Hace un año me encontraba cabizbajo y triste ante las ruinas del campo de refugiados palestinos de Nahr el Bared. Algunas partes del campo habían quedado totalmente arrasadas y sus estructuras fantasmagóricas me recordaban el significado de la violencia extrema: la guerra. Las hipótesis que me explicaban algunos libaneses eran tan descabelladas como la realidad que contemplaba, o al menos me lo parecían, y por eso ni las cuento. Las acciones terroristas de radicales de una organización extremista atrincherada en el campo llamada Fatah al Islam, habían sido la causa de la reacción furibunda del ejército libanés.

Los refugiados palestinos a consecuencia de aquella locura eran en aquel entonces doblemente refugiados. Huían en busca de refugio desde su propio campo de refugiados. Era algo así como rizar el rizo, cosa que en el Líbano parece habitual.

La complejidad de la situación a nivel político posibilita que las condiciones de los refugiados sean grotescas y que uno se pase el día preguntándose que es lo que falla en el mundo. ¿Porqué los palestinos no vuelven a casa ya? ¿O porqué no los nacionalizan libaneses? ¿O porqué no... lo que sea, pero alguna cosa razonable?

Por lo general, es mentalmente imposible pasar de un mundo a otro, del "norte" al "sur", de "países desarrollados" a países "en vías de desarrollo" o a países "en vías de subdesarrollar a otros", de países ricos a países pobres, de "emergentes" a "submergentes", pero yo preferiría decir simplemente de un lado a otro, de la hipocresía a la realidad. Vivimos en la hipocresía y vamos de vez en cuando a la realidad. Aunque también es cierto que tampoco hace falta viajar mucho para visitar la realidad. Son dos mundos muy distintos, pero en ambos mundos hay grandes cantidades de pedazos del mundo inverso o reverso. Y claro, tengo que decirlo, aunque lo diré no muy alto, los payasos y payasas son como un portal mágico a través del cual se puede ir y venir de un mundo a otro.

En realidad, quizá el portal es la risa, o la nariz es una maquina de teleportación, que arroja al payaso a los pies de cientos de niños que ríen. Los payasos entonces ven que, a pesar de todo, hay algo que es bello y que es verdad en ambos mundos. Pedro, Cristobal, Sandra Aurora y Enrique se pusieron la nariz y se teleportaron ni más ni menos que al nuevo Nahr el Bared, y allí hicieron reír a muchos niños y a muchas niñas, e inmersos en sus carcajadas comprobaron que el mundo de allá no es un sueño, es un mundo cierto ¿Qué otra prueba empírica puede demostrar mejor que aquel mundo es real que ver a muchos niños que se ríen de ti?

No es mi caso, pero los payasos me lo han dicho, y un payaso no miente porque no sabe hacerlo, y cuando lo intenta los niños saben perfectamente que miente, y si ya no eres un niño sólo tienes que intentar serlo un poco para darte cuenta. Por todo ello, soy muy feliz. Por un lado, porque un año después de aquella triste situación los payasos sin fronteras han iniciado una secuencia de giras en Líbano que se antoja inacabable, aunque también porque aquel mundo es tan o más real que éste, y porque hay maneras de cruzar el telón de acero de la hipocresía muy sencillas y geniales.

 

clip de video Nahr el Bared