que lleva la voz cantante, añade. El resultado es “un bloqueo cerebral a los influjos negativos”. Es decir: la felicidad. Un éxtasis anímico en el que el enamorado es inmune a ciertas enfermedades, pero también desciende drástricamente su producción en el trabajo.