miércoles, 16 de julio de 2008 21:21
Susana Arroyo
Estimada Ingrid

¿Cuántas cartas habrá recibido Ingrid Betancourt desde que dejó de ser rehén? Cientos, miles quizás. Pero seguro pocas de ellas igualan a la enviada por Rafael Correa, presidente del Ecuador.
Fechada el 10 de julio y publicada hace un par de días, la carta retoma una de las mayores diferencias de los últimos años entre los gobiernos de Colombia y Ecuador: la incursión en territorio ecuatoriano de fuerzas armadas colombianas, en una operación que meses atrás supuso la muerte de Raúl Reyes.
Todo nace ante la pregunta hecha por la BBC: "¿Apoyó el bombardeo en Ecuador que mató a 'Raúl Reyes'?" Betancourt contestó: "Sí. Si Colombia tiene la certeza de que las FARC están en otro país y en ese país no hay la posibilidad de que se cumpla con lo que se debe hacer --que es parar esa presencia ahí-- pues creo que al final de cuentas sí".
¿Existen en Ecuador esas posibilidades? ¿Tiene Colombia esa certeza? ¿Cómo se conjugaron seguridad y soberanía? ¿Unos tienen más razon que otros?
No intentaré responder esas preguntas, pero son inquietudes que --quizás como ustedes-- me planteo una y otra vez. Incluso podríamos coleccionarlas, al mejor estilo del "Preguntario" del escritor Jairo Aníbal Niño. ¿Se animan? Aquí van algunas, para empezar.
¿Cuál es el rol de Ecuador ante un conflicto que no se desarrolla en su territorio? ¿Cuál ha sido la colaboración del gobierno de Ecuador con el de Colombia durante casi seis décadas de conflicto? ¿Ha sido efectiva? ¿Es más importante la seguridad que la soberanía? ¿Existen canales diplomáticos para coordinar acciones conjuntas? ¿Funcionan? ¿Cómo comprender un conflicto que las autoridades de Colombia no reconocen como tal?
¿Cómo viven el conflicto las poblaciones fronterizas de Ecuador? ¿Cuántos militares hay en esas ciudades? ¿Cuántos desplazados reciben? ¿Cuáles son las necesidades de apoyo del gobierno colombiano para vigilar esa zona? ¿Vigilarla es su responsabilidad o la de Ecuador? ¿Es lo mismo apoyar al pueblo colombiano que a su gobierno?
¿Cuándo se restituirán los vínculos entre los dos países? ¿Se mantendrán interrumpidos mientras Uribe sea presidente? ¿Logrará Uribe un tercer mandato? ¿El debilitamiento de los actores armados del conflicto garantiza el cumplimento de los derechos humanos de las víctimas? ¿Quiénes son esas víctimas? ¿Dónde están? ¿Cómo viven?
En su carta a Betancourt, Correa responde algunas de estas inquietudes. Claro, el suyo es tan sólo el punto de vista de uno de los actores. Uribe tiene el suyo, el pueblo colombiano ve el asunto de una manera, el pueblo ecuatoriano lo ve de otra. ¿Ustedes y yo? Pues no dudo que hacemos un esfuerzo por comprender todos los matices y llegar a nuestras propias conclusiones.
Posiblemente lo que todos y todas nos cuestionemos por igual es ¿Hay una solución posible? ¿Habrá justicia para todas y todas? ¿El fin justifica los medios? ¿Hasta cuándo?