No ha sido una noche muy larga en términos de incertidumbre, pero sí muy intensa en emociones. A estas alturas ya lo sabréis. Barack Obama es el nuevo presidente electo de EEUU. Ha ganado bien, incluso podemos decir que a lo grande, con contundencia y sin dudas. Ha hecho historia, y la explosión de emoción que se ha producido en la comunidad negra cuando la costa oeste ha confirmado su victoria tras hacerse con Ohio da fe de ello.

Esta noche es el momento, pues, de la celebración y de elogiar a un país, EEUU, que ha vuelto a sorprender a mucha gente. Incluso a muchos estadounidenses. Puede que esté cansado y la cabeza no me funcione como debiera, pero en estos momentos no recuerdo ningún otro país occidental en el que el miembro de una minoría étnica haya alcanzado la máxima jefatura del estado. Corregidme si me equivoco.

Durante los próximos días, hablaremos mucho del carácter histórico de la victoria de Obama y de lo que significa para este país. Su simple mudanza a la Casa Blanca no solucionará los problemas de desigualdad racial de EEUU, pero sin duda es de un simbolismo enorme, cuyo calado creo que tan sólo puede intuirse en el frenesí de esta noche. Una de las mejores noticias de la noche es que la cuestión racial no ha influido en la votación. Y si lo ha hecho, ha sido a favor, reforzando el mensaje de cambio de Obama.

Pero no quería hablar ahora de esto, ni de qué tipo de EEUU es el EEUU de Obama a partir de un mapa electoral tan contundente. Tampoco de la travesía por el desierto que empieza el Partido Republicano, que ha visto también cómo en ambas cámaras del Congreso los demócratas aumentan su mayoría. Ni siquiera de una pregunta que me parece muy interesante en estos momentos: ¿este resultado implica que EEUU, un país conservador, ha virado hacia la izquierda o es simplemente un pendulazo atribuible sólo a la crisis económica y a los ochos años de George Bush? Dicho de otra forma, ¿ha nacido una revolución Obama que entierra la revolución Reagan o se trata sólo de una situación coyuntural?

Tiempo tendremos los próximos días para hablar de estos temas. De lo que quería hablar ahora es que el próximo 15 de noviembre se reúne en Washington el G-20 (sí, esa cumbre a la que José Luis Rodríguez Zapatero quiere acudir) para ver qué carajo hacen con la sistema financiero mundial. O dicho de otra forma: me gustaría reflexionar sobre la dificultad que va a tener Obama para cumplir las expectativas generadas a su alrededor.

EEUU ha protagonizado un acto de fe. Obama no ha ganado porque tenga un mejor programa económico que John McCain. Obama ha ganado, sobre todo aunque no únicamente, porque no es republicano. Las comentarios de que en realidad no se sabe quién es Obama son en gran medida justos. No porque sea un peligroso radical como algunos lo caricaturizan, no lo creo, sino porque en puridad lo único que conocemos es su historial de votación en el Senado, que no es muy grueso. El resto es oratoria, retórica, esperanza y un potencial evidente en un político muy capaz dotado con una obvia inteligencia.

Si nos olvidamos de hechos, la campaña electoral nos ha dejado algunas pistas de cómo puede ser el presidente Obama. Es meticuloso y un gran gestor de un gran equipo. Tiene la habilidad de rodearse de personas muy válidas. Es capaz de cambiar su discurso por motivos electoralistas. Identifica muy bien los problemas. Ofrece algunas ideas muy atractivas (como la del new deal verde, aunque esta es más de Al Gore que suya). Es responsable y serio. No es un mal principio.

Pero a Obama se le va a exigir mucho más. La posibilidad de que decepcione es tan alta como las expectativas que ha generado. Y la oratoria no servirá de nada ante la multitud de frentes abiertos con los que se encontrará a partir del 20 de enero. Hablar de cambio está muy bien. Hacer historia en términos raciales en este país tan complejo, aún mejor. Pero nada de eso le servirá al próximo presidente. Como decía en algún comentario (y perdón por la autocita) esta campaña ha sido muy interesante y divertida. Pero los tiempos realmente trascendentes y apasionantes empiezan justamente ahora. Y Obama, por la mezcla de las expectativas y la situación que hereda, no lo va a tener nada fácil.

Una última cosa: Obama es un genuino producto estadounidense. Los europeos estamos encantados con él. Ganaremos mucho con el cambio. Yo creo que en realidad los europeos estamos deseando admirar a EEUU, y Obama nos da una oportunidad perfecta. Pero insisto: es un producto estadounidense. Será un presidente estadounidense. La esperanza y el cambio de la que habla Obama no tienen por qué gustarnos al resto del mundo, porque no significa lo mismo en EEUU que en ese Berlín que se rindió a sus pies este verano. En el discurso que acaba de ofrecer ha anunciado un nuevo "amanecer de liderazgo estadounidense". Esto significa que Obama quiere que EEUU sea la única potencia mundial. Respetada y a ser posible querida, pero sobre todo indiscutible. Y eso y ser simpático a la vez en muchas ocasiones será incompatible. Habrá que seguir con atención qué es lo que hace este nuevo presidente estadounidense tan prometedor pero que es una incógnita.

Pero, por ahora, digamos las cosas por su nombre: EEUU pudo. Mis respetos.

PD1: Mis respetos también a las normalmente vilipendiadas encuestas. Lo clavaron.

PD: A juzgar por algunos comentarios de los últimos hilos, creo que algunos de vosotros creéis que este blog cerrará una vez acabada la campaña electoral. No es esa mi intención. Como ya os he dicho, lo interesante empieza justamente ahora. Y mi idea es seguir contándolo como buenamente pueda. Por cierto, muchas gracias por los elogios al blog. De verdad, los aprecio mucho.