El Parlamento Europeo logró hoy una gran victoria política al obligar a retrasar hasta otoño la votación para ratificar el nombramiento del conservador José Manuel Durao Barroso como presidente de la Comisión Europea por otros cinco años.

La presidencia sueca de la Unión Europea (UE) anunció hoy que renunciaba a forzar esa votación el 15 de julio, como quería el propio Barroso, al constatar la falta de respaldo parlamentario suficiente. La mayoría de los principales grupos parlamentarios, excepto el grupo popular, habían rechazado el procedimiento de ratificación acelerada de Barroso, justo al día siguiente de la constitución de la nueva Eurocámara.

La renuncia de la presidencia sueca a su plan inicial de lograr esa ratificación acelerada de Barroso en julio constituye un éxito para los grupos socialista, verdes, liberales e izquierda unitaria europea, que se habían movilizado contra la sumisión de la Eurocámara el diktat de los gobiernos de los Veintisiete, en especial del líder de los ecologistas, Daniel Cohn-Bendit, y del presidente del grupo socialista, Martin Schulz.

Esto obligará a Barroso a someterse a un proceso de comparecencias con cada uno de los grupos parlamentarios para exponerles cual va a ser su programa detallado de actuación para los próximos cinco años, algo que el actual presidente del Ejecutivo comunitario quería evitar.

Este procedimiento también permitirá a los diferentes grupos parlamentarios exponer sus críticas a la gestión realizada durante los últimos cinco años por Barroso al frente de la Comisión Europea. El procedimiento obligará asimismo a Barroso a escuchar las exigencias y condiciones que formulen los eurodiputados para concederle un voto favorable.

A pesar de ser el único candidato oficial al puesto, la nominación de Barroso está lejos de estar asegurada. Barroso quería una ratificación acelerada porque si se producía en julio, en aplicación del actual Tratado de Niza, sólo necesitaría el voto favorable de la mayoría de los eurodiputados presentes.

Al retrasarse hasta otoño, es probable que los eurodiputados reclamen esperar a efectuar la votación tras la prevista entrada en vigor del Tratado de Lisboa, después de las elecciones legislativas alemanas de septiembre y del nuevo referendo irlandés de principios de octubre.

Con el nuevo Tratado de Lisboa, Barroso necesita la mayoría absoluta de la Eurocámara para lograr su nombramiento. Esto supone 369 votos sobre un total de 736 y muchos más votos de los que necesitaría con el Tratado de Niza.

Debido al elevado número de eurodiputados que no asisten a los plenos, la tarea corre el riesgo de transformarse en una misión imposible, ya que Barroso necesita todos los votos de su grupo popular, más los votos del grupo liberal y al menos una parte de los votos socialistas y de los euroescépticos.

El Tratado de Lisboa establece que, si el candidato no logra esa mayoría absoluta de la Eurocámara, los líderes de los Veintisiete presentarán a otro candidato. Nadie duda que si se dieran esas circunstancias aparecerían con rapidez otros candidatos conservadores, que ahora prefieren guardar un prudente y discreto silencio.

Barroso intentará de nuevo movilizar sus habilidades de camaleón político y prometer a cada grupo político lo que quiere escuchar. Pero sus constantes vaivenes política europea en función de la presidencia de turno durante los últimos cinco años, sus marcadas propuestas de liberalismo económico, su rechazo hasta el último minuto a regular los mercados financieros y su patente falta de coraje político constituirán un lastre de imprevisibles consecuencias frente a una Eurocámara que quiere demostrar su fuerza y peso político.