Argentina se puede quedar afuera del Mundial de Suráfrica, y ÉL, Diego Armando Maradona, a quien se le ha tolerado todo --cantar, grabar un disco, bailar, actuar, ser representante del Estado y entrenador del seleccionado nacional: toda una foja de servicios incumplidos-- puede convertirse en el sepulturero de su propio mito. Después de las derrotas ante Brasil y Paraguay, después de que muchos argentinos se sintieran defraudados --es notable el empecinamiento: todavía esperan algo providencial--, después de la pesadilla, Dios se fue a Italia, a un spa de lujo.
Hay que reconocer que Maradona es capaz desorprender, aún a los que se sienten defraudados por sus actitudes. Porque cuando se le reclama que "ponga el cuerpo" para afrontar las adversidades, Él ,Dios, eligió recomponer su silueta en el lujoso centro de bienestar Henri Chenot, en Meranoa, Verona. Según su médico personal, Alfredo Cahe, el GranMito necesita adelgazar entre cinco y siete kilos y recuperar algo de sosiego,después de las palizas que recibiera su equipo. Un mito a dieta rigurosa:
"Nosotros lo necesitamos sano, entero y fuertepara que el día 25 entregue la lista de ugadores", dijo el portavoz de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) Ernesto Cherquis Bialo. Pero no es seguro que Maradona esté para esa fecha en Buenos Aires de cuerpo presente (y sin sus kilogramos de más) dando a conocer quiénes serán los jugadores convocados para jugar el dramático partido ante Perú. "Sería terrible no clasificar al Mundial", dijo Leonel Messi. Y la Argentina siente esa catástrófe en ciernes. Maradona necesita quemar grasas. Si la calma italiana se prolonga, no hay problema. Su médico personal ya avisó que "igual la podrá enviar (la lista de jugadores) desde cualquier parte del mundo gracias a la tecnología".
Que el exjugador pueda tensar hasta los límites insólitos la relación de afecto que mantiene con la sociedad ya no sorprende a nadie. La sorpresa sería la ruptura definitiva del romance. Una suerte de ceremonia colectiva en la que se abjurara de la deidad. Pero eso no parece posible, al menos hasta ahora. Tal vez porque hay algo aquí asociado al pensamiento mágico al decir la palabra Maradona. Como si solo al nombrarlo, los deseos se hicieran realidad. En otros tiempos, cuando el seleccionado albiceleste jugaba mal, de las tribunas bajaba un grito de desaprobación. Se le recordaba a los jugadores y el técnico la importancia del apellido:el parámetro con el que los argentinos miden su dicha futbolística. La creación de la Iglesia Maradoniana llevó al extremo el culto a una insensatez que excedea esa risueña feligresía.
El año pasado, el seleccionado de Alfio Basileno estaba haciendo bien las cosas. Dicen que Maradona conjuró hasta lograr ese cargo. No tenía experienciade entrenador. No era un buen ejemplo moral. Pero era Maradona, y con eso,alguien pensó, acaso bastaba.
En esa distancia entre realidad y anhelo radica parte de un presente problemático que trasciende el fútbol. Hace 18 años que Maradona dejó de ser aquel jugador único. Pero una parte de la sociedad, alimentada por el peor excitismo, lo quiere seguir viendo congelado en el tiempo, dejando ingleses por el camino. Esa necesidad eilusión de vivir con un Maradona siempre joven, recordando una edad de oro, parece explicar la enorme indulgencia para con sus actos.
El negocio del espectáculo lo convirtió una suerte de Lázaro mediático. Diego se levantaba para andar una y otra vez ante las cámaras. En su ciclo televisivo, llamado Lanoche del Diez, designó como heredero a Lionel Messi. Pero, ¿qué se transfería en ese ritual? ¿La inspiración? ¿La falsa rebeldía? ¿La pretensión de impunidad? ¿El narcisismo exponencial? ¿Estaba bien que Messi fuera el futuro Maradona y no Messi?
Al principio se dijo que el Maradona entrenador haría valer positivamente el pesode su leyenda sobre un grupo atribulado. Los motivó con carteles y consignas. Estableció jerarquías --Javier Mascherano por encima de Lio--. Celebró misas y hasta --señala la prensa local-- llevó a Paraguay a un brujo para que enderece el rumbo. Hasta el momento, en la canchase ha visto cualquier cosa menos un equipo.
Hace casi 11 años, el 7 de setiembre de 1998, Marcelo Bielsa asumía como entrenador del seleccionado argentino. "No me gusta", dijo entonces Maradona, que todavía no había abandonado formalmente su carrera de jugador. Para el Diez la eficaz actuación del Velez Sarsfield de Bielsa había sido, en ese sentido, engañosa, a pesar de haberse quedado con el título. "Si los dirigía Andrea Bocelli [el cantante ciego], igual salían campeones". Y, también, hace un poco más de 40 años, un 31 de agosto de 1969, Argentina quedaba eliminada del Mundial de México´70 al empatar en Buenos Aires ante Perú 2-2. Fue un golpe durísimo al orgullo y la arraigada creencia de "ser los mejores". ¿Qué ocurre ahora? Bielsa irá a Suráfrica con Chile, donde hasta los empresarios quieren escuchar sus opiniones sobre liderazgo. Y Argentina está cerca de retroceder 40 años, a los tiempos en los que se quería tapar el sol con un dedo. De la mano de Dios.
Un empresario deportivo pensó que juntar a Maradona con Messi sería tan buen negocio como Los Beatles. La tarde del miércoles, poco antes de la cuarta derrota argentina, unos Beatles "falsos" se presentaron en Buenos Aires para celebrar el relanzamiento de la discografía de los fab four "reales". Horas más tarde, llegaba la caída ante Paraguay. "Que le salve su Dios", se burló en Asunción el Diario Popular. En la capital argentina, Jorge Rial, un presentador televisivo, acaba de acusar a ese mismo Dios de "fracasado" y "mufa" (trae malasuerte). Maradona confía en que volverá a ser adorado y tendrán que pedirle perdón. Por ahora, carga energías en un spa, gozando de los estertores del verano europeo.