Texto: Marc Marginedas    Fotos: Sergio Caro  

En nuestro diario siempre dijimos que daríamos prioridad a la actualidad sobre la agenda preestablecida. Y lo prometido es deuda. Acabábamos de aterrizar en Kandahar, la principal ciudad del sur afgano, donde se gestó y creció el régimen talibán, y mientras ultimábamos nuestra historia pendiente sobre un centro de rehabilitación de toxicómanos en Herat, recibimos hoy, a las 8.30 horas de la mañana, una llamada telefónica personal del gobernador provincial. Asadulá Jaled nos daba la bienvenida a su territorio y nos convocaba a una rueda de prensa urgente que iba a celebrarse en aproximadamente 30 minutos.

De camino en nuestro coche alquilado, pudimos saber de qué se trataba. El Gobierno de Kabul acababa de anunciar la muerte del mulá Dadulá, --el principal comandante de la insurgencia talibán en el sur del país y uno de los 10 miembros del consejo directivo talibán, con una importancia similar a la que tuvo en su día en Irak Abú Musab al Zarqaui-- y para despejar todo tipo de dudas, iba a mostrar su cadáver a la prensa que en esos momentos se encontraba presente en Kandahar.

James Bays, corresponsal en Kabul de la cadena Al Jazira en lengua inglesa, que había llegado a la ciudad en nuestro mismo vuelo, suspendió inmediatamente sus planeadas vacaciones con su novia, aunque lo hizo con la satisfacción propia de un periodista que tiene entre manos una noticia de enorme relevancia.

El satisfecho gobernador

Un sonriente Asadulá Jaled hizo su aparición en una sala de la sede del gobernador, un pulcro y espacioso edificio del centro de Kandahar. "El asesino de muchos afganos, la persona que decapitó a mucha gente, está muerto; puedo decirles que Dadulá no era un ser humano", ha proclamado Jaled en lengua pashtu y en un inglés más que correcto. Durante una breve intervención, el gobernador de Kandahar ha querido remarcar que el mulá ha sido abatido en una operación conjunta de soldados de la Fuerza Internacional de Ayuda a la Seguridad (ISAF) y el Ejército afgano y ha dado como único detalle sobre la operación militar que se había producido en la vecina provincia de Helmand.

Minutos más tarde, el máximo dirigente local de Kandahar ha invitado la prensa a salir del edificio para contemplar el cuerpo sin vida de Dadulá, mientras insistía una y otra vez que no había duda alguna de que se trataba del comandante talibán, ya que sus restos mortales habían sido cotejados con gente que lo había conocía de cerca.

Cubierto con una sábana rosa

En una camilla y cubierto con una sábana rosa, hizo su aparición elo cuerpo de Dadulá. Los funcionarios afganos se cuidaron mucho de mostrarnos el pecho o el abdomen, pero sí su rostro y la pierna izquierda amputada, un indicador de que muy probablemente se trataba de él. El cuerpo estaba cubierto aún por una fina película de sangre coagulada y presentaba una importante herida en una mano. A través de los móviles, los colaboradores locales basados en Kandahar que trabajan para las agencias internacionales de información no dejaban de transmitir sus informaciones. "No hay duda de que es él", señalaba en inglés, entre el griterío, un periodista local a su oficina central.

La muerte del mulá Dadulá, caso de confirmarse definitivamente, supondría un duro golpe para la insurgencia talibán en el sur del país. Puestos en contacto con el portavoz talibán, Qari Yusuf Ahmed, no hemos podido extraer una confirmación de filas de la insurgencia. "Muchas veces anteriores el Gobierno había anunciado su muerte o su arresto", ha sido su único comentario.