Escribo esto desde el centro de prensa de la sede de la Unión Africana (UA), en Addis Abeba. Estos días se está celebrando la XIV cumbre de jefes de Estado de la Unión Africana y he tenido el privilegio de asistir tanto a la cumbre como, sobre todo, a las reuniones previas de preparación y el trabajo silencioso que las organizaciones de la sociedad civil africana hacen para poder pasar sus mensajes a los políticos que toman las decisiones.

Las cumbres de jefes de Estado de la Unión Africana son precedidas por una cumbre de dos días de las Embajadas permanentes en Addis Abeba y por otra cumbre de dos días más de todos los ministros de Asuntos Exteriores de África (foto). Las dos ocurren justo antes de la cumbre de presidentes. En esos días es cuando se toman las decisiones, se preparan documentos, se negocia qué países van a presentar las propuestas, posicionamientos, etc. Ese es el momento para que las asociaciones de mujeres, de campesinos, los representantes de organizaciones de la sociedad civil africana, puedan influir en las decisiones que los jefes de Estado adoptarán en su cumbre. @MORE@

Estos días he podido acompañar a varias de esas organizaciones en su trabajo y el esfuerzo es enorme, titánico. La primera gran dificultad es llegar hasta aquí. La sede de la Unión Africana está en Addis Abeba, capital de Etiopía. Si uno va a Etiopía desde Europa puede conseguir un visado de turista al llegar al aeropuerto en unos 15 minutos. Si tienes el privilegio de ser de un país africano, tienes que haber conseguido un visado antes, para el cual es imprescindible tener una carta de invitación de una organización registrada en Etiopía, y por supuesto, la UA no emite ese tipo de cartas para que la gente venga a hacerles lobby.

Superado el obstáculo del visado (muchos ya se quedan ahí), hay que encontrar fondos para venir a Addis. Los hoteles y la comida no son muy caros, pero un billete de avión desde Dakar hasta aquí son más de 600 euros ida y vuelta. Las organizaciones africanas no tienen miembros que contribuyan con cuotas considerables, como las europeas; sus gobiernos no les pueden dar fondos porque bastantes problemas tienen ya para financiarse ellos, y por desgracia no siempre la cooperación está dispuesta a dar dinero para este tipo de cosas, así que la segunda lucha es conseguir que alguien te financie para poder venir.

Una vez en Addis todo es más fácil, pero el trabajo es intensísimo: hay que enterarse de quién es quién, quién está trabajando en qué asunto, y una vez descifrado esto, conseguir su contacto, pedirle una reunión, convencerle de que se siente contigo 20 minutos entre reunión y reunión. Muchas veces la confirmación viene de repente: "Dentro de 15 minutos puede tener media hora disponible, quedamos en el hotel donde me hospedo, el ...", y puede que te pille en la otra esquina de la ciudad.

Dicho esto, la verdad es que una vez llegados a este punto, sí que hay una gran apertura por parte de las delegaciones de los distintos gobiernos para escuchar a las asociaciones africanas de mujeres, de personas afectadas por el sida, de solidaridad con Darfur, de... Les llaman, les dedican tiempo, ¡una hora, dos! Discuten con ellos/as los puntos en los que no están de acuerdo, y en algunos casos se produce un ligero cambio de opinión tras escucharles.

Luego vienen los jefes de Estado, los periodistas, las fotos, las cámaras, las grandes declaraciones. Para cuando eso se produce, la mayor parte de los representantes de sociedad civil africana ya han vuelto a su país con el trabajo más o menos hecho. No salen en fotos y muy poco en la prensa, pero seguramente que algún artículo incorporado a última hora, algún país ratificando un acuerdo de defensa de derechos a la mujer, el anuncio de algún país más de adherirse a esta o aquella declaración, habrá estado influenciado por alguna conversación con representantes de organizaciones en un pasillo, saliendo hasta el taxi o en el hall de un hotel.