Se agotan los adjetivos elogiosos en la prensa estadounidense al discurso que Barack Obama acaba de dar hace un par de horas en Denver. La verdad es que ha sido realmente bueno, evocador y a la vez programático, con una escenografía inmejorable, una multitud entregada y un candidato que ha sabido tocar todos los palos necesarios: argumentar, evocar, defenderse y atacar, sobre todo atacar, con una solidez encomiable y momentos realmente brillantes. La obamamanía está a punto de regresar, aunque esta vez durará poco: el lunes empieza la convención republicana en Saint Paul y la semana que viene serán los republicanos los que estarán a todas horas en los medios.

Estos días nos hemos encontrado en Denver muchos compañeros de la prensa española. Gran parte de ellos han regresado hace poco de sus vacaciones en España y coinciden en describir la misma escena. Sus amigos y familiares les preguntan continuamente por Obama, y cuentan que la sensación generalizada es que la gente piensa que el demócrata ganará estas elecciones casi sin bajarse del autobús. Y, sin embargo, todos coincidimos en que no lo vemos ni mucho menos tan claro. Colegas de la prensa europea también explican lo mismo.

Resulta curiosa esta disonancia entre la opinión pública y los periodistas que, teóricamente, la nutrimos de información. Digo teóricamente, porque con Internet los corresponsales ya no tenemos el monopolio de la información desde el lugar donde ocurren las cosas. Y también es teórica porque, especialmente en la prensa española, existe esa pléyade de comentaristas, tertulianos, expertos en todo y opinadores de oídas que hace tiempo, mucho tiempo, que decidieron que Obama será el próximo presidente de EEUU.

Entre los más veteranos de los corresponsales españoles en EEUU no se olvida lo que ocurrió en el 2004 con John Kerry y George Bush. Las reservas que tenemos el resto para dar a Obama como ganador seguro ya no se basan, como en las primarias, únicamente en el asunto del color de la piel. Agosto no es enero, Denver no es Iowa, han sucedido muchas cosas desde entonces (entre ellas que Obama fue capaz de derrotar a Hillary Clinton) así que la cuestión ya no es que resulta difícil de creer que EEUU elija a un negro como presidente (aunque algo de esto sigue habiendo). Al fin y al cabo, los demócratas lo han elegido candidato.

Hay datos, sensaciones, intuiciones. Que en un año de coyuntura objetivamente demócrata (como se verá en las legislativas) y con un candidato republicano que tampoco es precisamente Ronald Reagan, Obama no sólo no arrase en las encuesta sino que su ventaja mengüe o se convierta en desventaja da mucho que pensar. Lo que en las primarias le funcionó (convertirse en un fenómeno de masas, la obamamanía) en las generales parece haberse convertido en una desventaja.

Y, evidentemente, está el problema con el que llevan décadas encontrándose los demócratas: que las reglas del juego y el campo está marcado por los republicanos. Hay una serie de temas tabús (armas, religión, pena de muerte); otros en los que los demócratas suelen jugar acomplejados y a la defensiva (seguridad nacional, aborto, valores familiares); hay asuntos que son sumamente impopulares lo mires como lo mires (programas públicos, sobre todo sociales, que no hay más remedio, y eso es lo impopular, que sufragar con impuestos). Y en la guerra de Irak el equilibrio es muy complicado: EEUU nunca pierde, nunca se retira, nuestros chicos están haciendo un gran trabajo, pero hay que irnos de allí sin nada que se parezca a una victoria, sin desfile triunfal, sin confeti sobre nuestros soldados, sin aplauso internacional, si ni siquiera el agradecimiento del país liberado.

Los demócratas suelen jugar a la defensiva y los republicanos, a la ofensiva. Incluso en un año como este en que, aunque sólo fuera por la crisis económica, los demócratas tienen muchos argumentos con los que morder. Es que estamos hablando, por poner sólo un ejemplo, de una administración que decidió afrontar un esfuerzo bélico considerable que hace ya más de cinco años que dura... bajando los impuestos a las rentas más altas. Pero criticar eso, como tantas otras cosas, es antipatriótico y proponer políticas anti-americanas.

Por eso, creedme: no sé quién ganará las elecciones en noviembre, pero esto no va a ser una goleada sin paliativos de Obama sobre McCain. Queda mucha tela que cortar, por muy glorioso que fuera el discurso que he tenido el privilegio de ver en Denver.

PD: La frase: "Somos el partido de Roosevelt. Somos el partido de Kennedy. Así que no me digan que los demócratas no defenderán su país". Barack Obama, en su discurso en Denver.