'A' de apasionante. Así quedó reflejada la expectación que despertó el sábado en Mónaco la primera etapa del Tour 2009. Muchísima gente, mucha, tribunas llenas y más de una persona comentando que la llegada de la ronda francesa al principado se asemejó al interés que levanta cada año el Gran Premio de Fórmula Uno.

'B' de brindis. Precisamente por los espectadores, por la afición al ciclismo, sobre todo francesa. A las 7 de la mañana ya había gente en los lugares estratégicos de la carrera. Más de 12 horas esperando el paso de los participantes del Tour.

'C' de Contador. Por supuesto, demostró en la primera etapa que va en serio y que su objetivo no es otro que conseguir una segunda victoria en los Campos Elíseos de París.

'D' de dominio. El extraordinario control que tienen los ciclistas profesiones de sus bicicletas. Hubo en Mónaco casi 8 kilómetros de descenso. Las bicis casi se pusieron en algunos tramos a 100 kilómetros por hora. Y no hubo ninguna caída.

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Querido internautas, os envío un cariñoso saludo desde Montecarlo. Estoy ahora a apenas unos 100 metros de la rampa de salida de la contrarreloj inaugural del Tour. Acabo de saludar a un melenudo Óscar Pereiro que había finalizado el reconocimiento del circuito de 15,5 kilómetros que abre esta tarde la edición de una ronda francesa que será recordada, entre otras cosas, por el paso por Barcelona. Faltan solo cinco días para que la capital catalana recupere un sueño que parecía perdido, porque desde 1965, desde la histórica escapada de Pepe Pérez Francés, la más importante ronda ciclista no había pisado territorio barcelonés.

Los que acostumbráis a leer este blog ya sabéis que tengo un vicio, no me atrevo a llamarlo enfermedad, porque si así fuera habría una pandemia por el mundo, y esta manía no es otra que intentar arañar tiempo cada día para rodar un poco en bicicleta. Mi amigo Gúmer Olmo me ha prestado una de sus Proflex de carbono para que pueda lucir sus colores rojo y negro por las carreteras de la ronda francesa. Así que esta mañana, a las 7, ni corto ni perezoso, todavía con la niebla que cubre todas las mañanas la cumbre de Eze –territorio francés, cima que ha hecho leyenda en la París-Niza—he descendido desde mi hotel hasta el Principado de Mónaco, para buscar las calles de Montecarlo, atravesar la parrilla de salida del Gran Premio de F-1 y enfilar luego los siete kilómetros de cuesta y otros tantos de bajada y notar de este modo, con el sudor de la propia piel, las sensaciones de los héroes del Tour.

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Tenía yo ganas de escribir un poco sobre Alejandro Valverde antes de comenzar a activar este blog con motivo del Tour, que comienza el próximo 3 de julio en Mónaco. Por desgracia y por injusticia, la ronda francesa del 2009 se correrá sin la presencia del ciclista murciano, número uno mundial.

Jamás, ni en este blog ni en las páginas de EL PERIÓDICO, he defendido yo a un corredor que se haya dopado. He sido muy crítico y he mostrado mi indignación con los comportamientos de ciclistas como Alexandre Vinokurov o Riccardo Riccò. Censuré también a Iban Mayo cuando se descubrió su positivo en el Tour, rodeado, eso sí, de cierto suspense. No he tenido ganas –ninguna—de comentar la suspensión cautelar que recae desde hace unos días al ciclista mallorquín Toni Colom. Esta misma situación me costó el distanciamiento con Roberto Heras y me da rabia que, pese a las comportamientos antideportivos que se han dado en el ciclismo, algunos corredores –yo siempre quiero creer que cada vez son menos—continúan apostando por pedalear en la línea equivocada.

Defiendo también la tesis que Patrice Clerq, expresidente del Tour, hizo pública hace un año cuando se descubrió el dopaje del italiano Riccò. No es una desgracia, sino una buena noticia, cada vez que cae o se descubre un tramposo, porque ello significa que un buen número de corredores practica este deporte en la senda correcta.

Sin embargo, ahora, el caso de Alejandro Valverde es para mí distinto, hasta el punto de que me atrevo a manifestar que se ha cometido una tremenda injusticia con él. El Tour comenzará huérfano por su ausencia, como lo estuvo hace un año por culpa de la baja de Alberto Contador. No comprendo cómo la Unión Ciclista Internacional (UCI) no ha sido más contundente –de hecho no lo ha sido nada-- y no ha salido en defensa del corredor que es líder en la clasificación mundial, porque nadie se imagina –aparte de lesiones—a Rafael Nadal, número uno del tenis, excluido de Roland Garros o Wimbledon, o a Tiger Woods sin el derecho a participar en el Masters de Augusta, por poner dos ejemplos.

Valverde no ha dado positivo y su trayectoria en estos últimos años es incuestionable y no por sus resultados deportivos, brillantes por otro lado, sino por los propios controles que ha pasado, el corredor del pelotón mundial que más veces ha sido analizado. Sin ir más lejos, la semana pasada tuvo que someterse a una doble sesión de análisis por sorpresa, tarde y noche, en su casa de Murcia.

No es una buena noticia para la UCI, más incluso que para el propio ciclismo, que el número uno del mundo se haya visto privado de participar en la principal carrera del mundo. Nunca se acabará de comprender qué ha motivado a las autoridades deportivas italianas a emprender una extraña cruzada contra un corredor que ni es de su país, ni ha tenido problema de dopaje alguno en las pocas carreras en las que ha participado en Italia. La forma de actuar, según los juristas consultados, deja muchas formalidades en el aire e incluso, la propia sentencia, podía permitir a Valverde participar en una prueba deportiva que atraviesa territorio italiano por el hecho de que está organizada por una sociedad extranjera.

El Tour, que ha querido encontrar una salida, no desea tener problemas porque sabe que cualquier situación anómala en su carrera adquiere una dimensión extraordinaria. Valverde ha sido una víctima en toda esta situación. Y hasta se puede considerar como una tremenda mala pata que la ronda francesa recorra un centenar de kilómetros por el valle de Aosta en la16ª etapa. Hay que luchar contra el dopaje, hay que perseguir a los tramposos y echarlos del deporte, sea cual sea la disciplina, y sobre todo del ciclismo, donde se han cometido abusos que han dañado la imagen de esta disciplina. Pero con actuaciones como la emprendida hacia Valverde no se soluciona nada. Solo se demuestra la desunión que hay en el ciclismo y los intereses creados. Valverde ha sido una víctima y la UCI no ha sabido estar a la altura de las circunstancias; una vez más, aunque por desgracia no será la última.

He tenido el gozo de seguir esta semana la Volta a Catalunya que, desgraciadamente, ha estado apeada de las retransmisiones de televisión, lo que no sucedía desde hace más de 20 años. Por desgracia, vivimos tiempos de crisis y las televisiones cada vez tienen que apurar más los gastos a la hora de gestionar las retransmisiones deportivas. Y el ciclismo, desafortunadamente, es un deporte caro. Se necesitan helicópteros, aviones, motocicletas, satélites.

Es entonces cuando el aficionado sufre las consecuencias de las restricciones. Adiós a la retransmisión. Adiós a la posibilidad, tal como ha ocurrido esta semana, de seguir las proezas de Alejandro Valverde por las carreteras catalanas.

El Giro, de nuevo, está pasando desapercibido en España, o casi desapercibido. Que rabia. Sé que los muy seguidores intentan no perderse una etapa. En ocasiones, a través de la retransmisión de Eurosport y cuando no gracias a la página web de La Gazzetta dello Sport, que ofrece de forma gratuita y sin necesidad de tenerse que suscribir la posibilidad de presenciar en vivo y en directo el desarrollo de la etapa. Por cierto, este lunes, 25 de mayo, merece la pena intentar arañar un poco de tiempo y no perderse la que está considerada como etapa reina de esta edición de la prueba.

Mejora, poco a poco, Pedro Horrillo. El sábado mi amigo Carlos Arribas fue a visitarlo al hospital de Bérgamo. Continúa en la unidad de vigilancia intensiva, pero si todo va bien, el jueves o el viernes será trasladado en un avión medicalizado a un centro hospitalario de Bilbao para continuar su recuperación.

Todo esto ha sucedido mientras la ronda catalana ha cruzado Catalunya casi de punta a punta con una incursión a Andorra donde se disputó la etapa reina, descubriendo una nueva vía de ascensión a la cumbre de Pal, en la estación de esquí de Vallnord, mucho más larga, intensa y emocionante. A tener en cuenta para futuras ediciones tanto de la Volta, como de la Vuelta y, por qué no, del propio Tour de Francia, que este año vivirá también etapa en el principado pirenaico.

Y todo esto ha ocurrido en la semana en la que se ha recordado a Luis Ocaña con motivo del 15º aniversario de su muerte. Bueno, tal vez soy un poco generoso al afirmar que “se ha recordado a Ocaña”, porque la verdad muchos actos no se han celebrado --por no decir ninguno-- en memoria de quien sin duda ha sido uno de los mejores ciclistas de la historia.

Sé que en cuanto te dejen los médicos te pondrás a leer como un loco, porque aparte de subir a una bici, no hay nada que te guste más que la lectura. Querido Pedro, quiero que sepas, porque él no te lo dirá, que tu amigo Carlos dejó el sábado la sala de prensa de Bérgamo y se fue directo al hospital. Quería verte, porque –tampoco te lo dirá—estaba muy preocupado.

Me enteré de tu accidente mientras seguía la etapa del Giro y me empecé a preocupar cuando Álvaro Pino explicó que te caíste por un barranco de más de 60 metros y que había sido una caída complicada. Y tanto que había sido complicada, complicada e inquietante, tanto que los servicios de salvamento no daban contigo. Me acordé entonces del tremendo trompazo que hace casi un año se dio Óscar Pereiro en el Tour. A él también se le quedó la bici en la carretera y salto por los aires; él, al arcén y tú por un descenso de piedras, árboles… bestial.

No has ocupado grandes espacios en los telediarios y otros acontecimientos deportivos te han quitado el protagonismo que tu caída habría adquirido de haber sido un ciclista mucho más famoso. ¿Y qué es ser famoso? Saben las grandes figuras del pelotón, como tu amigo Óscar Freire, que sin Horrillos difícilmente podrían triunfar. Incluso tú, en alguna ocasión, como hace unos pocos años en la París-Niza, te permites obsequiar con un triunfo de etapa.

 ¿Ilusión verdad? Seguro, que sí. Porque algunos saben que siempre has cumplido con tu doble faceta, la de corredor-informador, desde tu sillín o desde tu sillón, porque te has perdido un montón de carreras importantes por culpa, muchas veces, de tus caídas. Será que eres un poco bruto, quizá por vivir cerca de Bilbao, o simplemente porque no has tenido la suerte de otros compañeros.

Decía Freire, que en enero se rompió una costilla en California, que era un afortunado porque había corredores que todos los años se fracturaban algún hueso y él era la primera vez que le sucedía una desgracia de este calibre tras una década de profesional. Fíjate… Lance Armstrong se ha tenido que romper la clavícula en la segunda parte de su vida deportiva.

Y es que hay pocos corredores que hayan querido estudiar filosofía pura y que enseñen su burrita (un asno precioso) en el ordenador portátil como si se tratara de un querido amigo; cómo crece, cómo come. Y hasta ver tus ojos chispear cuando hablas de Marruecos y escuchas con atención las aventuras de la Titan Desert, que te espera dentro de unos años con los brazos abiertos.

Menudo susto, Pedro. Sirva para decir que muchos olvidan que el ciclismo es un deporte de riesgo, porque –es verdad—estáis un poco locos de lanzaros por descensos a veces por encima de los 100 kilómetros por hora. Pero cuando se produce una caída es más por una desgracia, por una casualidad, porque en este deporte ni hay zancadillas, ni empujones, ni se suele buscar la desgracia del contrario. Gana casi siempre el más fuerte, que no quiere decir que sea el mejor. Porque hoy el mejor se encuentra tumbado en la cama de un hospital. Porque hoy el mejor no nos podrá contar en El País cómo ha sido su caída. Porque hoy el mejor ha arrancado una mueca de preocupación a su amigo Carlos. Porque hoy el mejor ni podrá montar en bici, ni abrir su ordenador, ni leer un libro. Porque hoy el mejor, en cambio, sabe que sus dos hijos le esperan en casa y la burrita también. Y todos los demás. Hasta una persona de buen corazón que anoche rezó por ti.

Os quiero hablar hoy un poquito del Giro. Hacía días que tenía previsto hacerlo, pero andaba un poco liado con todo el ajetreo que tenemos en la sección de deportes con el Barça. Supongo que aquellos que, como yo, adoráis este deporte, estáis siguiendo la ronda italiana por Eurosport, que es, televisivamente, el único medio donde se ofrece la carrera, aunque os informaré que también existe la posibilidad de ver las imágenes en directo a través de la página web de La Gazzetta dello Sport (gazzetta.it).,

Y hablar del Giro es hacerlo de Lance Armstrong, quien –a lo mejor me equivoco—pero hoy va a sufrir, mucho, muchísimo, en la primera y auténtica dura ascensión de los Dolomitas. Ayer se dejó 15 segundos en un puerto en el que el pelotón subió a tren, al margen de un par de ataques del colombiano Soler en los últimos kilómetros y en la lógica aceleración para la victoria de etapa, en este caso del incombustible Danilo di Luca. Hoy, para desgracia de Armstrong, y ojalá me equivoque, y lo digo de todo corazón, el tejano va a padecer muchísimo, a no ser que el pelotón de favoritos se tome la jornada en plan paseo cicloturista, algo que parece complicado; entre otras cosas porque los italianos quieren eliminar al estadounidense, ahora que todavía no ha cogido el ritmo de competición –solo hace falta recordar que hace un mes y medio se fracturó la clavícula y que los médicos habían diagnosticado ocho semanas de recuperación—ya que todavía no han olvidado que hace un año perdonaron a Alberto Contador –se apuntó al Giro sin apenas entrenamiento estando de vacaciones—y luego cuando ya se acaloró nada pudieron hacer con él y llegó vestido de rosa a las calles de Milán.

Este año, en cambio, el Giro finaliza en Roma, porque es la edición del centenario y, por cuestiones patrióticas, se ha quedido recompensar a la capital del Estado. A aquellos que no consideráis la carrera como una ronda clandestina, también estaréis pendiente de lo que pueda hacer Carlos Sastre, a quien la llegada de hoy le va como anillo al dedo y no es ninguna locura pensar –a no ser que la típica escapada llegue a la parte final con minutos irrecuperables para el pelotón—que tiene números para aspirar a la maglia rosa. Sastre, vencedor del Tour del año pasado, un título que algunos parece que hayan olvidado, es un ciclista con motor diésel, pero con caballos y paciencia suficiente como para no inquietarse y pasito a pasito ir escalando posiciones hacia el podio final de la prueba. ¿En qué escalón? En cualquiera.

Porque este es un Giro centenario para ciclistas veteranos. Carlos Arribas, en El País, ponía en relieve la circunstancia de que todos los favoritos a la victoria final, a excepción de Cunego, superaban con creces los 30 años. Sí. Es un pelotón veterano, no sé si es porque el ciclismo envejece, aunque allí está la figura de Contador para desmentir esta teoría.

Hablando de Italia también no quería dejar de comentar la sanción por dos años que el Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI) ha impuesto a Alejandro Valverde. La actuación de este organismo se ha movido en el oscurantismo; al margen de si la dichosa bolsa de sangre de la operación Puerto pertenece o no al corredor murciano, cualquier deportista, cualquier persona tiene el derecho a defenderse. En los juicios penales se muestran y no se esconden las pruebas. A la defensa del ciclista no le han enseñado nada, absolutamente nada, que ponga en relieve que Valverde ha cometido una infracción de dopaje. Valga aquí la circunstancia de que las autoridades españolas no han castigado al corredor, que a partir del lunes será la estrella de la Volta a Catalunya. Si no se le ha sancionado en su país –por cierto, el CONI no dejó personarse a la federación española en calidad de testigo—por algo será. Esperemos que el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo, que ya falló a favor de Valverde en septiembre del 2007) actúe con mayor rigor, porque solamente con transparencia se lucha eficazmente contra el dopaje.

Pues aquí estoy... No todo lo feliz que querría estar, pero al menos con mi segunda Nissan Titan Desert finalizada. Cansado y dolorido, sobre todo en mi rodilla derecha que hoy durante la última etapa me ha vuelto a castigar pero, al menos eso creo yo, no ha restado eficacia a todo lo rápido -o a lo mejor es lento- que yo puedo mover los pedales de mi bicicleta.

Quisiera, ahora que la mayoría de participantes se están refrescando en la piscina del hotel de Ouazarzate, desde una fresca sala de prensa, bajo un techo de cemento y no la lona de una tienda de campaña, sin que hayan ni piedras ni arena a mis pies, sin polvo, limpio, fresco y agotado, dedicar una serie de agradecimientos a las personas que me hay ayudado en este reto. En primer lugar a los más actuales y que no son otros que los componentes del equipo Curaçao Contador, Fran, Pato y Pakito, que sin su ayuda hoy habría cruzado la línea de llegada mucho más retrasado. Los encontré de nuevo con problemas mecánicos cuando todavía faltaban una veintena de kilómetros. Me dijeron que me colocara a rueda de ellos, y a su rueda, por detrás de Fran Contador, he cruzado la última meta de la Titan 2009. Me he clasificado en la posición 82 de la general, que no creía ni en sueños que pudiera alcanzar después de comprobar nada más llegar a Marruecos la calidad que había este año en la mayoría de participantes. Leer más

Hay una imagen que me encanta contemplar cada mes de julio. Solo se observa desde la estación de esquí de Serre Chevalier, cerca de Briançon, los Alpes… el Tour. Se levanta la cabeza y se divisa la carretera que asciende al Galibier. Se ven las rectas, las curvas y unas manchas multicolor que provocan centenares de miles de aficionados agolpados en la cuneta.
 Hoy no había espectadores. Tampoco existía asfalto y posiblemente por esta razón el puerto del Atlas que ha ascendido esta mañana la Nissan Titan Desert me ha recordado el Galibier, aunque mucho, muchísimo más duro y también más largo, más de 30 kilómetros, lo que ha representado casi cuatro horas de ascensión. Hoy, al menos había algo más de vegetación, temperatura más agradable, incluso por debajo de los 20 grados, un viento que refrescaba el ambiente pero, de nuevo, piedras como agujas que obligaban a levantarte del sillín, colocar el plato pequeñín, retorcerte de derecha a izquierda, apretar los dientes y prometerte a ti mismo que no ibas a poner pie a tierra.
 Hoy ha quedado sentenciada la edición 2009 de la ronda Leer más

¿Qué os parecería la sugerente idea de pasar una noche casi a la intemperie a las puertas del desierto? Pongámosle más emoción. Enriquezcamos el guión con una noche ventosa, de aquellas que levantan la arena y mueven las ramas de las palmeras hasta producir una sensación de cierto pánico. Pero no se acaba aquí la cosa. Durmamos todos en el suelo, tan solo protegidos por la tela de la jaima y una alfombra en el suelo para evitar que todo se llene de arena. Pero hay más. Mucho más. Toquemos diana a las 5 de la mañana, cuando el frío todavía domina el ambiente y preparemos una jornada de bici, nada menos que 118 kilómetros por subidas, toboganes, gravilla a toneladas y más toneladas, arena y piedras, por supuesto, en lo que, al menos en mi caso, ha vuelto a suponer un paseo de algo más de 7 horas; hoy sí, hoy en el Sáhara, el genuino, el bereber, el auténtico y real. Más de 40 grados a la sombra. ¿Pero había sombra?
 Ha sido una jornada agridulce Leer más

Hoy me he aseado en un río. Era un pequeño riachuelo, que refrescaba una minúscula aldea, cuyos niños no hacían otra cosa que pedirnos botellines, camisetas y lo que hiciera falta. No hablaban otra cosa que bereber, ni árabe, ni francés. Estoy en un pequeño rincón de Marruecos: Bou-Rbia. Este es su nombre. Por no haber no hay ni cobertura en los móviles, ni posibilidad alguna de enterarse de los resultados de la Champions. Es como si estuviéramos perdidos en un mundo desaparecido, con unas palmeras que dan cobijo y sombra, con este riachuelo donde me he podido sacar todo el polvo del cuerpo y que me ha parecido, mientras espantaba a los renacuajos que nadaban a mis pies, la mejor de las playas exóticas.

He podido terminar la segunda etapa de la Nissan Titan Desert 2009. La hermosa cantidad de 115 kilómetros, porque al final hemos tenido 28 de propina porque el oued que debíamos atravesar en el recorrido original casi parecía el Niágara, con cascada incluida y todo. Hoy ha ganado Israel Núñez, con casi 14 minutos de ventaja. Victoria en solitario y muy mal se le tiene que dar las cosas al ciclista catalán para que no se anote la victoria final. Leer más

Cuando llevas 20 kilómetros de piedras, de piedras que acuchillan los neumáticos de tu bici, cuando ya no sabes en que posición ponerte, cuando ya estás harto del condenado viento de cara que sopla por el Atlas marroquí es entonces cuando te preguntas que narices haces en la Nissan Titan Desert. Y más aún cuando te formulas esta pregunta y te dices: “si tendría que estar escarmentado, si es la tercera vez  que la corro y la conozco y sé que aquí se viene a sufrir”. Y tanto que se sufre y eso que no ha hecho otra cosa que comenzar. Leer más

Siempre odio hacer la maleta. Te pasas rato y rato pensando en que si me he dejado tal cosa o por qué he cogido tal otra. A veces hasta llegas a deshacer la bolsa creyendo que un objeto no está y luego aparece casi por arte de magia.

Como periodista, por ejemplo al partir de viaje por casi un mes para cubrir el Tour de Francia, el lío ya es monumental: ropa de invierno porque en los Alpes puede hacer frío e incluso nevar, prendas de verano porque en Toulouse el calor casi fundirá el asfalto. Pues ya no os quiero ni contar lo que significa preparar los útiles para la Nissan Titan Desert, donde se mezcla la función de participante, o sea de corredor, con la de periodista: bolsa negra cargada de ropa, no solo los atuendos para moverte por Marruecos, sino los maillots y coulotes para cinco días de carrera, sin olvidar la bolsa de hidratación –por cierto, paro un momento de escribir que acabo de recordar que me he olvidado la brújula, aunque realmente he de confesar que si me pierdo en el Atlas o el desierto no tengo ni idea de hacerla funcionar—y la mochila con el ordenador.

Ya está. La brújula se encuentra entre los utensilios del viaje. La organización obliga a llevarla en la bolsa de hidratación. Tengo un compañero, Edwin Winkels –juntos hicimos los grandes Tours victoriosos de Miguel Induráin—que en los tiempos en los que todavía no existían los GPS –“en 500 metros gire a la izquierda”—era capaz de orientarse en una carretera francesa, cuando creíamos que estábamos perdidos, por la posición del sol y descubrir donde estaba el norte, el sur, el este y el oeste. La orientación nunca ha sido mi fuerte. En el desierto, con la experiencia de haber participado ya en dos ediciones anteriores de la Titan Desert, siempre es mejor guiarte por las huellas que van dejando las bicis. Tal vez, el que vaya primero lo pasará peor, pero seguro, segurísimo, que este no es mi caso.

La bolsa ya está cerrada con sus 20 kilos de peso en el interior, la bolsa de hidratación colgará en la espalda con algunos utensilios de mano y la mochila con el ordenador se cerrará en cuanto acabe de escribir estas líneas. Mañana domingo partimos, aunque esta noche ya parte el primer contingente de participantes y auxiliares; entre ellos, Sergi Bofarull, que es el mecánico del equipo Tarragona 2017 y auspiciado por El Periódico, con el que participó. Ellos llegarán primero a Casablanca y desde allí hasta Ouazartate, donde les espera tres horas de autocar hasta el campamento. Nosotros partimos mañana, en vuelo directo a Ouzartate y desde allí el autocar hasta el campamento, a la espera de que el tiempo acompañe y podamos hacer al menos una hora de entrenamiento. Parece que ha llovido en Marruecos, dichoso tiempo alterado, aunque se anuncia sol para los cinco días de carrera. Que así sea. Buenas tardes y buena suerte.

Alguna vez acierto en los pronósticos, aunque no siempre. Cuando me atrevo a hacerlos con el fútbol, siempre me equivoco, tal vez porque me dejo llevar más por el corazón que por la realidad. En ciclismo, la pasión en algunos momentos también se puede apoderar del informador, posiblemente, si no fuera así, sería imposible dotar a las crónicas de cierto temperamento que, en el fondo, las puede hacer más atractivas.

Se me ha ocurrido hace un rato llamar por teléfono a Israel Núñez. A Israel lo conocí cuando era ciclista profesional de ruta en el equipo Kaiku. La desaparición de esta escuadra lo hizo decantar hacia el ciclismo de montaña, donde ha conseguido un buen palmarés, hasta el punto de estar considerado en este momento entre los cinco mejores ciclistas españoles de la especialidad, una posición que a punto estuvo de convertirlo en olímpico el verano pasado; un privilegio, ganado a base de mover los pedales a gran rapidez, que lo empuja ahora a liderar la copa catalana y a partir, en mi opinión, de cara a la Nissan Titan Desert, como uno de los principales, por qué no el principal, candidatos al triunfo final.

¿Qué juega a favor de Núñez? Varios detalles. El conocimiento del mundo de la bicicleta de montaña, mucho más diestro en este aspecto que los antiguos astros de la carretera que acuden a la prueba como Abraham Olano o Melcior Mauri. La edad (29 años) y el hecho de demostrar, entre todos los participantes, que es el único que puede presumir de ser un auténtico profesional en activo de la bicicleta.

¿Cuáles son los impedimentos que podrían frenar el presumible triunfo de Núñez? África; así tal cual. Véase el caso de Carlos Sainz en el Rally Dakar, la mejor experiencia, el mejor piloto, un vehículo oficial, y siempre ha tropezado primero con los enigmas africanos y este año con la poca fortuna en Latinoamérica. Y posiblemente otro tema muy importante y que me reconocía el propio Israel por teléfono: “¿Navegar, navegar? Poquito, poquito”. Josef Ajram, ironman donde los haya, terminó segundo en la primera edición de la Titan Desert, posiblemente cuando físicamente era el participante mejor dotado para el triunfo: “Pero no me atreví nunca a atacar –confesó el sábado durante la verificación de las bicicletas que ya partieron hacia Marruecos— porque no sabía navegar y temía perderme entre el desierto”.

De todas formas, en este último mes Núñez ha realizado varios entrenamientos de fondo, “de calidad”, tal como los denominan los profesionales de la bici. Ha combinado las salidas en bici de montaña con la de carretera. “Pero, sobre todo, el hecho de acostumbrarme a la postura de la mountain bike durante un centenar de kilómetros diarios, tal cual me encontraré en Marruecos, y con la bolsa de hidratación en la espalda cargada de agua y de recambios, ya que no estaba muy puesto en llevar peso encima”.

Sea o no cierta la candidatura de Israel Núñez, su nombre está en boca de todos. Hoy mismo he coincidido en Vallvidrera (Barcelona), mientras hacia una de las últimas salidas en bici de carretera, con Roberto Heras, ausente en esta edición de la ronda marroquí y entre otras muchas cosas el vencedor de la Titan del año pasado, y lo primero que me ha dicho es que “con gente como Israel la prueba tiene un gran nivel este año”. En los pedales de Núñez puede estar buena parte del destino de la Nissan Titan Desert 2009.

Solo nos falta que Lance Armstrong aparezca por la Nissan Titan Desert con su clavícula reconstruida y su boletín diario a modo de Twitter. Falta él porque los demás ya estamos casi a punto de embarcarnos en ruta hacia Marruecos.

Este lunes las bicis, que el sábado salieron de Barcelona con destino a Ouazarzate, cruzan el Estrecho. Ya es tiempo de mantener, más que de forzar, con un par de días de descanso antes de afrontar el reto de la cuarta edición de la ronda marroquí. El sábado hubo la primera reunión de futuros titanes en Torrelles, muy cerca de Barcelona. Y volvió a llover en esta primavera que se está enemistando con el sol.

La pregunta del millón era saber si lloverá o no en Marruecos. El viernes por la tarde mantuve un contacto telefónico con los integrantes del Contador Team. Miraban a través de internet las referencias de la NASA para saber el tiempo que hará los próximos días por la ruta del Gran Atlas. Y quedaron ellos aliviados –y yo al oír sus comentarios—y saber que los sabios de Estados Unidos rechazan cualquier foco importante de agua durante los días en que recorreremos Marruecos a ritmo de pedal.

Esta mañana dominical ha lucido el sol y ha hecho calor, todo un síntoma de felicidad a la hora de rodar con mi bici de carretera, para entrar en calor antes de presenciar los últimos kilómetros de la Amstel Gold Race, porque al margen de los preparativos para la Nissan Titan Desert, también estamos en época de clásicas de primavera. El miércoles toca el turno a la Flecha Valona y el domingo, cuando ya nos encontremos en Marruecos, será la hora de la Lieja-Bastogne-Lieja, donde Alejandro Valverde aspira a conseguir el tercer triunfo en su carrera deportiva. Pues bien, a seguir pensando en un recorrido muy duro, con mucha cuesta y donde a lo mejor conviene aplicar la vieja teoría de Jacques Anquetil, al menos aquellos que quieran pelear por el triunfo final. “Para ganar el Tour hay que subir con fuerza y bajar con suavidad”, sobre todo si vas sin frenos como hará algún aguerrido titán del 2009.

Os puedo asegurar que esta primavera es una verdadera enemiga para quienes intentamos arañar tiempo al reloj para salir en bicicleta. Ya estoy harto de mojarme; sí, de mojarme cada día, porque además del agua, ayer y hoy, he escuchado en mi casco el inquietante sonido de auténticos trozos de hielo cayendo del cielo sobre mi cabeza.

Para tratar de serenarme y no ponerme nervioso, mientras me calaba hasta los huesos, me he entretenido en tratar de recordar aquella historia que sucedió hace unos años. ¿Os acordáis de los misteriosos bloques de hielo que cayeron en diversos puntos de la geografía española? ¿Tenían un origen extraterrestre? ¿Era un gracioso que congelaba el agua en su frigorífico? ¿Tal vez un avión que cruzaba la península de punta a punta e iba perdiendo líquido como si fuera combustible?

Ha llovido casi cada día estas dos últimas semanas. Seguro que es una alegría para los pantanos, estanques que recibirán la gratificación de un lleno casi absoluto cuando comience el deshielo en el Pirineo, con prados supercargados de nieve como no se recordaba desde hacía años.

Se dice que nunca llueve a gusto de todos. Seguro, que no lo hace en ventura de quienes estamos preparando la Nissan Titan Desert. Por si fuera poco, Manu Tajada, responsable del recorrido por tierras marroquíes, me ha comentado hoy que el tiempo en tierra musulmana no está muy cristiano que digamos. No es que vaya a llover, aunque al menos parece que la temperatura será algo más fresquita que hace un año, cuando un calor agobiante, sobre todo en la etapa maratón, provocó una epidemia de abandonos.

Ya falta poco. El miércoles aproveché mi día de descanso para entrenar por tierras tarraconenses. Conviene activar junto a Miguel Ángel Iglesias y Andrés Jiménez este rincón de la geografía catalana, ya que nos convertiremos en embajadores de los futuros Juegos del Mediterráneo del 2017, organización que seguro obtendrá la capital tarraconense, que también el miércoles recibió el apoyo institucional del Parlament catalán.

Este sábado ya salen las bicis hacia Marruecos. Entre el sábado,día 25 por la noche, y el domingo 26, por la mañana, participantes y organizadores nos vamos a Marruecos. La fiesta, porque será una fiesta a pesar del sufrimiento y la dureza de un recorrido que cruza el Atlas y el Sáhara, comienza al lunes siguiente; cinco días de pedaleo, repartidos en cuatro etapas, porque la jornada maratón se ha dividido en dos sectores. Los participantes apuran los últimos kilómetros. Lo hacen Iglesias, Jimix... y también Abraham Olano y Melcior Mauri, que aspiran a la victoria, como Israel Núñez, o Félix García Casas, con Tours y Vueltas en sus piernas. Y hasta casi 200 participantes cargados de ilusiones como Serafín Zubiri, que ha aparcado la música para acudir en tándem. Sin olvidar tampoco a Fran Contador, hermano de Alberto el grande, o a chicas como Núria Lauco, que quiere volver a ganar la prueba, o Rebeca Triquell, que se ha entrenado de forma espartana para subir al podio. Y tantas y tantas historias personales, tantos y tantos días de entrenamiento, tantas y tantas jornadas, pasadas por agua, sí, pasadas por agua, demasiada agua. Que no nos llueva en el desierto, algo que por mucho que se empeñen en evitar no está en la mano ni de Juan Porcar, ni de Félix Dot, ni de Tajada, ni de Rubèn Peris. Tal vez Alá… o Dios, según se mire.

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