jueves, 03 de mayo de 2007 13:17
Marc Marginedas
Los Jan no perdonan

Texto: Marc Marginedas. Fotos: Sergio Caro.
Campos de amapolas en flor a la espera de ser cosechados --la materia prima de la heroína-- y milicianos pertrechados con kalashnikovs dan la bienvenida a nuestro Toyota todo terreno, tras vadear, no sin dificultades, el crecido cauce de un río. Acabamos de penetrar en el valle de Zerkoh, al sur de la población de Shindand, el lugar donde, supuestamente, tropas de EEUU abatieron la semana pasada a más de 130 talibanes. Nuestro propósito: comprobar si las versiones oficiales de los combates se corresponden con la realidad, si los caídos eran insurgentes o si, como es habitual en las guerras, eran los civiles los que habían pagado el precio de un error cometido en un despacho militar.
Para un occidental, adentrarse en el valle de Zerkoh es penetrar en terreno vedado, donde los leales a Ayi Nasrulá Jan, hermano y sucesor de Amanulá Jan --un señor de la guerra afgano asesinado en otoño en una típica lucha de clanes--, imponen su ley. Muy probablemente, nuestra visita no hubiera sido posible si en Shindand, en el último tramo del trayecto, no se no hubiera subido a nuestro Toyota Zulmai Kurzai, vendedor de vehículos originario del valle, quien nos hará de valedor y pasaporte en el opaco mundo del clan Jan.
Ayi Nasrulá Jan nos invita a pasar, nos ofrece té y, pese a la destrucción que le rodea, cumple con las obligaciones ceremoniales de todo afgano para con sus huéspedes. Durante su parlamento, no puedo dejar de fijar la mirada en su inmaculado shalwar kamiz (camisón largo) cuya ausencia de manchas no se corresponde con lo habitual en una zona rural y remota de Afganistán. Tampoco puedo dejar de prestar atención a su llamativo reloj dorado, que lo distigue de los restantes miembros de su clan porque estos, simplemente, no llevan, y en una pistola, visible bajo su chaleco.
"Nos han matado a 57 personas; ayer enterramos a 25. Ni siquiera sabemos cuántos niños murieron ahogados en el río al huir", explica entre susurros. Un hilo de voz que solo se rompe cuando se le pregunta sobre los talibanes. "No es verdad que los talibanes nos hayan pedido que nos uniéramos a ellos; aquí, en nuestro territorio, nunca ha habido un atentado contra la ISAF", grita.
Incursión de EEUU
El escueto comunicado oficial emitido el domingo por EEUU no guarda apenas similitud con el relato de Ayi Jan. Los enfrentamientos, según el cabecilla, estallaron el miércoles, cuando blindados irrumpieron en el valle para arrestar a Ajtar Mohamed, el jefe de las milicias del clan, acusado de mantener contactos con los talibanes. "Arrestaron a dos personas y mataron a dos inocentes", continúa. Todo ello degeneró en un levantamiento popular que acabó con un bombardeo aéreo en el que perecieron decenas de personas.
El clan de los Jan está en guerra, pero sus líderes saben distinguir a sus enemigos. "No tenemos nada contra los españoles ni contra los italianos, nos han llamado para decirnos que no tenían nada que ver". Pero si los soldados estadounidenses regresan a Zerkoh, ni que sea uno solo, advierte Ayi Jan, "les combatiremos hasta con la última gota de nuestra sangre".