Una de las primeras personas que ha aparecido en las teles de EEUU comentando la muerte de Michael Jackson ha sido Al Sharpton, el casi eterno líder del movimiento de los derechos civiles en EEUU. Y es que a todos los logros que Jackson logró en el mundo de la música hay que añadirle el hecho de ser el primer artista negro que logró convertirse en un ídolo mainstream (culminando el trabajo de otros muchos antes que él, la lista sería casi interminable) adorado masivamente también por los blancos. Incluso antes de Thriller, que el año de su lanzamiento vendió sólo en EEUU 25 millones de copias. Aquí The Washington Post lo explica muy bien.

Fue con una música que era negra pero que en realidad no lo era. Una música que no tenía etiquetas de color, puro pop, de lo mejorcito en pop. En Off the wall pero, sobre todo, en Thriller el encantador niño prodigio convertido en adulto (y el gran Quincy Jones) tomó un poquito de aquí y un poquito de allá. En Off the wall Michael cantaba una canción compuesta por Paul McCartney (Girlfriend) y otra de Stevie Wonder (I can't help it), en lo que era su particular y nada casual Ebony and ivory (McCartney repetiría en Thriller con The girl is mine). Por motivos de nostalgia personal, puestos a elegir una colaboración de Wonder y Jackson prefiero este casi desconocido Get it del disco Characters de Stevie Wonder.

No hay color entre los fans de Michael, a diferencia por ejemplo de Elvis (de Graceland a Neverland, cuántos paralelismos podrían establecerse entre los dos reyes), cuyos seguidores son mayoritariamente blancos. En términos de romper barreras raciales, Jackson fue a la música lo mismo que Michael Jordan al baloncesto, Oprah Winfrey a la televisión o Tiger Woods al golf. O lo que ha sido Barack Obama a la política. Todos ellos extraordinariamente dotados en lo suyo, todos ellos en las antípodas del estereotipo del angry black man.

La muerte de Jackson ha merecido una cobertura ininterrumpida en las televisiones estadounidenses acorde a la figura histórica del cantante. Ha sido en términos generales respetuosa, pero es inevitable cuando se repasa la biografía de Michael referirse a su decadencia postrera, a sus evidentes problemas psicológicos y a las acusaciones de pederastia de las que, conviene recordarlo, fue absuelto después de un circo mediático descomunal. En defenitiva, citar todos los elementos que lo convierten en protagonista de una tragedia que sólo necesita a un Shakespeare para ser contada.

Pensaba en ese circo y en la persecución a la que lo sometieron los tabloides en el momento en que las teles se retransmitía en directo cómo un helicóptero transportaba el cadáver de Michael del hospital a las oficinas forenses. Hoy ha habido respeto; en los próximos días, con el entierro y todo lo demás, va a haber empacho, saturación. Pero si la muerte no es escrupulosamente natural, el circo volverá a empezar, que no quepa la menor duda.

Por si acaso, yo prefiero recordarlo así y, sobre todo, así.

Barack Obama ha demostrado ante las cámaras una larga lista de virtudes: calma, elocuencia, oratoria, un discurso sólido, buen gusto para elegir las corbatas y una asombrosa capacidad para matar moscas en pleno vuelo. Cara a la rueda de prensa que hoy ofrecerá en la Casa Blanca (la primera en horario matinal, la primera en el Rose Garden y la primera que los internautas podrán comentar en un chat room) al presidente le convendría mostrar otras virtudes. La de cazar moscas (o moscones) políticos, por ejemplo, en un momento en que sus índices de popularidad en las encuestas empiezan a bajar (sólo un poquitín, que no cunda el pánico interplanetario) y cuando dos temas --Irán y la reforma sanitaria-- amenazan su querida luna de miel con los ciudadanos.

Sobre Irán y los riesgos de la cautela a la hora de afrontar las protestas en las calles ya hablamos en el anterior post. Tan sólo añadir que a los riesgos inherentes (siempre en términos de opinión pública doméstica) a su decisión se le ha añadido algo impropio de esta administración: una pésima política comunicativa. Este pasado domingo, por ejemplo, no había nadie en los talk shows dominicales para defender la postura de la Casa Blanca. Quizás consideraron que el riesgo de contestar a preguntas era más elevado que el de no defender la postura del presidente.

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Ha estado Silvio Berlusconi en Washington y, aunque parezca mentira, no se ha hablado de sus vellinas ni de la pulsera regalada por George Bush que con tanto primor lució en su villa el exprimer ministro checo Mirek Topolanek. En la rueda de prensa posterior a la reunión, lo que interesaba preguntarle a Barack Obama era sobre lo que está sucediendo en Irán. Y el presidente puso cara de que hubiera preferido hablar de las vellinas o hasta de los fichajes de Kaká, Cristiano Ronaldo y parece que Paris Hilton por el Madrid.

No se siente cómoda la Casa Blanca con lo que está sucediendo en Teherán. Evidentemente Mahmud Ahmadineyad no es santo de su devoción, y Washington hubiera preferido una victoria de Mir Hosein Musaví, no tanto porque sea un rupturista del régimen teocrático (que bajo ningún concepto lo es, ningún candidato a la presidencia de Irán lo es) sino, simplemente, porque es más presentable que Ahmadineyad. Vamos, que Musaví no va negando el Holocausto, ni amenazando con borrar del mapa a Israel ni esas cosas que sí hace Ahmadineyad y que tan difícil le pone a Obama su política de tender la mano al régimen de Teherán. Política que, no hay que olvidar, tendrá una parte de convicción en el poder de la diplomacia, no lo niego, pero que también tiene mucho de necesidad hecha virtud: sin el apoyo (aunque sólo consista en dejar de hacer algunas cosas malas que ahora está haciendo) de Irán, lo de Irak y Afganistán será más difícil para Washington.

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Barack Obama y Dick Cheney han protagonizado hoy en Washington un duelo al sol, un enfrentamiento a distancia en sendos discursos en el que no sólo han defendido las políticas de sus respectivas administraciones en lo que al trato a los prisioneros se refiere, sino que han resumido a la perfección las posturas ideológicas y morales sobre las que gira el debate.

Cheney

--(Los interrogatorios) "fueron legales, esenciales, justificados, exitosos y lo correcto. Evitaron la muerte violenta de miles, si no centenares de miles, de personas inocentes"

--"La gente que continuamente distorsiona la verdad (sobre los interrogatorios) no están en posición de pontificar a nadie sobre valores".

--"Eliminar por completo en el futuro los métodos de interrogatorio ampliados es extremadamente poco inteligente. Es imprudencia disfrazada de rectitud, y hará al pueblo americano menos seguro".

--"¿No quieres llamarlos enemigos combatientes. Perfecto. Llámalos como quieras, pero no los traigas a EEUU".

--"Nuestra administración mantendrá el tipo en la historia, no a pesar de nuestras acciones tras el 11-S, sino a causa de ellas".

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"Lo que ha ocurrido esta semana es mucho más que el hecho de descubrir, cuando llegas a la presidencia, que el mundo es un lugar complicado. Es un recordatorio de con qué rapidez se pierden los auténticos matices de gobernar cuando estás en campaña electoral". Pete Wehner, miembro del equipo de Karl Rove durante su estancia en la Casa Blanca.

"Ed, tú empezaste a preguntar el lunes por qué (...) somos lo opuesto a George Bush en estas cuestiones. Y el viernes estoy contestando preguntas sobre por qué nos parecemos tanto a George Bush en estas cuestiones. Dejaré que vosotros percibáis el punto de inflexión, en qué periodo de qué día todo cambió". Robert Gibbs, secretario de Prensa de Barack Obama, en la rueda de prensa del viernes.

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Buena la ha liado Barack Obama con su decisión de bloquear la publicación de decenas (algunos dicen que hasta 2.000) fotos de malos tratos a detenidos durante la administración de George Bush. Argumenta el presidente que las fotos no aportan nada nuevo al debate sobre los interrogatorios de la CIA y que la difusión de las imágenes puede originar una oleada de furia contra EEUU que a lo peor pondría en peligro a los soldados estadounidenses desplegados en Irak y Afganistán.

Lo peor para Obama es que esta decisión enmienda la plana al Pentágono, que había pactado con la ACLU la publicación de las fotos para poner fin a un proceso legal basado en la Freedom Information Act que hace mucho que dura. A la gente no le suele gustar que sus líderes cambien de opinión, aunque lo argumenten con altos motivos de seguridad nacional y cuenten con el respaldo de los mandos militares, que no querían ver esas fotos publicadas por nada en el mundo.

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La CIA ha enviado al Congreso un paquete de documentación en la que explica qué dijo y a quién en el Congreso sobre lo que en su momento se llamó técnicas de interrogatorio ampliadas y ahora se ha bautizado como tortura (así lo llama, por ejemplo, Barack Obama). Entre quienes sabían que la CIA incluía la simulación del ahogo en sus técnicas de interrogatorio estaba Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes y una de las voces que ahora lideran la exigencia de procesar al menos a los abogados que retorcieron la ley para dar cobijo a los maltratos. Y, a ser posible, a sus jefes políticos dentro de la administración Bush.

Pelosi dice que a ella no le dijeron que la simulación del ahogo ya se había utilizado, y los papeles que ha desclasificado la CIA no arrojan mucha luz al respecto. Como escuché decir hace poco a un tertuliano, casi peor para Pelosi, ya que eso significa que se calló cuando la CIA le dijo que la simulación del ahogo podía llegar a utilizarse. Es decir, no hizo nada para evitar que sucediera.

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La noticia de la renuncia del juez del Tribunal Supremo David Souter ha sustituido en las primeras páginas al menos por un día a la gripe porcina/mexicana/H1N1. Y con buenos motivos, ya que como dijo Barack Obama al hacer oficial la renuncia de Souter elegir a un magistrado del Supremo es una de las decisiones más trascendentales que toma un presidente de EEUU, cuyas repercusiones van más allá de su etapa en la Casa Blanca y tienen una incidencia directa en prácticamente todos los temas trascendentales, desde el aborto a las armas pasando por los derechos civiles, el estatus legal de los presos de Guantánamo o, dado el caso, quién gana unas elecciones reñidas, como sucedió en el duelo del 2000 entre Al Gore y George Bush.

No es de extrañar, pues, que la prensa estadounidense vaya repleta de análisis, especulaciones y consejos sobre qué tipo de persona debe elegir Obama. La opinión general es que será una mujer, tal vez hispana. Hay otro consenso: esto llega muy pronto y en un mal momento. El nombramiento y posterior confirmación por parte del Senado de un juez del Supremo abre una inevitable batalla política de profundo calado que probablemente bloqueará mientras dure la agenda legislativa y política del Capitolio y de la Casa Blanca. Y no será porque no haya ya pocos temas en esa agenda...

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La noticia política del martes en EEUU no ha sido el 99º día de la presidencia de Barack Obama, sino la decisión de Arlen Specter, republicano moderado y senador por Pennsylvania, de pasarse al Partido Demócrata. El anuncio ha generado un terremoto político, ya que el cambio de camisa de Specter puede tener una importancia capital: con él, el caucus demócrata en el Senado asciende a 59. Si al final Al Franken sale victorioso del interminable recuento y proceso judicial en Minnesota (y todo parece indicar que será así), los demócratas tendrán 60 senadores. Y eso significa un blindaje anti-filibuster.

O lo que es lo mismo: que los republicanos no podrán paralizar ninguna iniciativa en el Senado mediante el recurso de procedimiento del filibuster. Explicado en términos generales, el filibuster permite a una minoría de senadores evitar que una iniciativa legislativa llegue a votarse. Para superar el filibuster (cuyo uso se ha prostituido con el tiempo y lo ha alejado de su intención original de proteger a las minorías) son necesarios 60 senadores. Ahí radica uno de los motivos por los que el cambio de caucus de Specter es tan importante.

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El miércoles se cumplen los primeros 100 días de Barack Obama en la Casa Blanca, así que desde hace ya algunos días la prensa estadounidense y la internacional se están dedicando a valorar lo hecho por el demócrata en este tiempo. Y esta es precisamente la característica principal de estos 100 días: que Obama ha hecho muchas cosas, en una frenética actividad en la que el presidente ha marcado sus prioridades y sus grandes apuestas para su primer mandato.

Como no podía ser menos, yo también tengo mi lista de lo mejor y lo peor de estos 100 días.

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Swampland, el blog político de la revista Time, considera que la respuesta que le dio Barack Obama a Chuck Todd de la NBC en la rueda de prensa tras la Cumbre de las Américas es la mejor explicación que el presidente ha ofrecido hasta ahora de su política exterior. La doctrina Obama se resume, en sus palabras, en:

1. EEUU sigue siendo la nación más poderosa y rica de la Tierra pero los problemas a los que se enfrenta (cambio climático, terrorismo, narcotráfico...) no pueden ser resueltos por un solo país. Por eso, "se está inclinado a escuchar y no sólo a hablar".

2. En su mejor versión, EEUU representa un paquete de valores e ideales: democracia, libertades... Pero hay otros países que tienen diferentes culturas, diferentes perspectivas y una historia diferente y la mejor forma de promover los ideales de EEUU es con el ejemplo, no exigiendo algo a los demás que Washington no cumple.

3. No hay actores más importantes que otros en la arena internacional. EEUU no debe dar lecciones de nada a nadie, sino mostrar a los demás cómo beneficiarse de los ideales y valores estadounidenses.

4. Un cambio de estilo en Washington, la mera presencia de Obama, no va a hacer que todos los problemas, los intereses opuestos, vayan a desaparecer, pero sí que los países prefieran cooperar a no hacerlo.

5. Los problemas hay que afrontarlos dejando atrás dogmas y viejas ideas preconcebidas.

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Cumpliendo con la promesa de transparencia de Barack Obama, la Casa Blanca ha hecho públicos los informes que el Departamento de Justicia redactó para justificar, desde un punto de vista legal (por llamarlo de alguna manera), la tortura y el tratamiento degradante, inhumano y cruel al que EEUU sometió a los capturados en la guerra contra el terrorismo al menos entre los años 2002 y 2006. Actitudes que, tras el eufemismo de técnicas de interrogatorio ampliadas, escondían en realidad una flagrante violación tanto de la ley estadounidense como de la internacional.

No soy un experto en derecho, así que no me pronunciaré legalmente sobre el contenido de los informes. Sólo apuntar que, como dijo un portavoz de la ACLU, más que unos documentos legales parecen justificaciones políticas, argumentos en apariencia técnicos que esgrimir en los debates en los pasillos del Congreso, talking points en tertulias televisivas, carnaza para alimentar bajos instintos que hiciera muy difícil a nadie oponerse a la manga ancha y los ojos ciegos que querían quienes argumentaban que estaban luchando "para que el 11-S no volviera a repetirse".

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Tras centrarse de entrada en el Extremo Oriente (el primer viaje de Hillary Clinton fue a China) y Oriente Medio (Afganistán, Pakistán, Irak) y después de su primera gira por Europa (incluyendo Turquía como país puente con el mundo islámico) Barack Obama mira ahora hacia el sur. Esta semana viajará a México para verse con el presidente Calderón con la lucha contra los narcos como principal punto de la agenda y a Trinidad y Tobago para participar en la Cumbre de las Américas. Allí, Obama se encontrará con unos líderes que en su mayoría exigen de Washington un cambio de política respecto Cuba. Si Washington puede hablar con Irán, ¿por qué no va a poder hacerlo con Cuba?

Como entremés, la Casa Blanca ha anunciado el levantamiento de las restricciones a los viajes y el envío de remesas que ordenó George Bush. Desde el punto de vista de los cubanos que van a poder recibir dinero y visitas sin límites de sus parientes, es una noticia muy importante (por eso, en un gesto que si no es histórico sí tiene muy pocos antecedentes, el inicio de la rueda de prensa en la Casa Blanca fue bilingüe, español e inglés); desde el punto de vista político, es un pequeño paso dada la magnitud del embargo que requiere ahora de una respuesta del régimen de Raúl Castro.

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"Lo siento, pero debes abandonar la casa". La coletilla con la que los concursantes de Gran Hermano son expulsados se convertirá en un "Lo siento, pero debes abandonar la empresa" en el nuevo reality show que la productora creadora de Gran Hermano, Endemol, y la cadena estadounidense Fox están ultimando. El programa se llamará Someone's gotta go (Alguien tiene que irse) y consistirá en acudir a pequeñas empresas con problemas a causa de la crisis en las que debe haber despidos. Serán los empleados los que decidirán qué compañero pierde su trabajo.

"Cuando una persona es despedida la primera reacción es: '¿Cómo es posible que esta persona haya sido despedida mientras que ese idiota continúa aquí?' El programa da la oportunidad a los empleados de tomar la decisión en lugar del jefe", declaró a la revista Variety Mike Darnell, el responsable de realitys de la cadena Fox. Someone's gotta go fue una de las novedades que presentó Endemol en el reciente Mercado Internacional de TV de Cannes (MIP-TV), y está previsto que empiece a emitirse en EEUU tras el verano.

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Empecemos por la encuesta: según un sondeo de la CNN y la Opinion Research Corporation llevado a cabo entre el viernes y el domingo (tras el G20), el 16% de los estadounidenses consideran que Barack Obama vuelve a casa hoy tras su primera gira europea con "grandes logros"; un 45% dice que ha logrado bastantes cosas; y un 79% opina que la gente de otros países tiene ahora una imagen más positiva de EEUU. "La opinión pública estadounidenses parece que piensa que el principal logro de Obama en este viaje ha sido aumentar la buena voluntad más que arrancar concesiones específicas de otros países", analizó los datos Keating Holland, el director del sondeo.

Esto, que viniendo de los ocho años de George Bush es una novedad más que agradable para los estadounidenses, se convierte a ojos de los críticos de Obama en un inconveniente. No es difícil, vienen a decir estos críticos, que los europeos quieran a un estadounidense: sólo hay que renegar un poco de tu país y elogiar el modelo europeo. Pero la cuestión es si esto sirve para algo más que para llenar pabellones deportivos en Estrasburgo y plazas en Praga de gente anhelante de escuchar al presidente. Si sirve, claro está, para los intereses de EEUU.

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