Friday, July 03, 2009 1:48 PM
Laia Virgili
Un pedacito de sur

Desde los inicios de mi Servicio de Voluntariado Europeo (SVE), siempre ha estado en mis planes de viajes descubrir el sur de Rumanía, y con más ansias después de escuchar hablar a varios transilvanos sobre la fealdad de la zona y el comportamiento maleducado de sus habitantes. ¿Qué tendrán de especial estos sureños cuando se les dedica tantos comentarios?
Tal vez porque me he criado a caballo entre la tranquilidad invernal de mi Torredembarra natal y la calma de un pueblecito del Pirineo Catalán, en Draganesti-Olt, un municipio a 138 kilómetros en tren al suroeste de Bucarest, reencontré el compás que acompañó tantas tardes de verano de mi infancia... Esta localidad, no incluida en los circuitos turísticos, puede que no goce de una arquitectura maravillosa, pero la sencillez del día a día de sus habitantes hace de este pueblo un lugar, sin duda, hermoso.
La arteria principal de Draganesti es la carretera nacional 47 Slatina-Turnu Magurele. A ambos lados de la travesía se encuentran, como es habitual en todo el país, grupos de bloques de estilo soviético, grisáceos, con las fachadas envejecidas... rastros de la era Ceausescu, en definitiva.
En los bajos de estos edificios, los niños y niñas, que ya disfrutan de las vacaciones de verano tras el fin del curso escolar, juegan a pelota o montan en bicicleta. Unos metros más allá, en dirección a la colina del cementerio, desde la que se divisa a lo lejos el río Olt, las casas, en las que viven mayoritariamente ancianos, son unifamiliares, con jardines y huertos repletos de árboles frutales e incluso algún que otro corral. Las familias de ocas pasean a sus anchas por los caminos sin asfaltar cercanos a estas viviendas, y las gallinas y los pavos picotean el suelo a su aire.
Con Veit, Timi, Sammy, Silvia, Kasia, Anna y Weronika, los voluntarios europeos que realizan su proyecto en Draganesti con la oenegé OTI, fuimos a comprar leche fresca y huevos en una de estas viviendas. ¿Cuando fue la última vez que fui a buscar leche recién ordeñada con mi mamá? Uf... ni me acuerdo.
Una de las cosas que más me llamaron la atención de Draganesti, aparte de las enormes casas al principio del pueblo de los romaníes (gitanos), que parecen castillos con unas imponentes fachadas y unos interiores terriblemente austeros (sin muebles), es que los protagonistas callejeros de esta localidad son la gente mayor.
Es este colectivo el que compra en las tiendas, el que se sienta en los bancos bajo la sombra de los árboles, el que hace cola de mañana en la Gogoserie y el que come mici con una Timisoreana bien fresca en Cafenea, un bar que presume de ser el que mejor prepara en la zona este plato de carne.
Y los jóvenes, ¿dónde están? En Draganesti-Olt la ocupación básica es la agricultura y, en menor medida, la pesca. Durante los años 70, muchos de sus habitantes se desplazaron a trabajar en los centros industriales de las ciudades vecinas, como Caracal o Slatina. A pesar de que en los 80 el régimen comunista hizo un intento de desarrollo industrial en esta población sureña con la apertura de varias fábricas, tras el derrocamiento de Ceausecu todas ellas cerraron al no resultar rentables y Draganesti sufrió otro descenso de población.
En el 2009, son pocos los jóvenes que deciden quedarse a vivir aquí. Muchos de ellos se marchan a Bucarest, a Slatina o al extranjero porque en su pueblo no hay apenas trabajo... Sí...esto es el sur no solo geográfico sino también el sinónimo del mal llamado subdesarrollado... Es más pobre... tal vez poco paradisíaco para muchos de los que han nacido aquí... pero no deja de ser bellísimo, al igual que quienes lo habitan.