Thursday, December 06, 2007 10:28 AM
Susana Arroyo
Nuestro suelo es vida, no negocio
Las manos de Rosa Lanchimba son ásperas y fuertes, oscuras como el suelo que cultiva. Cada año repite ese ritual milenario de la siembra y la cosecha que la mantiene cerca de la tierra --su 'pachamama'-- que la hermana con la naturaleza a quien le agradece la vida.
En los páramos, sobre pronunciadas pendientes a casi 4.000 metros sobre el nivel del mar, ella y su familia producen papas, habas y cebolla. En ocasiones, brócol, rábanos y lechugas. Lo hace en alianza con su comunidad, con quien se organiza para multiplicar su energía y dividir su carga. Estas 'mingas' --largas jornadas de trabajo colectivo-- son comunes en los Andes, donde miles de mujeres y hombres sobreviven de la agricultura y la ganadería.
"Hace unos años era mucho mejor, pero se fue haciendo cada día más difícil vivir de la tierra", recuerda Rosa, mientras me explica con indignación cómo les afecta la pérdida de sus propiedades, la irregularidad de las lluvias y la privatización de las nacientes de agua.
Estas condiciones, sumadas a la falta de inversión, han generado una larga cadena de obstáculos al desarrollo de las comunidades extendidas en las faldas del nevado Cayambe, en la provincia de Pichincha, al norte de Quito. ¿Las consecuencias? Los suelos pierden productividad, las familias no logran comercializar sus cosechas, las motivaciones para trabajar en el campo disminuyen y los más jóvenes deciden emigrar o trabajar en grandes empresas dedicadas a la producción de flores.
¿Cómo recuperar la capacidad productiva de familias indígenas y campesinas como la de Rosa? ¿Cómo fortalecer sus capacidades y generar mayores ingresos? Motivado por estas preguntas, el Instituto de Ecología y Desarrollo de las Comunidades Andinas (IEDECA) apostó por una alternativa inspirada en el derecho de los campesinos al agua y al riego, en su derecho a un desarrollo inclusivo, diferente y justo.
Se trata del sistema de gestión social y comunitaria del páramo. Su lógica es simple: si conservamos el páramo, la disponibilidad de agua aumenta, si disponemos de agua, podemos distribuirla equitativamente mediante sistemas de riego y si hacemos efectivo el derecho al agua y al riego se contribuye a la seguridad alimentaria, aumenta la producción y mejora la comercialización.
Apoyados por organizaciones como Intermón Oxfam y tras más de una década de trabajo, este modelo impulsado por IEDECA es hoy una alternativa que ha demostrado cómo la conservación de los recursos y el estímulo de la producción agrícola y ganadera pueden combinarse de manera eficiente.
En mi primera visita a Cayambe, Gonzalo Rojas, dirigente social de la zona, me explicó con detalle y entusiasmo cómo las quemas sin regulación y la extensión de la barrera agrícola y ganadera han dado paso a sistemas de control social que buscan el equilibrio entre el respeto a la naturaleza y la generación de recursos. "El suelo es vida y no negocio, por eso apoyamos y exigimos las iniciativas como ésta, que respeten la montaña y nuestro derecho a la tierra, nuestro derecho a la vida", sentenció.
Hoy, organizaciones campesinas como las que representan Rosa y Gonzalo han creado la Coordinadora Cantonal de Páramos y Agua, punto de partida de un proceso de convocatoria sociocomunitaria para validar el modelo de gestión social. La Coordinadora será también el espacio para elaborar una propuesta de política cantonal única en el país, que reconozca el derecho colectivo a la conservación y uso sostenible del páramo y que formule una normativa de acceso a los recursos con justicia y equidad.
"¿Involucrarán a las autoridades locales?", le pregunto a Gonzalo después de una larga conversación. "Con autoridades o sin ellas, con apoyo de las instituciones o sin él, nuestro fin es conservar el páramo y reivindicar nuestro derecho a una vida digna. Esa es una tarea que nos dejaron nuestros mayores y heredaremos a nuestros hijos, no sólo una idea de la municipalidad o de las oenegés", me contesta Gonzalo. Su mirada fue tan convincente como su palabra. No me quedó ninguna duda, en Cayambe las comunidades son sujetos de su propio desarrollo.
Una de las tareas de la Escuela de Gestión Comunitaria de Riego Andino y Páramos, el siguiente reto de IEDECA y las comunidades campesinas del Cayambe, será aprender de esta experiencia y contagiar este compromiso. Su objetivo será mezclar el conocimiento institucional y popular para consolidar su derecho al suelo, al riego campesino; todo en complicidad con los páramos, esas inmensas montañas donde nace el agua que riega sus 'chacras', que les dan y nos dan de comer.