Tuesday, May 08, 2007 10:16 PM
Marc Marginedas
Herat mira con recelo a la OTAN

Texto: Marc Marginedas Fotos: Sergio Caro
Para unos recién llegados, intentar descodificar el estado de ánimo de una población respecto a un acontecimiento particular constituye una arriesgada misión en la que siempre se bordea el abismo de las generalizaciones. Y la tarea que nos fijamos ayer, introducirnos en el pensamiento del ciudadano de a pie en Herat y conocer su opinión acerca de la presencia de un contingente multinacional en el que están incluídos 690 soldados españoles --máxime cuando somos españoles y, por ende, parte interesada-- no fue más que una labor de aproximación que en ningún momento puede equivaler a un sondeo o a una encuesta científica. Los resultados, no obstante, no dan margen alguno a la OTAN para lanzar las campanas al vuelo. El estado de opinión no parece excesivamente favorable al contingente militar, y las declaraciones recogidas van desde un moderado recelo hasta un frontal rechazo, por mucho que algunos encuestados diferencien entre países y vean con más simpatía a algunos frente a otros, léase aquí EEUU o el Reino Unido.
El lugar escogido para nuestro pequeño debate sobre los militares extranjeros en Afganistán fue la principal mezquita de Herat, de nombre Masijid Jami, un majestuoso templo musulmán de 5.632 metros cuadrados y 480 tejados, cuya construcción se inició allá por el año 1.200 --guía turística dixit-- y capaz de albergar a 35.260 musulmanes, aunque en su jardín oriental, precisan los clérigos, quepan unos 100.000 fieles. El momento elegido fue una media hora antes de la plegaria del anochecer, cuando el lugar sagrado rebosa de piadosos estudiantes en meditación, vestidos con shalwar kamiz (camisones largos) sin mácula y prestos a entrar en un distendido debate con unos recién llegados como nosotros.
Tanteos de rigor
Tras los tanteos iniciales de rigor, de saber quién es quién y por dónde puede ir cada uno, y superar los temores que siempre suscita un desconocido en un país poco acostumbrado a ver a occidentales en una mezquita, Izatulá, un tayiko de "19 o 20 años", con una poblada barba color carbón, que desconoce a ciencia cierta su edad, se lanza al ruedo: "Yo creo que todos los extranjeros deberían irse; para nosotros, los afganos, la religión es muy importante y los extranjeros pueden traer malos hábitos como el vino; si en su lugar vinieran árabes, les recibiríamos con los brazos abiertos".
En seguida, su opinión es secundada por Abdelkader, tímido joven de tez oscura de la etnia pashtu, --en la que surgieron y crecieron los talibanes-- que hasta el momento se ha limitado a poner la oreja y mostrarse condescendiente. "Opino lo mismo", sentencia. Abdelnaser no va tan lejos como sus compañeros, aunque cree que las tropas extranjeras desplegadas en Afganistán tienen "sus propios objetivos", sugiriendo así que su presencia es totalmente ajena a cualquier forma de altruísmo internacional. En medio de un coro cada vez más numeroso de opiniones desfavorables, se alza la voz de Shabudín, originario de la paupérrima Qala-i-Now, donde los españoles dirigen la reconstrucción: "Hacen mucho por mejorar la vida".
Los chiís, contra EEUU
Como era de esperar, los chiís de Afganistán, bajo la influencia de Irán, distinguen a sus enemigos. "Los españoles están haciendo una gran labor; no los británicos ni los estadounidenses", apunta en su despacho Afizulá Nayafi, uno de los principales líderes chiís de Herat. Mientras digerimos el debate, preparamos la maleta para viajar, hoy, a Badghis, a 160 kilómetros de distancia, una inmensidad en este país que nos impedirá enviar mañana nuestra crónica diaria.