Monday, June 22, 2009 7:58 PM
Imma Muñoz
Llegó el momento
Me van a perdonar si entro en un terreno personal, pero es que hay cosas que tengo que explicarles. Prometí un comentario sobre Claus y Lucas, de Agota Kristof, y el comentario no llega. Todavía no he terminado de leerlo. Y no es que no me guste, pero me duele. Me extenúa. Me obliga a bregar con su aridez, a rascar la coraza de deshumanización en busca de esperanza, a desenterrar la inocencia que yo sé que aún existe en sus personajes. Y cuando me sangran las manos y creo que voy a darme por vencida, me ofrece un dulce bálsamo que me repone e impide que desista. Pero entonces no puedo más y tengo que cerrar el libro, porque prefiero quedarme con ese sabor agridulce que arriesgarme a empapar en desasosiego mis sábanas.
Y en éstas llega Larsson y me salva. Lo compré el mismo 18 de junio, el día que se puso a la venta, a las nueve de la mañana, en el quiosco-librería de mi calle. Y me sumergí en él esa misma noche, pasando de Claus, pasando de Lucas, pasando de zozobras, pasando de alta literatura (Agota Kristof les aseguro que lo es), pasando de los últimos cambios que se han producido en mi vida profesional y que me mantienen alejada de ustedes. Y es que algún día tendré que actualizar el perfil que acompaña estas líneas y contarles que ya no soy redactora de Opinión, que hace dos semanas que me he unido a la sección de Suplementos y que los nervios del cambio no me dejan el cuerpo para escrituras. Y les vuelvo a pedir perdón por contarles todo esto, que tal vez no les importe lo más mínimo, pero necesito que sepan que Entre sábanas no ha sucumbido a la primavera, sino que su autora busca una tranquilidad que le permita volver a hablar de libros con ustedes. Y no está sola en la búsqueda: la acompaña Lisbeth, que la abducirá durante un par de semanas, de acuerdo, pero la devolverá fresca y renovada a la cita cibernética.
Espero que sea muy pronto y que ustedes sigan aquí para verlo.