Es Camboya una monarquía parlamentaria, como en España. Sin embargo, ahí se acaban todas las similitudes entre los sistemas democráticos de los dos países. Resulta chocante, a la vuelta de algún viaje por el extranjero, volver a Camboya y empezar a leer el periódico. Hay que recordar que hay elecciones el 27 de julio. Uno empieza a leer cosas como:

-- El Gobierno decide cancelar la publicación de la inflación para que "la gente no se enfade". Entre enero y abril ya alcanzó el 18% acumulado. ¡Claro que se enfadaría!. En este punto tengo que admitir que no puedo evitar acordarme de cuando el Gobierno español decidió dejar de publicar los precios de la gasolina en diferentes puntos de España.

-- El Gobierno decide que no forzará la aplicación de la ley de tráfico (aprobada en un ya lejano noviembre de 2007) hasta después de las elecciones. También para que la gente no se enfade.

-- En cuanto al apoyo de tránsfugas de la más que débil oposición al partido del gobierno (el Cambodian People's Party) el primer y omnipotente primer ministro es claro: todo aquel representante de un partido de la oposción que se pase a mi partido será remunerado con un cargo en el gobierno. Y así vamos ya por los ¡500! asistentes directos. ¿Cada cuánto se reunirá con cada uno de ellos?

 -- El Gobierno prohíbe la publicación de un periódico con noticias sobre Birmania para evitar que se deterioren las relaciones entre ambos países. Luego, ¿alguien se pregunta como se aguantan dictaduras como la de la junta militar?

-- Las noticias sobre expulsiones de gente de la tierra en la que viven por los supuestos "legítimos" dueños es una constante. La no existencia de un registro de la propiedad, pues todos los títulos de propiedad son únicos, se conservan personalmente y muchos se perdieron durante los años de guerra, hace que haya un gravísimo problema a la hora de demostrar quien es el propietario de una tierra. Las asignaciones de miles y miles de hectáreas a un senador para su explotación durante décadas no son nada nuevo. Un ejemplo más es la expropiación hace poco de ¡500 hectáreas! de tierra para "construir un centro para 100 (cien) discapacitados". ¿¿500 hectáreas para 100 personas?? El enviado especial de Naciones Unidas lo ha considerado el principal problema para el avance de Camboya.

 -- Uno de los principales conglomerados del país (gasolineras Sokimex, hoteles Soka, etcétera) es propiedad de personas del aparato del CPP. Seguro que ahí no hay tráfico de influencias.

-- El sobrino del primer ministro se vio envuelto en un tiroteo en el que murió una persona. Iban cuatro personas en su coche y alguno de ellos sacó una metralleta con la que empezó a disparar. El caso se ha cerrado puesto que según el relato del sobrino fue un tal "Juan García" (o el nombre más común que pueda haber en Camboya, como ese sería en España), a quién no saben donde localizar.

Podría seguir y escribir un libro sobre esto pero ya basta a modo de ejemplo. Uno se sorprende de que la gente no se indigne cuando lee esto, pero luego cae en la cuenta de cuánta gente leerá estas noticias pues estos diarios son en inglés y si ya en jemer serían muchos los que no lo leerían en inglés se antoja imposible.

Hay elecciones el 27 de julio y la pregunta no es quién ganará si no qué migajas dejará el CPP para los demás. En 1995, perdieron las elecciones y se nombraron dos co-primer ministros. En 1997, Hun Sen, se hartó y dió un golpe de estado. Hubo una gran purga de opositores políticos y no fue hasta recientemente que algunos volvieron de su exilio. El país crece rápido y eso, aparte de los amaños en los votos, es lo que lo mantiene tranquilo.

Sin embargo, a veces, cuando de repente me encuentro que no puedo enviar mensajes de texto con el móvil desde dos días antes de las elecciones y veo tantas plantaciones de plátano a mi alrededor tengo la sensación de estar, de hecho, en una república bananera. Uno no puede evitar preguntarse: ¿de verdad que son incompatibles desarrollo socioeconómico y transparencia y democracia?