martes, 02 de septiembre de 2008 13:04
Carles Requena
Decidles que no les odiamos
Hace ya algún tiempo en alguno de los posts relacionados con nuestras actividades en Palestina una lectora nos había criticado por no regalar nuestro trabajo a la población israelí. Recientemente hemos podido restañar esta herida y demostrar que nuestra alegría está dirigida a todos los niños y niñas que sufren las consecuencias de los conflictos de los adultos, independientemente de cual sea el lado de la frontera en el que hayan nacido.
Por lo común los conflictos potencian la ceguera en los bandos enfrentados de modo que las gentes se radicalizan y justifican los crímenes cometidos por sus fuerzas brutas. Ignoran o criminalizan al vecino de una forma asombrosa. Cada sociedad tiene a su porcentaje de delincuentes vocacionales despiadados que gozan avivando el fuego de la confrontación. Son una minoría pero sus actos abominables sacuden con fuerza a los tejidos civiles de tal modo que siempre es complicado encontrar un camino hacia el final del conflicto.
Por supuesto que, sin necesidad de profundizar mucho, en determinados conflictos se puede detectar quien lleva el peso de la injusticia, pero nosotros desde PsF no somos la entidad adecuada para señalar al más culpable de los culpables, o al más inocente entre los inocentes. Por un lado, cada payaso sin fronteras tiene su vertiente independiente como persona para opinar lo que crea conveniente y, por otro, creemos que indirectamente nuestra trayectoria y actividades deben avivar las conciencias a quienes a pesar de sus rígidos dogmas saben donde esta el peso de la verdad.
Para nosotros lo fundamental es que niñas y niños rían, ya que por si sólo, ese es un acto que socava cariñosamente las estructuras del enfrentamiento y libera espacios, aunque lo haga parcialmente en tiempo e intensidad. Palestina e Israel, o acaso aquel país único soñado por Edward Said basado en la ciudadanía universal, nos atraen como un imán. En aquella tierra está el nudo gordiano de la humanidad, que nunca podrá ser cortado al estilo de Alejandro, a menos de que queramos acabar con todo, y que habrá que deshacer con paciencia y cariño esperando, a juzgar por la dimensión que toman los hechos, que entonces aun queden palestinos.
Es grande el dilema, pero después de actuar en los kibtuzin y moshavin cercanos a la frontera de Gaza, algunas personas les decían a nuestros payasos de Kamchatka o al grupo de Jordi, Albert, Roser, Gemma y Maribel, recién llegados del mundo lunar y desolado de Gaza; "Por favor cuando volváis a Gaza decidles que no les odiamos".