Quiso ser enfermera, pero la falta de dinero le impidió costear los estudios. El servir a los demás era lo suyo y Eusebia Sánchez no se quedaría de brazos cruzados a esperar un golpe de suerte. Hoy esta mujer es toda una líder en su comunidad pues gracias a esa vocación de servicio logró arrancar de la muerte a muchos de sus vecinos al dar la voz de alerta de la temible presencia del ántrax en su zona.

Comunidad de Valle Hermoso, distrito de Monsefú, Chiclayo en Lambayeque. Son las 10 de la mañana y el intenso sol no da tregua en esta zona rural del norte peruano donde la ganadería, la agricultura y la artesanía son las actividades principales de la población. Eusebia me abre la puerta de su casa y me pide esperar un momento, pues está con un grupo de mujeres a las que enseña a leer y escribir. En su sala no hay espejos ni cuadros, sólo afiches con cartulinas de colores, abecedarios y dibujos hechos con plumones. Eusebia ha convertido su casa en un centro de alfabetización y es que la ignorancia, me dice, es la causa de tanta pobreza. Leer más

Vidal Guanaco no puede contener el llanto, mientras observa con angustia la secuela de lo ocurrido. Su casa, sus pertenencias, sus cultivos y sus animales, todo está inundado. El agua ingresó con furia y arrasó con todo a su paso. Esta vez las lluvias no fueron una bendición para su pueblo. Don Vidal dice estar viviendo una verdadera pesadilla.

Lo conocí este fin de semana mientras recorría con el equipo de Ayuda en Acción la comunidad de Haparquilla, en la provincia cusqueña de Anta, ubicada a más de 3.450 metros sobre el nivel del mar. Anta es una de las zonas castigadas por las torrenciales lluvias que desde hace varios días azotan al departamento emblemático del Perú, el Cusco, y otras zonas del sur del país.

Tiene 62 años, una esposa, cuatro hijos y toda una vida dedicada al campo. Apenas hace unos meses, con apoyo de la ONG, Vidal Guanaco hizo realidad lo que parecía imposible: tener una casa con ambientes separados, con una cocina mejorada y con espacio aparte para criar a sus animales, un lugar digno para vivir. La madrugada del 26 de enero, todo cambió. Leer más

Don Octavio Morales ya ha perdido la cuenta de cuantos lo han visitado en los últimos meses. Primero sus parientes, luego los vecinos y después mucha, pero mucha gente de otras comunidades, de otras regiones y hasta de otros países a quienes jamás había visto en su vida. Pero él no se cansa de recibirlos, y es que quiere que todos vean en lo que se ha convertido su casa.

"Pase, señorita, aquí esta mi sala, aquí mi comedor. ¿Le gusta? Antes no había nada de esto, era un gran cuarto oscuro, y todos dormíamos aquí, hasta mis cuyes", me dice Don Octavio mientras recorro su casa, construida con adobes en medio de un hermoso paisaje del caserío Maraypampa, ubicado a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, en Bambamarca, la capital de la provincia de Hualgayoc, en el departamento de Cajamarca. Leer más

El 15 de octubre fue el Día de la Mujer Rural, una fecha que para muchos pasó desapercibida, pero que vale la pena recordar dado el importante rol que desempeñan las mujeres en el desarrollo de sus comunidades y que, en muchos casos, ni siquiera es valorado.

En Perú, la mujer representa el 50,3% de la población total, es decir más de la mitad de los peruanos somos mujeres. Sin embargo, como en muchos países de Latinoamérica, la situación de la mujer ha sido de desventaja, especialmente en el área rural, donde viven cerca de 4 millones de mujeres que en la mayoría de los casos no tienen las mismas oportunidades que los hombres de acceder a la educación básica, de expresarse o de participar como cualquier ciudadano en organizaciones que guían los destinos de sus propias comunidades.

Y es que durante años, el rol de la mujer rural no ha sido valorado porque se ha visto reducido a tareas domésticas, como cocinar, lavar, cuidar a los hijos y ayudar en las faenas agrícolas, sin recibir nada a cambio. Afortunadamente, las cosas están cambiando y hoy en día es imposible hablar de desarrollo sin destacar la participación de la mujer rural en este proceso.

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En las últimas semanas la crónica de sucesos ha acaparado la atención del país: el cruel asesinato de una conocida folclórica, pareja de otra famosa cantante, y la horrible muerte del estilista de las estrellas de la farándula local a manos de su ex amante. En las calles, los buses, el taxi y donde sea, la gente no hace más que hablar de ello.

Para algunos, tal avalancha de noticias policiales no ha servido más que de cortina de humo para desviar la atención pública de los temas de interés nacional, como los más de 30 muertos que dejaron los conflictos en la Amazonía y que hicieron caer a medio Gabinete ministerial o la coincidente liberación de un personaje que estuvo ligado al partido de Gobierno, vinculado a serias denuncias de corrupción.

Lo cierto es que todos estos sucesos han hecho que muchos se olviden de la situación de emergencia que viven las poblaciones de las zonas altoandinas del país: la terrible ola de frío que en Perú se ha cobrado más vidas que la temible gripe A. La cosa es seria: solo en lo que va de año 259 niños y niñas menores de 5 años han muerto por neumonía, consecuencia de las infecciones respiratorias agudas por las bajas temperaturas. Leer más

Victoria y LilaHace algunas semanas tuve la ocasión de conocer a dos mujeres realmente excepcionales. Dos mujeres luchadoras que no han dudado en rebelarse contra la discriminación, el machismo y  la falta de oportunidades a los que todavía se enfrentan muchas en Perú y en general en Latinoamérica, especialmente en las zonas rurales. Sus nombres: Lila y Victoria.

Tiene los ojos grandes, la sonrisa contagiante y una sorprendente facilidad para hablar en público, sin miedo alguno. Lila León Inga, nació en Cutervo, una alejada provincia del departamento de Cajamarca y ha pasado toda su vida allí. Viéndola así, tan segura de si misma, pocos podrían imaginar que esta mujer de 41 años, apenas aprendió a leer y escribir hace 5 años, siendo ya toda una adulta y madre de tres hijos. Leer más

Cerro de Pasco¿Te imaginas vivir en una ciudad que tiene los días contados?

 ¿Cómo te sentirías si te dicen que tu casa, la escuela donde estudiaste, la comisaría, la plaza principal, el mercado y hasta la iglesia, serán destruidos y que tienes que abandonarlo todo cuanto antes?

Aunque parezca una película de ciencia ficción, ésta es una historia real, es la historia de Cerro de Pasco, la ciudad minera más alta del mundo que está condenada a desaparecer del mapa a causa de la actividad minera.

Hace algunos días estuve ahí pues Ayuda en Acción entregaba un policlínico móvil (para atender a la población de las comunidades más alejadas) y la verdad el panorama me dejó realmente impresionada: Cerro de Pasco parece haber sobrevivido a una hecatombe. Un enorme hueco en la tierra, que cada vez se hace más grande, se está tragando a la ciudad y con ella a la historia de todo su pueblo.

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Reserva de aguaLa primera vez que escuché hablar del tema, confieso que pensé se trataba de un error o quizás de alguna broma ¿Cosecha de agua? ¿Qué dicen? La equivocada era yo. La cosecha de agua existe y gracias a ella cientos de pobladores de las zonas altoandinas del Perú, le están haciendo frente a las duras épocas de sequía y sacando adelante a sus familias.

A más de 3.600 metros sobre el nivel del mar está Quilinsacucho Bajo, una alejada comunidad de Bambamarca, en la provincia de Hualgayoc, Cajamarca. Hace algunas semanas estuve allí y lo primero que llamó mi atención fue la enorme reserva de agua que los pobladores cuidan como oro. Ahí, Nilton Burga Mejía, comunero de la zona, me recibió con gran amabilidad y me dijo: "Sin esto no tendríamos nada".

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Equipo redacciónIngreso a la sala tratando de no hacer ruido, pero es tarde: todos se han volteado a ver quien interrumpe la importante reunión. Me disculpo, saludo y les pido continuar con lo suyo. Estoy en la sala de redacción de una revista y hoy el editor y su equipo periodístico discuten el tema de fondo de la próxima edición.

No se trata de una revista común. Su nombre es Chikinoticias y su equipo está formado por niños y niñas de entre 9 y 13 años, todos ellos chicos trabajadores que gracias a este proyecto están reemplazando esas largas horas de trabajo por horas de estudio y están descubriendo su talento para comunicar lo que sienten, lo que opinan con respecto al trabajo infantil.

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Juana y JoelJuan fija la mirada en sus casitas de cartulina y se concentra en cada detalle: el techo, la puertita, las paredes y por supuesto, la familia. Una tijera, un viejo pincel y un frasco de pegamento, son sus herramientas y con ellas va colocando cada una de las figuras en un soporte de cartón, hasta que mi voz lo interrumpe ¿Qué estás haciendo? Le pregunto: una tarjeta de navidad, responde con cierta timidez, pero sin dejar de hacer lo suyo.

Su mente es la de un niño de siete años, aunque Juan ya ha cumplido 17. El diagnóstico: discapacidad mental, y ello no ha sido impedimento para que este adolescente aprenda a ganarse la vida como cualquiera de nosotros. Diariamente, Juan acude al Taller de Tarjetas de Yancana Huasy, la Asociación de Apoyo y Promoción del Excepcional, que es parte de Ayuda en Acción-Perú.

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Trabajo en casa refugioDebo confesar que cada vez que la visito mis sentimientos se entreveran: ternura, tristeza, rabia, indignación... todos se juntan, se mezclan, pero al final del día todo ello se transforma en sorpresa, en admiración.

Las historias que en ella he podido encontrar no son para menos. Se llama Hoy por ti, mujer  y es una Casa Refugio para mujeres y sus hijos que sufren las consecuencias de la violencia familiar, aquella que a diario cobra la vida de miles de mujeres e incluso adolescentes y niñas en todo el mundo.

Recorro la ciudad para llegar hasta ella. La Casa está ubicada en el corazón de San Juan de Lurigancho, el distrito más grande y con mayor población de todo el Perú (supera el millón de habitantes). Iris es una de las primeras en recibirme.

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Don VíctorHace unos días estuve en Ica, visitando a algunas familias damnificadas por el terremoto que el año pasado azotó el sur de mi país.

Fueron cientos las familias que perdieron a sus seres queridos y miles las que se quedaron sin casa, con temor y sin saber qué hacer. Como parte del equipo de Ayuda en Acción, fui testigo del sufrimiento y la desesperanza de muchas de ellas, pero también de la fortaleza de hombres y mujeres para salir adelante y empezar otra vez.

Víctor Castillo Escate, es uno de ellos. Es zapatero y vive en Parcona, uno de los barrios más pobres de Ica-provincia. Tiene 70 años, una frágil figura, y su mirada es la de un hombre que ha sufrido. Aquel fatídico 15 de agosto, Don Víctor perdió a sus cuatro hijas, a su nieta y su humilde casa de adobe quedó reducida a escombros. De un día a otro, se quedó literalmente en la calle y a cargo de cuatro menores nietos.

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