jueves, 08 de octubre de 2009 15:56
Omar, Elena, Lisa, Abbas y Manal
Dos días en Gaza: testigo de una crisis de dignidad humana
Por Lara Contreras, responsable de advocacy humanitario de Intermón Oxfam para los Territorios Palestinos Ocupados.
Acabo de dejar la sofisticada terminal israelí para adentrarme caminando en la polvorienta Gaza. Donde había campos de cultivo, ahora vemos desolación; ya nada crece en la zona de seguridad creada por los israelís. El grupo de mujeres con el que nos reunimos nos cuenta que esos campos les pertenecían y que podían vivir holgadamente de ellos. Desde que comenzó el bloqueo de la franja, y sobre todo tras la operación Plomo Fundido, ya no les queda nada. No tienen ingresos, sus casas han sido destruidas y no se pueden reconstruir porque los israelís no permiten que entren los materiales necesarios para ello; dependen de la ayuda humanitaria y viven con miedo, los disparos no han cesado. Para ellas esta situación atenta contra su dignidad: "¿Por qué depender de la ayuda que dan las oenegés cuando siempre hemos sido autosuficientes?"
Más tarde hablamos con una familia de agricultores. Antes del bloqueo de la franja podían mantenerse e incluso ahorrar dinero, pero después del cierre de fronteras por parte de Israel dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir. La mujer nos cuenta que los israelís destruyeron sus cultivos y que ahora, gracias a la ayuda de oenegé, han vuelto a cultivar, pero han tenido que cambiar de tipo de cultivo y ya no pueden exportarlo: los israelís no dejan salir ningún producto de Gaza. Además, los precios de las semillas son más altos y los productos se venden a precios más bajos en la franja. No sacan lo suficiente para vivir. Un pescador (foto) nos cuenta que ahora sólo pueden alejarse tres millas para pescar, y esto se traduce en menos pesca y de peor calidad. Pero esto no es lo peor, nos cuenta. Los barcos israelís les vigilan constantemente y a la mínima les disparan, les detienen o les matan y se quedan con sus embarcaciones. A la mañana siguiente somos testigos, mientras desayunamos, de cómo un barco israelí dispara a unos pescadores palestinos. Al parecer les estaban avisando de que no se alejaran más.
Siempre hacemos la misma pregunta: ¿Qué esperáis de la comunidad internacional? Siempre la misma respuesta: nada. Todos nos dicen que la comunidad internacional --y dentro de ella, el Gobierno español--puede presionar a Israel para que acabe con el bloqueo de Gaza. Que puede negarse a pagar lo que Israel destruye y pedirle cuentas por los daños causados. También puede asegurarse de que el dinero que compromete para Gaza llega a la gente que lo necesita, pero que no confían en que esto suceda porque hay intereses políticos que están por encima de las necesidades de la población. Es la primera vez que veo a los palestinos sin esperanza, no confían ni en Fatá ni en Hamás, ninguno se preocupa de la población, nos dicen. También han perdido la confianza en la comunidad internacional. Esto me impactó enormemente: ver a la gente sin esperanza es lo más triste, sobre todo cuando tú formas parte de quienes les han decepcionado.