Friday, April 17, 2009 6:55 PM
Desde Sudán
La ayuda como moneda de cambio
La gente nos pregunta por qué este blog es anónimo. Cuando estábamos en Sudán, casi todos los trabajadores humanitarios hablábamos siempre de forma anónima por miedo a represalias por parte del gobierno. Pero ahora que nos han expulsado del país, ¿a qué tememos? El gobierno de Sudán ha sido muy hábil siempre procurándose una moneda de cambio bien a mano, una fuerza de chantaje. A pesar de que nos han obligado a cerrar todos nuestros programas en Darfur, todavía nos preocupa la seguridad de nuestro personal que permanece en el país. Se trata de nuestros colegas sudaneses, que viven esta situación siendo totalmente vulnerables a la intimidación y las amenazas. Algunos de ellos han sido interrogados por el gobierno, otros temen que les ocurra en breve.
Unos cuantos trabajadores humanitarios de nacionalidad extranjera todavía están en Jartum. Algunos de ellos no pudieron salir porque el gobierno requisó sus pasaportes y les obligó a permanecer en el país hasta que cerraran "satisfactoriamente" la actividad de sus organizaciones. Por ello, entienden la entrega de todos nuestros activos - vehículos, oficinas, equipos técnicos - al gobierno y la aceptación de sus numerosas peticiones. Entre ellas, se encuentra la obligación de pagar a nuestro personal sudanés una compensación correspondiente a seis meses de salario. Esta medida carece de fundamento legal, pues en estos casos la ley sudanesa estipula sólo el pago de un mes de trabajo.
Según el gobierno, este aumento de la compensación a los trabajadores se establece como penalización por haber "violado nuestro mandato humanitario". No estamos de acuerdo, pero tampoco tenemos muchas más opciones. Pagad o vuestro personal no podrá salir de Sudán. Serán llevados al tribunal y permanecerán en el país durante meses. Definitivamente, los han tomado como rehenes.
Cuando vivía en Darfur, fui llamado a declarar frente al personal de seguridad del gobierno en diversas ocasiones y sé lo intimidantes que pueden llegar a ser. Se trata de una forma horrible de extorsión de la cual la mafia se sentiría muy orgullosa. El gobierno nos ha requisado materiales y activos valorados en millones de dólares - la cifra inicial estima en 60 millones de dólares. Las compensaciones a los trabajadores supondrían muchos más millones. Nuestro personal ha trabajado muy duro durante todos estos años, y queremos garantizarles que tendrán sustento para hacer frente a la situación. Pero las necesidades humanitarias en Darfur son mayores que nunca y los fondos deben ir destinados a asistir a las poblaciones, no a los chantajes del gobierno.
La situación de nuestros trabajadores que todavía conservan sus pasaportes es extremadamente vulnerable, pues el gobierno de Sudán lo controla todo a través de su potente maquinaria burocrática. Para salir del país, se necesita un visado y para moverse internamente necesitas obtener el permiso de incontables departamentos gubernamentales. Lo mismo ocurre cuando quieres transportar cualquier tipo de producto o equipo humanitario, como comida, gasolina e incluso el dinero para pagar los salarios. Este sistema de control tan férreo está dificultando la actividad de las organizaciones que todavía permanecen en terreno y que podrían estar supliendo con su trabajo las carencias que la expulsión de las 16 ONG ha provocado.
En teoría, debería ser todo mucho más sencillo. Los donantes podrían destinar fondos adicionales a las organizaciones que todavía tienen permiso para trabajar y éstas podrían emplear al personal humanitario nacional que ha perdido su trabajo, y con este equipo, ampliar su actividad. Lamentablemente, en Sudán, las cosas nunca son sencillas. Cada proyecto y cada organización requiere de una autorización firmada por distintos departamentos del gobierno para ponerse en marcha. Si una ONG amplia su actividad en una nueva zona o campo de desplazados, necesita una nueva autorización que tarda unos meses en obtenerse.
El gobierno nos ha requisado los equipos, pero no ha aceptado traspasárselos a otras organizaciones. Adquirir nuevos equipos en el país requiere todavía de muchos más permisos y comprarlos fuera implica meses de un largo proceso aduanero.
Cualquier contratación de personal nacional debe ser autorizada por el gobierno, quién además está presente en la fase final de las entrevistas con los candidatos. Hasta el momento, no han aceptado que nuestro personal sea recontratado por las organizaciones que siguen trabajando.
Estas organizaciones, dispuestas y con fondos y experiencia suficiente para ocuparse de los programas que hemos tenido que abandonar, tendrán que esperar meses hasta obtener los permisos para poder hacerlo - y eso, si alguna vez llegan a obtenerlos. Incluso algunas organizaciones, han tratado de trasladarse a las zonas donde nosotros trabajábamos pero han sido detenidas por las fuerzas de seguridad.
La gente de Darfur no puede esperar. La situación en algunos de los campos empieza a ser desesperante. Tal y como os conté en mi último post, en algunos campos como Kalma y Zam Zam ya no hay casi comida, agua, medicinas ni otras ayudas vitales. La época de las lluvias se acerca y los brotes de epidemias se convierten en un peligro demasiado real. Ya se han reportado 10 muertes por diarrea aguda en Zam Zam. Los trabajadores humanitarios que trataron de llegar al campamento para hacer frente a esta emergencia fueron detenidos por los agentes de seguridad.
En un mundo ideal, la decisión de expulsarnos hubiera sido revocada y se hubiera podido restablecer la entrega de ayuda. Pero el gobierno sudanés es tozudamente deshonesto y esta posibilidad parece remota.
Sin embargo, en esta situación la comunidad internacional debe asegurarse de que el personal que permanece en Sudán no está en peligro y de que las organizaciones que todavía trabajan en el terreno puedan seguir haciéndolo. Sólo así seremos capaces de responder a las cada vez más apremiantes necesidades de las poblaciones de Darfur.
De momento, mientras mis colegas en Sudán permanezcan como rehenes y el gobierno continúe utilizando la ayuda humanitaria como moneda de cambio en su extorsión, este blog continuará siendo anónimo.