Monday, June 02, 2008 11:41 AM
Omar
Un día salió de casa y nunca más hemos sabido de él

Ayer, me sorprendió ver tantos coches en las calles. Muchos más de los que he visto en los últimos meses aquí en Gaza. ¿Pasaba algo de lo que no estaba informado? ¿De dónde saca la gente la gasolina? Le pregunté a un conductor y me contestó que "la gente está mezclando de todo para hacer funcionar sus coches: aceite de motor, aceites vegetales y gasolina".
Esta solución, que ha sido útil durante un tiempo, ahora se está volviendo en su contra. Los coches se estropean y la gente no puede permitirse repararlos. Es imposible encontrar piezas de recambio en toda Gaza.
Ayer también fui a ver a Feda, una mujer que vive en una pequeña habitación junto a sus siete hijos. Esta habitación es toda su casa, con un pequeño aseo en una esquina. En la pared, unos agujeros rectangulares recuerdan los antiguos planes de los propietarios de construir unas ventanas. El suelo está al descubierto, sin baldosas.
Me cuesta imaginar cómo ocho personas pueden vivir, lavarse, comer y dormir en tan pocos metros. Pero todavía se me hace más difícil cuando me explican que el baño lo tienen que compartir con 10 de sus vecinos.
Feda me ofrece una taza de té. Cuando abro la boca para responder a su ofrecimiento, uno de los niños se levanta para decir algo. Su madre le hace gestos para que se calle. Más tarde me doy cuenta de que el problema es que no hay te, pero no quería faltar a la cordialidad de dar la bienvenida.
Hace tres años, el marido de Feda sostenía a la familia haciendo pequeños trabajos en Cisjordania y vendiendo productos que traía de Israel en Gaza. Cuando las restricciones de movimientos hacia fuera de la Franja se hicieron más intensas, Mohammed, el marido de Feda, no pudo seguir saliendo con tanta facilidad. Perdió su trabajo, su medio de vida, y por lo que ella me cuenta, sus ganas de vivir.
Feda continúa: "Mi marido se fue deprimiendo, cada día estaba más y más hundido, al ver como la condición de nuestra familia se deterioraba y no era capaz de hacer nada para cambiar las cosas. Nuestra situación empeoró hasta hacerse insostenible. Como padre y como marido se sentía totalmente impotente. Un día ya no regresó a casa y desde entonces no sabemos nada de él".
No es casualidad que las notas de los niños en el colegio y su salud hayan empeorado desde la desaparición de su padre. Una de las hijas ha tenido que repetir curso durante los tres últimos años. Sólo comen una vez al día, por lo que los niños pequeños están mucho menos desarrollados de lo que deberían estar por su edad. Este problema se está convirtiendo en algo demasiado común en Gaza.
Feda se pasa tres horas al día recogiendo basura para quemar y poder cocinar la comida a su familia. El gasóleo escasea, pero ella tampoco tendría dinero para comprarlo. Me cuenta que, ahora, los niños tienen que andar varios kilómetros para ir a la escuela porque no hay transporte público, lo que hace que sus zapatos se desgasten mucho más rápido y ella no puede permitirse comprarles unos nuevos ni tampoco es algo fácil de encontrar en Gaza.
Su cara se ilumina cuando mira hacia el tanque de agua que le ha entregado Oxfam, dentro del programa de acción humanitaria que la organización está llevando a cabo en la Franja. Sé porqué se siente así, ese depósito de agua puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
La zona sólo recibe agua unas pocas horas a la semana, ya que no hay gasóleo para hacer funcionar el pozo. Por ello, Feda tiene que recolectar agua sucia para cocinar, limpiar y lavar, lo que supone un alto riesgo de salud para la familia. Para acabar de complicar las cosas, en la zona donde vive Feda hay incursiones regulares de los israelíes, por lo que algo tan sencillo como ir a recoger agua se convierte en una labor peligrosa con riesgo de muerte. No hay una red central de suministro de agua, pues los materiales que se necesitan para construirla han sido bloqueados en la frontera por el gobierno israelí.
Con este depósito, Feda podrá almacenar grandes cantidades de agua. Un suministrador de agua viene cada cierto tiempo para llenarlo. Feda sonríe mientras apunta con su dedo a unos utensilios de cocina que hay apilados alrededor del tanque. "Me habéis animado a montar de nuevo una cocina", dice.
Al despedirme, me doy cuenta de cuánto me afectan todavía estas situaciones, a pesar de que ya debería estar acostumbrado. Se han convertido en algo familiar. Además, este encarcelamiento de Gaza ya dura demasiado tiempo. De acuerdo, la familia tampoco estaba en una situación muy airada antes del bloqueo, pero al menos tenían un marido y un padre, una entrada de dinero, tres comidas al día, buenas notas en la escuela, agua corriente... y la lista podría seguir creciendo interminablemente. ¿Por qué les ha tocado vivir esto?