Debo confesar que cada vez que la visito mis sentimientos se entreveran: ternura, tristeza, rabia, indignación... todos se juntan, se mezclan, pero al final del día todo ello se transforma en sorpresa, en admiración.
Las historias que en ella he podido encontrar no son para menos. Se llama Hoy por ti, mujer y es una Casa Refugio para mujeres y sus hijos que sufren las consecuencias de la violencia familiar, aquella que a diario cobra la vida de miles de mujeres e incluso adolescentes y niñas en todo el mundo.
Recorro la ciudad para llegar hasta ella. La Casa está ubicada en el corazón de San Juan de Lurigancho, el distrito más grande y con mayor población de todo el Perú (supera el millón de habitantes). Iris es una de las primeras en recibirme.
Delgada, pequeña y con un acento inconfundible, propio de la selva peruana. Tiene 25 años y dos niñas de diez y seis años de las que no se quiere despegar ni por un instante. Iris mira y habla con cierta desconfianza. "Todavía me cuesta confiar en las personas, antes lo hacía, pero ahora es difícil, poco a poco espero que cambie" , me dice y la entiendo perfectamente.
Hace tres meses Iris dejó su casa cansada de las golpizas que le daba su marido a ella y, sobretodo, a su niña mayor. "No podía soportar más sus golpes, sus insultos, tenía miedo de que me pasase algo o de que se le pasase la mano con la niña de tanto puñete en la cabeza, por eso cogí a mis chiquitas y me fui, así llegué aquí"
Hoy, Iris está estudiando cosméstica y participa también en el taller de corte y confección de la Casa Refugio. Y es que Hoy por ti, mujer no es sólo un albergue temporal para las mujeres y sus hijos, su modelo de gestión apuesta por reinsertarlos a la vida social, mejorar su autoestima y elevar su calidad de vida a través de becas de estudio y bolsas de empleo. Con ello, se busca que las mujeres rompan la dependencia emocional y económica hacia su agresor, que en la mayoría de casos es lo que las retiene en ese círculo de la violencia.
"Si se puede salir de ese círculo, con ayuda como la que aquí damos, todo se puede superar, hay que decir ¡Basta! de una vez por todas y no quedarse calladas", responde María Silva a una de mis preguntas. Ella es una de las voluntarias del comité de gestión de la Casa Refugio, que impulsan las organizaciones sociales y femeninas del distrito, con el apoyo de TACIF y Ayuda en Acción. Desde hace casi 10 años María se encarga se supervisar el programa de becas para las usuarias, gracias al cual ellas pueden aprender un oficio que les permita ganarse la vida.
Ella conoce mejor que nadie lo que sienten las mujeres que llegan aquí, pues también fue víctima de violencia. "Me siento satisfecha y feliz de poder dar mi tiempo para ayudar a que otras puedan superar esa terrible etapa, como yo lo pude hacer". María no es la única voluntaria aquí, son decenas las mujeres que como ella dedican gran parte de su vida, sin esperar nada a cambio, para hacer de "Hoy por ti Mujer" todo un modelo de Gestión en Casas Refugios.
"Todas las mujeres que tenemos en la casa llegan con sus hijos. Aquí les damos un lugar donde dormir, alimentación y apoyo psicológico, además de los talleres de capacitación para que puedan trabajar. Buscamos que se sientan en casa y empiecen una nueva vida", me explica doña Irma Arias, voluntaria quien se encarga de la Administración General, mientras la acompaño a supervisar que las usuarias hayan cumplido con sus tareas, pues todas se turnan para ayudar en la cocina, la limpieza y el cuidado de los niños.
Al fondo de la casa, está el Centro de Educación Temprana donde reciben sus clases los más pequeñitos y alrededor está el patio por donde corretean y juegan los niños al regresar de la escuela. Ahí me encuentro otra vez con Iris, que intenta darle un beso a su niña, la más chiquita, mientras juega con sus amigos. "Es que tengo que irme a mis clases de cosmética, es una oportunidad que nunca tuve y que voy aprovechar al máximo... Algún día quiero tener mi propio salón de belleza, ya verás que nadie me para". De eso no tengo duda.