martes, 09 de septiembre de 2008 10:43
Olga García
La Barceloneta, la prensa y las dos niñas que veo cada día en el bar de mi calle

Vivo en el Carmelo. No es mi barrio pero voy acostumbrándome, aunque ciertas cosas me cuestan. Como les cuesta a algunos vecinos de la Barceloneta vivir en unas calles "infectadas de indigentes". Lo entiendo. Este periódico publicaba la semana pasada un artículo que describía la oleada de indigentes y nómadas que vive estos días este barrio barcelonés. Nada especialmente nuevo. Hace muchos veranos que ocurre. Muchas personas se desplazan allí en la época de sol y viven y acampan al aire libre. Supongo que es su verano particular. Tanto para ellos como para algunos vecinos es un verano feo y sucio.
Llegados a este punto, permitidme una aclaración: ESTAS PERSONAS EXISTEN TODO EL AÑO. No sé exactamente cómo se mueven los jóvenes mochileros que aterrizan en nuestras playas y acampan en ellas, pero respecto a las personas sin techo (perdón, los indigentes), me gustaría decir que no son como champiñones que aparecen una vez al año, sino que VIVEN cada día del año cerca de nosotros. Simplemente que con el calor a veces van a remojarse los pies en el agua. Y como que esos pies sucios acompañan un individuo probablemente igual de sucio, a uno se le pone la piel de gallina de verlo cerca de su portal. Yo también prefiero vivir en una calle limpia y segura, ¿qué se creen? Pues sí, claro. Y tener un jardín con un almendro algún día.
Sigo. Algunos vecinos se han quejado. En concreto, la presidenta de la Asociación de vecinos de la Barceloneta. Y a mi me parece muy bien, porque lo entiendo. A pesar de ello creo que el vídeo que recoge su queja es totalmente unilateral. ¿Dónde está el testimonio de los "indigentes"? ¿No se merece el punto de vista de la Obra Social de Santa Lluïsa de Marillac (una de las entidades que más trabajan en la Barceloneta con personas con problemas de exclusión) algo más que una línea? ¿Y qué debe pensar Sor Genoveva de todo esto? Ella, que sabe de calle, de SIDA, de heroína, de pobreza y de amor más que tú, yo, y todas las federaciones de vecinos intergalácticas. De hecho, estos que acabo de nombrar (y hay más) son vecinos de este barrio que se movilizaron porque no les gustaba lo que veían.
Se queja la asociación de vecinos y hoy leo que La Barceloneta logra mejoras en seguridad tras las quejas. ¡Qué poder tiene la prensa! Todos tiemblan. Pues conscientes de ese poder, deberían acercarse y mirar más allá del objetivo de sus cámaras. Y querer saber. Y querer entender. Y preguntar. Y contrastar. Que más allá de las consecuencias de las cosas, están también sus causas. Y la solución a esta queja es mandar a la Guardia Urbana y al servicio de limpieza. Pero el problema persiste. Lo tendrán otros vecinos y en otro barrio.
Y en estos derroteros andaba yo, cuando me vinieron a la cabeza dos niñas que siempre veo en mi calle. Están en la puerta del bar esperando a que sus padres acaben la charla y los cubatas. A mi eso también me parece muy feo. Lo que se me ocurrió fue que dentro de un tiempo colgaría un cartelito diciendo que hago clases particulares de repaso escolar gratis. Igual ellas se apuntan. La tarde de repaso incluiría canciones y madalenas. Quiero decir con eso que en paralelo a la queja y a la reivindicación, legítima y ciertamente útil, uno también puede cambiar la mirada acerca de las cosas y plantearse iniciativas.